Marcha a Lago Escondido, una década de reclamos

Durante los primeros días de febrero, Santiago Paco, militante del Movimiento Popular La Dignidad e integrante del secretariado nacional de la UTEP, contó cómo fue el viaje junto a la columna Juana Azurduy a Lago Escondido, una experiencia marcada por la defensa de la soberanía, una caminata exigente y el bloqueo de un acceso que debería ser público

Fuente: Gentileza de S.P.

Una marcha que ya lleva nueve años

 

“Ya hace nueve años que van a hacer la primera marcha” y “el año que viene se van a cumplir diez años”, cuenta Santiago, ubicando la experiencia en una historia de continuidad militante y organización colectiva. Según relata, “todo surge un poco como propuesta de un compañero que se llama Julio César Urien”, a quien reconoce como una figura que trae una bandera central para el campo popular, “la defensa de nuestra soberanía”.

 

Santiago recuerda que Urien es “un militar retirado” que “en los 70 se opone a la dictadura” y que esa trayectoria “le trajo conflictos”, pero también lo consolidó como “un compañero militante” que empujó la causa cuando el tema todavía no tenía masividad.

 
Hidden Lake, Joe Lewis y una compra bajo sospecha

 

En su reconstrucción, el origen del conflicto se vuelve claro cuando explica que a fines de los 90 “se enteran de que cierta parte de la Patagonia, muchas hectáreas, son miles de hectáreas, se le vende a un privado”, y que ese privado aparece bajo la estructura de “Hidden Lakes, se llama sociedad anónima”. A partir de ahí, dice, “empiezan a investigar de que había algo raro” y descubren que “atrás de esto estaba un inglés básicamente, Joe Lewis”.

 

El núcleo del reclamo, en palabras de Santiago, es que Lewis “armó como todo un esquema para tratar de comprar ilegalmente miles y miles de hectáreas”, en una zona donde “no es casualidad” que esté “a muy pocos kilómetros de zona fronteriza”. Desde esa lectura, enfatiza que “en la Constitución muestra que es ilegal básicamente que un extranjero compre tierras en zona fronteriza”, y agrega que todo se sostuvo “con complicidad del gobierno de Río Negro”, que habría construido “todo un sistema que le permite” a la compañía “comprar esos terrenos”.

 

A la vez, subraya un punto político que para ellos es irrenunciable. Dentro de esas hectáreas “hay un lago” y “como argentinos tenemos derecho a estar ahí”, pero “por culpa de Joe Lewis y en complicidad con el gobierno de turno” el acceso queda bloqueado, como si el lago no fuera parte del país.

 
La columna Juana Azurduy y una identidad propia

 

Santiago explica que al principio “se invita al resto de organizaciones del campo popular” y con el tiempo se va consolidando un armado colectivo. Señala que en la séptima marcha “se empieza a pensar la idea de tener una identidad propia” y desde ahí “surge la propuesta de crearse como identidad la columna Juana Azurduy”, integrada por “más de una decena de organizaciones”.

 

Aunque remarca que “todos teníamos un acuerdo” en torno a la soberanía, lo que se buscó fue fortalecer una coordinación estable. Para Santiago, la comparación es directa y la usa como síntesis política. “Así como peleamos por que las Malvinas sean argentinas, Lago Escondido también.”

 
Cincuenta kilómetros con mochila, lluvia y riesgo real

 

Santiago detalla que hay “dos caminos para poder acceder al Lago Escondido”. Uno es “el camino por montaña”, “casi 50 kilómetros caminando, con mochila, tenés que quedarte acampando y demás”. El otro sería el acceso público “Tacuifi” que “está bordeando la ruta”, donde “caminás menos de 10 kilómetros” por “un sendero mucho más fácil”.

 

Pero ahí aparece la traba que explica por qué el camino “público” no funciona como tal. “Lo tienen privatizado ese camino con personas que responden directamente a Hidden Lake, a Lewis”, dice Santiago, y agrega una frase contundente. “No permiten el paso a cualquiera.” Por eso el grupo termina yendo por la opción más dura. “No nos queda otra opción que ir por el camino de montaña”, y remata con una definición que no busca épica fácil. “Sinceramente, nosotros que venimos de hacerlo, no es para cualquiera.”

 

Cuando describe el esfuerzo, no lo exagera. “Las mochilas pesan 20 kilos, 25 kilos más o menos”, porque hay que llevar “ropa para toda la semana, comida” y “las carpas para poder acampar”. Habla de subidas y bajadas, de senderos “no tan transitables” y de un riesgo concreto. “Te podés caer al vacío, básicamente, con el peso que tenés.” A eso se sumó el clima. “Justo un par de días nos agarró lluvia, así que fue un camino complicado.”

 
Policía, dron y una escena de bloqueo

 

Al llegar cerca del objetivo, Santiago sitúa el momento de mayor tensión. “Estábamos a 3 kilómetros más o menos, o 5, de llegar al lago Escondido” cuando “nos intercepta la policía de Río Negro” y les dicen “que nosotros no tenemos permitido pasar” por “una emergencia ígnea”. Santiago reconoce el argumento, pero lo contrapone con la conducta del grupo en el territorio. “Tomamos todos los recaudos habidos y por haber”, desde “no dejar ni un paquete de caramelos de basura en el piso” hasta “limpiar los kayak con lavandina”, entendiendo que “cada lago tiene su particularidad”.

 

La escena se vuelve todavía más grave con un elemento que para ellos demuestra el doble estándar. “Mientras la policía nos dice esto, hay un dron que vuela sobre nuestras cabezas”, aun cuando “no se pueden utilizar en esos lugares”. Cuando le preguntan si era un dron policial, Santiago lo niega. “No, no, de Lewis.” Y describe una actitud estatal que para ellos no es neutral. “La policía dándole la espalda a ellos y dándonos frente a nosotros, impidiéndonos el paso.”

 

Lo que sigue es una caracterización política y emocional, dichas en primera persona desde el lugar. “Todo el tiempo una actitud de patotero hacia nosotros”, sostiene, “no permitiéndonos ingresar como argentino ahí a Argentina, al lago que es nuestro.”

 
Lo conquistado, lo pendiente y la décima marcha

 

A futuro, Santiago plantea una prioridad organizativa. “Es importante tratar de que el mayor abanico de organizaciones se pueda sumar”, porque “tenemos una bandera en común” que es “la defensa de nuestros derechos”, y lo aterriza en un punto concreto. “Es el libre navegamiento de los lagos.”

 

En ese tramo, cuenta una conquista que lograron incluso con trabas. “La policía nos había dicho que eso está prohibido”, pero subraya que “está en la constitución” que “como argentinos podemos navegar libremente por los lagos”, tomando “las medidas necesarias”. En esa línea, lo dice con orgullo sereno. “Lo hicimos, de hecho, eso fue una conquista.” Y resume la postal que buscaban dejar como mensaje político. “Navegamos con los kayak, levantamos la bandera argentina, que es la bandera que debería flamear siempre ahí.”

 

Lo que no pudieron hacer también queda claro. “No pudimos acceder a donde por ahí está la mansión de Lewis”, dice Santiago, y lo deja marcado como una tarea pendiente. “Eso nos quedará pendiente para un futuro”, con una expectativa que mira a la próxima etapa. “Ojalá podamos ser más en la décima marcha, y podamos plantar ahí la bandera argentina, que nunca tendrían que haberla sacado de ahí.”

 
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.

 

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