Entre dominación sin hegemonía y mundo emergente: lectura geopolítica de Gabriel Merino
Gabriel Merino es analista de política internacional con reconocimiento nacional e internacional por sus estudios sobre geopolítica contemporánea, transición de poder mundial y sistemas de dominación global. En esta entrevista con Revista Vértices aborda la estrategia de Estados Unidos en el hemisferio, el rol de China y el mundo emergente, la crisis de la inversión y el FMI en Argentina, el carácter multipolar de la coyuntura mundial y la compleja situación de Europa. Su lectura propone una geopolítica sin atajos, donde la hegemonía occidental ya no domina y nuevas formas de orden (y desorden) global están emergiendo.
Autor
Redacción
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Fuente: Foto de Gabriel Merino de la UNLP
Estados Unidos recupera el control del hemisferio? Estrategia y límites
Merino parte de una pregunta directa: “¿Estados Unidos recupera el control del hemisferio con la actual narrativa conflictiva que impone?”. Su respuesta distingue entre objetivo y posibilidad: “Ese es su objetivo. De ahí a que lo recupere es otra cuestión”. Explica que la estrategia estadounidense no busca una anexión territorial tradicional pero deja en claro que “el objetivo claramente es avanzar hacia un imperialismo más territorialista” (en relación a Greolandia y Canadá) y disciplinar la región latinoamericana (Venezuela y México) bajo discursos y operaciones de poder.
Sin embargo, señala una debilidad estructural: “Estados Unidos ha perdido poder relativo… el propio proteccionismo que impulsa atrás muestra las debilidades económicas”. De ese modo, afirma, la dominación se orienta hacia un modelo de “dominación sin hegemonía”, un tipo de control que no se sostiene sin consentimiento ni suficientes incentivos materiales. En su diagnóstico, esa forma de dominación “es débil”.
La región entre autonomía y alianzas globales
El analista destaca que “la región cada vez tiene más posibilidades de mantener un mayor margen de autonomía”, articulándose con potencias emergentes del Asia-Pacífico como China y la India. Esta tendencia, subraya, se observa incluso en países con gobiernos alineados tradicionalmente con Estados Unidos. Por ejemplo, “incluso gobiernos fuertemente alineados con Trump… mantuvieron sólidas relaciones con China”.
Merino cita el caso de Brasil, donde el entonces vicepresidente “dijo que había un matrimonio inevitable entre Brasil y China”, y la incorporación de Sudamérica como nodo económico central con la principal relación comercial hacia China. Ese fenómeno, dice, “cambia mucho el mapa” geopolítico regional.
Al volver al tema original, sintetiza: “Esa es la estrategia de Trump, de ahí a que lo logre, hay que ver si puede”, pero advierte que su enfoque genera periferialización del territorio, por ende “costos sociales, económicos, de pérdida de identidad nacional, de pérdida de soberanía” que pueden resultar inviables para los pueblos de la región.
Argentina, alineamiento, inversiones y mundo real
Al abordar el caso argentino, Merino observa tensiones entre discurso y realidad. Aunque el país pueda mostrar alineamiento en algunos foros —“a pesar de subordinarse en todas las votaciones de la ONU”— no se traduce en beneficios materiales: “no han habido grandes inversiones por parte de Estados Unidos en la Argentina en la economía real”.
Incluso recuerda que, pese a acercamientos y rescates financieros, como créditos vinculados al FMI —“Estados Unidos lo rescató… pero ese rescate… es un salvavidas de plomos para el país”— la inversión extranjera directa no solo no aumentó, sino que fue negativa: “terminó siendo más lo que se fue, de lo que entró”.
Merino también señala efectos contraproducentes de las políticas proteccionistas en el centro: “en la guerra comercial de Estados Unidos contra el mundo… Argentina afectó varios rubros importantes… y no consiguieron siquiera que les disminuyan esos aranceles”. Para él, estos elementos debilitan la estrategia de hiper-alineamiento en un contexto global donde las realidades materiales importan tanto como las alineaciones diplomáticas.
Transición mundial, multipolaridad y conflictos contemporáneos
Una parte central de la conversación transita hacia la lógica geopolítica global. Merino explica que trabaja sobre un “escenario de guerra mundial híbrida y fragmentada… desde 2014”, es decir, una transición del poder mundial donde emergen nuevas alianzas y tensiones.
Para ilustrar esta tendencia, cita una frase de H. D. Haishankar, canciller indio: “Estados Unidos ha hecho la guerra durante 20 años en Medio Oriente y perdió, y China no ha hecho la guerra y ganó”. Esta imagen sintetiza para él cómo la violencia tradicional y el intervencionismo ya no aseguran liderazgo global.
Merino sostiene que lo que se consolida no es una hegemonía occidental renovada, sino un “desorden multipolar” en el que el centro de gravedad del mundo ya no reside únicamente en Occidente. Señala que el ascenso de China, Rusia, India, Irán, Brasil y otros actores muestra que “hasta ahora no han logrado frenar las tendencias fundamentales de esta transición de poder mundial”.
Incluso en contextos de conflicto, aclara, acciones agresivas pueden tener efectos contraproducentes: “toda acción hay una reacción… a veces esos procesos de reacción terminan siendo más contundentes que la acción que los desató”.
Europa: entre subordinación y desafío estratégico
Finalmente, Merino analiza el caso europeo como expresión de ese desorden multipolar. Afirma que “Europa está descolocada” porque el mundo en que se forjó la Unión Europea —un centro económico subordinado a Washington— ya no existe. Esa subordinación, explica, podía funcionar mientras Estados Unidos garantizaba estabilidad económica global; pero ese esquema pierde sentido cuando la hegemonía occidental se debilita.
También señala tensiones sobre Groenlandia y la relación con Dinamarca, donde la política estadounidense busca expandir su influencia sobre recursos estratégicos del Ártico. En ese marco, describe a Europa como un actor obligado a pagar los costos del declive estadounidense: más gasto en armamentos, dependencia de energía más cara y una posición geopolítica comprometida en conflictos que no benefician directamente a sus intereses.
Su análisis concluye que Europa aparece como uno de los grandes perdedores en esta transición, obligado a equilibrar entre mantener alianzas tradicionales y enfrentar su propia pérdida de autonomía estratégica.
Cierre: un mundo sin hegemonía y con futuros abiertos
Merino sintetiza su lectura afirmando que la hegemonía occidental “ya se acabó”, aunque Estados Unidos siga siendo un actor con poder importante. La realidad global, sostiene, es multipolar y conflictiva, con espacios de influencia distribuidos y con actores que no solo aceptan nuevos equilibrios sino que los construyen.
Esta visión propone mirar más allá de narrativas simplistas de dominación: “Hasta ahora no han logrado frenar el ascenso de China y otras potencias emergentes”, dice, y advierte que la actual coyuntura geopolítica está siendo moldeada tanto por guerras como por reacciones estructurales a esas guerras. El resultado es un mundo donde la historia no está definida, pero donde los polos de poder se reorganizan sin que ninguna hegemonía única pueda imponerse fácilmente.
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