Alumni: Pasión fortinera, historia grande y futuro abierto
Primero fue la camiseta
Su relación con Alumni no empezó en una cancha grande ni en una formación profesional. Empezó mucho antes, cuando todavía era chico y el fútbol era deseo, intuición y pertenencia. “Es el club donde hice todas las divisiones inferiores”, cuenta, y ahí ya aparece la base de todo lo que vendría después.
Recuerda que, incluso teniendo otras opciones en Villa María, había algo que lo llevaba hacia ese lugar. “Desde chiquito, desde la etapa del baby fútbol, me tiró la camiseta de Alumni”, dice. No lo plantea como una decisión singular, sino como una atracción temprana, casi natural. Iba a la cancha a ver a la primera división y, de a poco, ese club que admiraba desde afuera empezó a convertirse también en su propio espacio de formación.
De las inferiores a la primera
El paso siguiente fue el más esperado por cualquier chico que se cría dentro de un club. “Me toca jugar en la primera local”, recuerda, y precisa que eso ocurrió cuando tenía “16, 17 años”. Ahí el hincha y el juvenil pasaron a convivir con el jugador.
Más tarde, ese recorrido se consolidó. En el cierre de la entrevista él mismo resume parte de su trayectoria con una frase que vale como presentación histórica. “Edgar Maggi, arquero de Alumni en los años 90 y primeros años de los 2000”, dice, y agrega que formó parte de “grandes planteles” que jugaron “muchos torneos de ascenso” y salieron “muchas veces campeones en Córdoba”.
Su experiencia no fue periférica ni ocasional. Fue parte de una etapa de alta exigencia, en un club que, como él mismo remarca, siempre pidió rendimiento, carácter y jerarquía. “Tratando de mantener el nivel que siempre Alumni exigió”, resume, dejando ver que vestir esa camiseta implicaba responder a una identidad ya construida.
La memoria de un club grande
Cuando se le pide que elija los grandes momentos de la historia de Alumni, no busca atajos. Va directamente a las páginas más fuertes del archivo fortinero. “Los momentos históricos creo que están en las retinas de haber llegado a esas tres finales para jugar los viejos campeonatos nacionales”, afirma.
Y enseguida nombra esas estaciones de la memoria. “Alumni perdió la final con Belgrano, con Estudiantes de Río Cuarto y con Unión San Vicente”. En su relato, esas finales no aparecen como derrotas secas, sino como la medida de hasta dónde llegó el club en su momento de mayor proyección deportiva. “Esas fueron las máximas instancias a donde llegó el fortinero villamariense”, sostiene.
Ese recorrido explica por qué Alumni no es, para él, un club más del mapa local. Es una institución con historia pesada, con pasado competitivo y con una marca provincial que todavía sigue viva en la memoria colectiva.
Los nombres que hicieron grande a Alumni
Al hablar de figuras, el recuerdo se vuelve todavía más afectivo. No se limita a una lista, sino que rescata jugadores que condensan un estilo y una época. “No me olvido de un Jorge Molina, el capitán histórico de Alumni”, dice, y suma a “Constantino Iotidis” como un símbolo de calidad futbolística.
También aparecen otros apellidos fuertes, “Carlos Mondador y Juan Cardoso”, además de nombres que lograron proyectarse más allá del fútbol villamariense, como Claudio Arzeno, Maurito Rosales y Adrián Tonazzi de Marchi. Al traerlos, lo que hace no es solo recordar talentos, sino reforzar una idea de identidad.
Porque para él hay un hilo común que une a esos nombres con la historia del club. “Alumni siempre fue estirpe de campeones”, afirma. Y completa esa definición con otra frase que funciona casi como un mandato institucional. “Es un club exigente que siempre pide garra y buen pie”.
Lo que Alumni necesita hoy
Después de la memoria viene el diagnóstico. Y ahí cambia el tono. Ya no habla el ex jugador que recuerda, sino alguien que observa la actualidad del club con una mirada más institucional. “Hoy Alumni está en un proceso de transformación que viene desde abajo para arriba”, explica.
Lo primero que marca es que se trata de “un club grande, histórico”, pero que hoy está trabajando en una reconstrucción que debe ser sólida. Para él, el corazón de ese proceso está muy claro. “La base del crecimiento en un club de fútbol son las divisiones inferiores”.
Sobre ese punto insiste varias veces, porque entiende que ahí está el verdadero patrimonio. “Hoy el club tiene que trabajar en lo formativo, que es lo que le va a dar el valor a la institución”, sostiene. Y agrega que Alumni cuenta con “sus divisiones inferiores en AFA, con muy buenos jugadores que prometen y que hay que tratar de acompañarlos en la formación”.
Esa idea no es romántica, es estratégica. Para Maggi, un club que quiera crecer de verdad no puede apostar solo a una racha, a un plantel o a una campaña. Tiene que construir base.
No alcanza con jugadores, tampoco con dirigentes solos
Su análisis no idealiza una sola dimensión. Para él, el crecimiento real exige una articulación seria entre formación y conducción. “Para llegar a conformar un equipo con pretensiones de ascenso y también para mantenerse, es un esfuerzo mancomunado de mucha gente”, explica.
Por eso advierte que no alcanza con tener juveniles prometedores si no existe una estructura dirigencial acorde. “Si te puede ir bien con las divisiones inferiores, pero si no tenés un cuerpo dirigencial acorde a los tiempos que corren, se te complica un poco”. Y del mismo modo, tampoco alcanza con buenos dirigentes si no existe una base futbolística sólida. “Si tenés buenos dirigentes, pero no tenés una buena base sólida, que te va a dar el crecimiento y la sostenibilidad en el tiempo futuro, que son las inferiores, tampoco”.
En esa doble exigencia está, para él, la clave del presente. Alumni necesita las dos cosas. Proyecto deportivo y proyecto institucional. Formación y conducción. Territorio y gestión.
El gigante dormido
De todos los conceptos que deja la entrevista, probablemente el más fuerte sea este. “Hoy Alumni está haciendo muy bien las cosas y es un gigante dormido”, afirma. La frase tiene algo de advertencia, pero también de promesa.
No habla de una ilusión vacía. Habla de un club que, si logra ordenar sus cimientos, puede volver a ocupar un lugar mayor dentro del fútbol del interior. “Cuando logre en algún momento poder hacer un ascenso, va a ser un club que va a estar en sus raíces sólidas”, sostiene. Y remarca que eso es importante porque “en anteriores oportunidades no lo había podido Alumni demostrar”.
La idea es clara. No se trata solo de subir. Se trata de subir con bases, con estructura, con capacidad de sostenerse. En eso está la diferencia entre una campaña aislada y un verdadero proceso de crecimiento.
El interior sí puede
Cuando se menciona el caso de Estudiantes de Río Cuarto, la respuesta llega con rapidez. “Sí se puede”, dice sobre la posibilidad de que un club del interior llegue alto. Pero no lo plantea como un milagro. Lo explica como consecuencia de una forma de trabajo.
“Cuando hay una buena organización dirigencial, cuando desde esa organización dirigencial hay un norte, hay un objetivo claro, para llegar a jugar estos torneos tenés que tener la banca”. Y enseguida agrega algo más. “Tenés que bancar, tenés que trabajar”.
No cree en los saltos improvisados. “No es que te vas de vacaciones al máximo nivel del fútbol argentino por un año y después volvés”, dice con una frase muy gráfica. Para él, los ascensos y descensos de muchos clubes del interior muestran otra cosa, una acumulación de experiencia, corrección de errores y aprendizaje institucional. En ese sentido, Estudiantes “muestra que sí se puede, pero hay un trabajo institucional” previo que no se improvisa.
Al final, todo vuelve al mismo lugar
La entrevista termina con una pregunta directa, casi de potrero y de tribuna. ¿Cuál es el club más grande de Villa María?
La respuesta no necesita desarrollo, contexto ni explicación: “Alumni”.
Y ahí, en esa palabra sola, se entiende todo lo anterior. La formación, la historia, la pertenencia, la exigencia, la nostalgia, la esperanza. Para Edgar Maggi, Alumni no es solo un club que jugó finales, formó jugadores o sigue peleando por volver. Es una marca vital, un lugar de identidad, una experiencia de vida y una promesa todavía abierta.
Fuente: En exclusivo para Revista Vértices.
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