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Amistades líquidas, redes sociales y duelos invisibles: la mirada de Jesica Godoy

La licenciada en Psicología Jesica Godoy, egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, analizó la importancia de la amistad en la salud emocional, los duelos que produce su pérdida, la necesidad de reciprocidad y los cambios que atraviesan los vínculos en una sociedad marcada por las redes sociales, la productividad y la incertidumbre afectiva. En diálogo con Revista Vértices, la licenciada explica cómo acompañar a una persona en crisis y por qué no todas las amistades están destinadas a durar para siempre.

La amistad suele aparecer como un vínculo cotidiano, cercano y espontáneo. Sin embargo, pocas veces se la piensa como una relación fundamental para la construcción de la identidad, la salud emocional y la forma en que cada persona aprende a afrontar la vida.

 

Para la licenciada en Psicología Jesica Godoy, la amistad está profundamente ligada a la manera de ser de cada individuo, especialmente en la adultez, cuando los vínculos comienzan a elegirse con mayor conciencia.

 

Los valores compartidos, las experiencias en común, las formas de mirar el mundo y la posibilidad de sentirse acompañado forman parte de esa construcción.

 

“Nuestro mundo emocional está atravesado por la amistad”, sostuvo la profesional. Según explicó, cuando una relación se mantiene durante muchos años, las personas pueden adoptar actitudes, recursos y herramientas de quienes las rodean. En ese intercambio, los amigos también enseñan modos de responder frente a las dificultades.

 

La amistad como refugio emocional


Los amigos pueden convertirse en espacios de contención, refugio y acompañamiento frente a las angustias, las pérdidas y los desafíos cotidianos. No se trata únicamente de compartir momentos agradables. Una amistad significativa también puede ayudar a transitar crisis familiares, laborales o afectivas.

 

En ese sentido, Godoy explicó que los vínculos amistosos aportan recursos emocionales para afrontar la vida. Una conversación, una presencia sostenida o una mirada cómplice pueden adquirir un valor decisivo en determinados momentos.

 

Por eso, la pérdida de una amistad puede generar un dolor profundo, aunque socialmente no siempre sea reconocido.

 

Un duelo que la sociedad no legitima


Uno de los principales ejes de la entrevista fue el duelo que aparece cuando una amistad termina.

 

La psicóloga advirtió que no existen ritos sociales claros para atravesar este tipo de pérdida. Mientras la ruptura de una pareja o la muerte de un familiar cuentan con espacios de reconocimiento colectivo, el final de una amistad suele minimizarse.

 

“No se valida mucho la emoción, el dolor y la tristeza que genera perder a una persona tan importante como un amigo o una amiga”, señaló.

 

La especialista relacionó esa falta de reconocimiento con una jerarquización social de los vínculos. La pareja suele ocupar el primer lugar, luego aparece la familia y, mucho más abajo, la amistad.

 

De allí surgen expresiones como “no pasa nada”, “tampoco perdiste un novio” o “tenés otros amigos”, que pueden llevar a la persona afectada a desconfiar de sus propias emociones.

 

El problema no es solamente la pérdida, sino también la sensación de que ese sufrimiento no tiene derecho a existir. Cada amistad guarda una historia, códigos compartidos, recuerdos y formas particulares de vincularse. Por eso, reemplazar una relación por otra no resulta tan sencillo.

 

“Con ese amigo compartía ese chiste, esa mirada cómplice. Es con ese amigo”, explicó Godoy al remarcar que cada vínculo posee un sentido irrepetible.

 

Calidad frente a cantidad


La entrevista también puso en cuestión la idea de que una vida social exitosa depende de la cantidad de amigos. La profesional planteó que una persona puede tener un grupo amplio o apenas uno o dos vínculos cercanos. Lo importante no es el número, sino la calidad de la relación.

 

Una amistad valiosa se construye a partir de la elección, la confianza, los valores compartidos y una forma común de comprender la vida. La lógica de cantidad, según se planteó durante la conversación, puede responder a una mirada propia del mercado trasladada a los vínculos sociales.

 

En una época en la que las redes sociales contabilizan seguidores, contactos y “amigos”, puede confundirse la visibilidad con la cercanía. Se puede estar rodeado de conocidos y, al mismo tiempo, carecer de relaciones profundas.

 

Las amistades de la infancia y la idea de eternidad


La psicológa profundiza los amigos de la infancia cumplen un papel importante en la socialización y en la estructuración del psiquismo. Durante esos primeros años, las amistades permiten aprender a compartir, negociar, confiar, competir, acompañar y afrontar frustraciones.

 

Sin embargo, Godoy cuestionó la idea de que esos vínculos necesariamente deban permanecer durante toda la vida. “No creo en las amistades eternas. La amistad es como cualquier vínculo: puede cambiar y las personas pueden alejarse”, sostuvo.

 

En la adultez, las elecciones se modifican. Las personas pueden acercarse a quienes comparten valores, intereses y formas de vida más semejantes a las propias.

 

Esto no invalida lo vivido durante la infancia, pero permite reconocer que los vínculos también atraviesan transformaciones. Aceptar que una amistad puede terminar no significa negar su importancia. Significa comprender que las personas cambian y que no todas las relaciones acompañan cada etapa de la vida.

 

La reciprocidad como condición de una relación sana

 

Otro de los aspectos centrales fue la reciprocidad.

 

Godoy señaló que existe una idea cultural muy extendida según la cual las personas deben dar permanentemente, aun cuando no reciban cuidado, atención o reconocimiento a cambio.

 

Esa lógica puede reproducirse también en la amistad para la psicóloga, una relación sana requiere que ambas partes se sientan protegidas, queridas y valoradas. “Es fundamental la reciprocidad en un vínculo”, afirmó.

 

Cuando una sola persona sostiene el contacto, escucha, acompaña y se responsabiliza por la continuidad de la amistad, pueden aparecer el desgaste, la dependencia, el malestar y la angustia.

 

Estas emociones funcionan como señales de alerta.

 

No todo conflicto implica necesariamente el final de una amistad. Cuando el vínculo es significativo, la comunicación puede permitir revisar lo que está ocurriendo. Pero para que el diálogo tenga sentido debe existir otra persona interesada en sostener la relación.

 

“El conflicto hay que hablarlo. Y ahí se tiene que ver la reciprocidad”, explicó.

 

Cuando esa disposición no aparece, tomar distancia puede convertirse en una decisión coherente con el deseo de construir vínculos más sanos, profundos y significativos.

 

Redes sociales, celos y nuevas formas de conflicto


Las redes sociales modificaron la manera de vincularse y también introdujeron nuevas fuentes de tensión. Un “me gusta”, un corazón, una respuesta o una ausencia pueden generar discusiones, celos, inseguridad y conflictos.

 

Jesica señaló que estas problemáticas aparecen con frecuencia en las consultas psicológicas. Las reglas y los acuerdos de los vínculos comienzan a alterarse por el modo en que las personas interpretan las interacciones digitales.

 

En este contexto, los celos también pueden aparecer dentro de las amistades.

 

La psicóloga los relacionó con el miedo a la pérdida, al abandono y a la posibilidad de ser reemplazado.

 

La idea de cantidad vuelve a intervenir: cuando los vínculos se perciben como una competencia, la amistad puede dejar de ser un espacio de confianza para convertirse en una disputa por la atención del otro.

 

Los celos, entonces, no aparecen únicamente en las relaciones de pareja. También pueden atravesar amistades intensas, especialmente cuando no existen límites claros o cuando el vínculo se sostiene desde la inseguridad.

 

Cómo acompañar a un amigo que atraviesa una crisis


Ante una persona que está sufriendo, la primera reacción suele ser intentar sacarla rápidamente del dolor. Sin embargo, Godoy advirtió que esa urgencia muchas veces responde a la ansiedad de quien acompaña y no necesariamente a las necesidades de quien está atravesando la crisis.

 

Frente a un duelo, una separación, una pérdida familiar o una dificultad laboral, no siempre hacen falta respuestas.

 

“No hace falta decir mucho en esos momentos”, afirmó.

 

Un mensaje, una llamada, una pregunta sencilla o la disposición para escuchar pueden funcionar como formas concretas de contención.

 

La especialista destacó la importancia de acercar la posibilidad de una ayuda profesional cuando sea necesario, pero sin presionar a la persona para que se sienta bien de inmediato.

 

“No hace falta presionarlo para estar bien. Hay que dejarlo sentir el dolor, sentir la tristeza y estar ahí”, explicó. Acompañar no significa resolver. Significa sostener una presencia respetuosa mientras el otro atraviesa su propio proceso.

 

La amistad frente al mandato de productividad


En el marco del Día del Amigo, Godoy propuso detener por un momento la dinámica cotidiana. La sociedad actual empuja a las personas a mantenerse ocupadas, responder tareas, producir y medir el tiempo según su utilidad.

 

Dentro de esa lógica, compartir una bebida, una comida o una conversación puede parecer una actividad improductiva. Sin embargo, esos momentos cumplen una función emocional fundamental.

 

“La amistad nos ayuda a ir en contra de este sistema que nos vuelve un poco autómatas”, sostuvo.

 

Encontrarse con un amigo permite recuperar el presente, el placer y una forma de relación que no necesariamente responde a la productividad.

 

La amistad puede convertirse, de este modo, en una resistencia cotidiana frente a una vida organizada únicamente alrededor de obligaciones, rendimiento y resultados.

 

Vínculos sexoafectivos y límites cada vez menos claros


La entrevista también abordó las transformaciones actuales en las relaciones afectivas. La psicológa Godoy planteó que existe un desdibujamiento creciente entre la amistad, el deseo, la sexualidad y los vínculos de pareja.

 

Muchas relaciones no se ubican de manera clara en una sola categoría. “Todavía no tenemos las palabras adecuadas para nombrar todo esto. Estamos en una transición”, explicó.

 

La falta de conceptos compartidos y acuerdos precisos puede producir incertidumbre.

 

Las personas pueden mantener relaciones abiertas, amistades sexoafectivas o vínculos difíciles de definir, pero sin contar siempre con herramientas emocionales y teóricas para comprenderlos.

 

“No hay límites claros y estamos en eso”, señaló.

 

Según la profesional, esta imposibilidad de ubicarse en un lugar definido puede generar angustia.

 

El problema no reside necesariamente en la diversidad de los vínculos, sino en la falta de comunicación, acuerdos y marcos que permitan a cada persona saber qué lugar ocupa y qué puede esperar de la relación.

 

Volver a darles tiempo a los amigos


La reflexión final de la profesional fue una invitación a revisar cómo se construyen y se sostienen las amistades.

 

Cuidar un vínculo implica darle tiempo, espacio y reconocimiento.

 

También supone aceptar sus cambios, hablar los conflictos, identificar la falta de reciprocidad y comprender que una amistad significativa no se mide por su duración ni por la cantidad de contactos acumulados.

 

En una sociedad atravesada por la velocidad, las redes y la exigencia constante, encontrarse con un amigo puede parecer un gesto sencillo.

 

Sin embargo, también puede ser una de las formas más importantes de cuidar la salud emocional, recuperar el presente y recordar que la vida no se reduce únicamente a producir.

 

Fuente: En exclusiva con Revista Vértices.

 

 

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