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Argentina, una desigualdad evidente entre el récord agroexportador y una mesa cada vez más vacía

Fernando Rizza, miembro del Centro de Estudios Agrarios, ex funcionario y dirigente de la agricultura familiar, analiza una de las contradicciones centrales del modelo económico actual. Mientras Argentina exhibe récords de exportación de granos, carne y derivados, millones de familias enfrentan una caída del poder adquisitivo y un deterioro sostenido en el acceso a alimentos básicos. Para el especialista, el problema no es solo productivo, sino político. El país exporta más, pero su pueblo consume menos.

Un país que exporta récords mientras vacía la mesa


Fernando Rizza parte de una paradoja contundente. “El agro argentino atraviesa uno de los momentos más contradictorios de las últimas décadas”. Mientras el Gobierno nacional muestra cifras récord como señal de recuperación, “millones de argentinos y argentinas enfrentan una caída sostenida del poder adquisitivo y un deterioro visible en el acceso a los alimentos”.

 

El especialista advierte que el mismo país que exporta volúmenes históricos de granos y carne registra “algunos de los niveles más bajos de consumo interno de alimentos básicos”. Esa contradicción organiza toda su lectura. El problema no es que falte producción, sino cómo se distribuye, hacia dónde se orienta y quién se queda con la renta.

 

El boom cerealero oleaginoso


Durante el primer cuatrimestre de 2026, el complejo cerealero oleaginoso consolidó una campaña histórica. Según el análisis de Rizza, la recuperación climática posterior a la sequía permitió un fuerte salto productivo en maíz, trigo, cebada y girasol.

 

El dirigente agrario cita datos de la Bolsa de Comercio de Rosario. Argentina lleva exportadas cerca de “40 millones de toneladas de granos y derivados”, un 11 por ciento más que el récord previo. El maíz encabezó esa expansión, con embarques por “10,3 millones de toneladas entre marzo y abril”, un 54 por ciento por encima del mismo período anterior.

 

Divisas récord, pero sin mejora social


Las proyecciones privadas estiman que el complejo agroexportador podría generar más de “USD 34.500 millones” y superar las 113 millones de toneladas exportadas. Incluso hay estimaciones más optimistas que alcanzan las 160 millones de toneladas.

 

Sin embargo, Rizza marca el límite de ese festejo. “La mejora productiva no se tradujo en una recuperación del ingreso de pequeños y medianos productores ni tampoco en una mejora del acceso a los alimentos para su pueblo”. Allí aparece el centro de su crítica. El récord exportador no derrama sobre el mercado interno ni sobre los sectores productivos más vulnerables.

 

Economías regionales en zona roja


El análisis también se detiene en las economías regionales. Según el “Semáforo de las Economías Regionales” de Coninagro, durante abril se agravó la situación de múltiples actividades. Yerba mate, vino, arroz, algodón, mandioca, papa, hortalizas y lechería quedaron en “zona roja”.

 

El problema común, según el especialista, es que “los precios pagados al productor crecieron por debajo de la inflación y muy lejos del aumento de los costos operativos”. En otras palabras, se produce, se exporta y se mueve volumen, pero los pequeños y medianos productores quedan cada vez más ahogados.

 

Yerba mate y desregulación


La crisis yerbatera aparece como un caso testigo. Aunque el consumo interno creció 3,1 por ciento y las exportaciones alcanzaron “un récord de 57,9 millones de kilos”, los productores de Misiones y Corrientes sufrieron un derrumbe de rentabilidad.

 

Rizza señala que la desregulación debilitó el rol del Instituto Nacional de la Yerba Mate y fortaleció a las grandes corporaciones agroalimentarias. El precio de la hoja verde cayó de cerca de 400 pesos por kilo en 2024 a valores de entre 170 y 220 pesos durante 2026. El resultado es claro. “El productor pasó de recibir casi una cuarta parte del precio final a quedarse apenas con el 13 por ciento”.

 

Vino popular en retroceso


La vitivinicultura atraviesa una crisis semejante. El consumo cayó a “15,7 litros por habitante al año”, el nivel más bajo registrado en décadas. La comparación histórica es brutal, porque en la década del 70 el consumo rondaba los 90 litros por habitante al año.

 

Para el referente del Centro de Estudios Agrarios, la caída del salario golpeó especialmente a los vinos populares. Las consecuencias se ven en el interior profundo. “Más de 1100 viñedos cerraron durante el último año y desaparecieron más de 3200 hectáreas cultivadas”. El problema ya no parece coyuntural, sino estructural.

 

Carne que se exporta, carne que falta en la mesa


La carne vacuna muestra otra cara de la misma contradicción. “Argentina exporta más, pero consume menos”, resume el texto. El consumo interno cayó a “44,8 kilos por habitante al año”, uno de los registros más bajos de la historia contemporánea.

 

Para amplios sectores sociales, la carne dejó de ser un alimento cotidiano. Rizza lo vincula con la pérdida del poder adquisitivo, pero también con una producción cada vez más orientada a mercados externos rentables para pocos actores concentrados.

 

Menos mate, menos carne y menos vino


El especialista sintetiza la situación con una frase fuerte. El resultado es “una mesa de las y los argentinos vaciada de argentinidad, menos mate, menos carne y menos vino”. Allí la discusión deja de ser solamente económica y pasa a ser cultural, social y política.

 

El alimento, en su mirada, no puede ser tratado únicamente como mercancía exportable. También es identidad, acceso, derecho y soberanía.

 

Frigoríficos en crisis y trabajadores afectados


La crisis también golpea a la industria frigorífica. Rizza menciona cierres de plantas, suspensiones y despidos en distintas provincias. Los casos de La Taba, San Roque en Morón, Pico en La Pampa y las dificultades financieras de ArreBeef muestran el deterioro de un sector afectado por la caída del consumo y la apertura importadora.

 

La paradoja vuelve a repetirse. Mientras el complejo agroexportador acumula divisas, parte de la industria vinculada al mercado interno retrocede, suspende o despide.

 

La discusión de fondo


El cierre del análisis plantea la pregunta central. Qué lugar ocupa el alimento dentro del modelo económico actual. Para Rizza, “es inadmisible el festejo de los récords de exportación de alimentos, mientras el pueblo argentino mendiga para el puchero”.

 

La frase final condensa el tono político del diagnóstico. La expansión agroexportadora convive con una realidad social cada vez más ajustada, donde la opulencia de las élites exportadoras contrasta con una mesa popular empobrecida.

 

Fuente: Texto de Fernando Rizza, Centro de Estudios Agrarios, en exclusiva para Revista Vértices.

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