Ariel Guarco en Córdoba, cooperativismo para reconstruir los vínculos en tiempos de crisis
Una voz internacional del cooperativismo en Córdoba
Radio Desde La Gente dedicó uno de sus bloques centrales a recuperar la palabra de Ariel Guarco, presidente de la Alianza Cooperativa Internacional y de la Confederación Cooperativa de la República Argentina, durante su paso por Córdoba. La emisión destacó su presencia en el marco del Movimiento Francisco y también su participación vinculada a la inauguración de un parque fotovoltaico en Villa Dolores, dos hechos que permiten pensar al cooperativismo no solo como una forma de organización económica, sino también como una respuesta concreta frente a los desafíos sociales, energéticos y comunitarios del presente.
La figura de Guarco ubica al cooperativismo argentino en una dimensión internacional. Su palabra no aparece como una reflexión aislada, sino como parte de una trayectoria institucional que expresa el peso de un movimiento con fuerte presencia en Argentina y en el mundo. Desde ese lugar, su paso por Córdoba permitió abrir una discusión más amplia sobre la economía social, el desarrollo territorial y la necesidad de reconstruir comunidad en tiempos difíciles.
El Movimiento Francisco y la economía con rostro humano
El mensaje de Guarco se inscribió en el marco del Movimiento Francisco, una experiencia atravesada por la idea de una economía con rostro humano. Allí aparece una consigna que ordena toda la reflexión, “nadie se salva solo”. No se trata de una frase decorativa, sino de una definición política, ética y comunitaria.
Frente a una época que empuja al aislamiento individual, a la competencia permanente y a la pérdida de lazos sociales, el cooperativismo aparece como una práctica concreta de construcción colectiva. La economía social propone otro punto de partida. No organiza la vida alrededor de la ganancia individual, sino alrededor de las necesidades comunes, la participación democrática y la responsabilidad compartida.
Cooperativas que construyen comunidad
La intervención de Guarco se ordenó alrededor de una idea fuerte. En un mundo donde crecen la agresión, la ruptura de los vínculos, los discursos mesiánicos, xenófobos, nacionalistas y discriminatorios, el cooperativismo aparece como una forma distinta de construir sociedad. No desde la concentración económica ni desde la competencia individual, sino desde la cooperación, la solidaridad, la igualdad y la construcción paciente de comunidad.
El dirigente cooperativista planteó que quienes integran el movimiento cooperativo y mutual tienen una responsabilidad ineludible. Esa responsabilidad no se limita a administrar bien cada entidad, prestar servicios o sostener una estructura institucional. También implica mostrarle al conjunto de la sociedad que existe otro modelo posible, una economía que piensa en las personas y no solamente en la rentabilidad.
El cooperativismo como respuesta frente a la fragmentación
Una de las definiciones más potentes fue la idea de que el cooperativismo genera “cuotas de paz”. Frente a un escenario global atravesado por tensiones permanentes, guerras, desigualdades y fragmentación social, las cooperativas y mutuales producen convivencia, bajan tensiones, generan vínculos y construyen condiciones de equidad.
Esa mirada ubica al sector en un lugar mucho más amplio que el de la simple prestación de servicios. Lo presenta como una herramienta de reconstrucción social. Allí donde otros discursos promueven el enfrentamiento, la economía solidaria sostiene redes. Allí donde avanza la lógica del descarte, el cooperativismo vuelve a poner en el centro a las personas, las comunidades y los territorios.
Una economía que piensa primero en las personas
El mensaje tuvo además una fuerte carga política y cultural. Guarco cuestionó con claridad aquellas miradas que intentan reducir al cooperativismo a una economía marginal, pobre o destinada únicamente a atender emergencias. Para el dirigente, esa caracterización desconoce la verdadera dimensión del movimiento cooperativo y mutual, tanto en Argentina como en el mundo.
La economía social no puede ser leída como un refugio menor frente a las crisis. Por el contrario, expresa una forma concreta de producir, financiar, prestar servicios, generar empleo, cuidar el ambiente y organizar la vida comunitaria. Su diferencia central está en el sentido. Mientras el mercado concentrado suele medir resultados desde la rentabilidad, el cooperativismo mide también arraigo, inclusión, participación y bienestar colectivo.
Córdoba, cooperativas eléctricas y territorialidad
La referencia a Córdoba permitió bajar esa discusión al territorio. En la provincia, las cooperativas eléctricas cumplen un papel central en numerosas localidades, sosteniendo servicios esenciales, infraestructura, arraigo y contención social. Por eso, cuando se habla de cooperativismo no se habla de una experiencia secundaria. Se habla de entidades que organizan la vida cotidiana de comunidades enteras.
Ese entramado territorial demuestra que la economía social no es una abstracción. Está presente en servicios públicos, crédito, producción, trabajo, consumo, energía y asistencia comunitaria. En muchos pueblos y ciudades del interior, las cooperativas son parte de la infraestructura material y simbólica que permite sostener la vida local.
Energía, ambiente y desarrollo local
El caso del parque fotovoltaico en Villa Dolores también permite leer el presente y el futuro del movimiento cooperativo. La transición energética no tiene por qué quedar únicamente en manos de grandes empresas o fondos de inversión. También puede construirse desde entidades de la economía social, con arraigo local, participación comunitaria y compromiso ambiental.
Allí aparece una dimensión clave del modelo cooperativo. Su capacidad para unir tecnología, desarrollo local, sustentabilidad y comunidad. En ese punto, el cooperativismo se muestra como una herramienta actual, capaz de intervenir en debates centrales del siglo XXI, como la energía, el ambiente, la producción y la soberanía territorial.
Contar la propia historia cooperativa
Otro tramo central de la intervención fue la necesidad de contar la propia historia. Guarco advirtió que, cuando el movimiento cooperativo no muestra lo que hace, otros terminan describiéndolo desde afuera. Y muchas veces lo hacen con prejuicios, reducciones o desconocimiento.
Por eso, insistió en que las cooperativas deben ser contadoras de su propia historia, porque esa historia merece ser escuchada, conocida y transmitida. Esta definición resulta estratégica. En tiempos donde los grandes relatos económicos suelen estar dominados por la lógica del mercado, la competencia y la concentración, el cooperativismo necesita disputar sentido.
No alcanza con hacer. También hay que comunicar, explicar, narrar y mostrar. Cada cooperativa, cada mutual y cada experiencia territorial tiene una historia que revela otra forma de organizar la economía y la vida social.
Nadie se salva solo
La frase “nadie se salva solo”, vinculada al Movimiento Francisco, atraviesa todo el sentido de esta mirada. Frente a la crisis de los vínculos, la salida no puede ser individual. Frente al deterioro social, la respuesta no puede ser el aislamiento. Frente a la desigualdad, no alcanzan las soluciones particulares.
La economía social propone justamente lo contrario. Construir con otros, sostener redes, compartir responsabilidades y transformar necesidades colectivas en proyectos comunes. Esa es la fuerza política y cultural del cooperativismo. No promete salvaciones individuales, sino caminos comunitarios.
Las respuestas globales también nacen en lo local
Guarco planteó que los grandes desafíos de la humanidad encuentran respuestas en lo local. La desigualdad, la crisis ambiental, la violencia, la exclusión y la pérdida de comunidad no se resuelven solamente desde los grandes centros de poder. También encuentran respuestas en cada pueblo, en cada barrio, en cada cooperativa, en cada mutual y en cada organización que decide no resignarse.
Radio Desde La Gente recuperó así una reflexión que excede la coyuntura. La presencia de Ariel Guarco en Córdoba no solo permite destacar la jerarquía internacional del cooperativismo argentino. También invita a pensar el lugar que ocupa la economía solidaria en el presente.
Allí donde el mercado descarta, la cooperación organiza. Allí donde la crisis rompe vínculos, la comunidad los reconstruye. Allí donde algunos quieren presentar al cooperativismo como una economía menor, la realidad muestra servicios, energía, crédito, trabajo, producción, cultura y arraigo territorial.
En definitiva, el mensaje de Guarco dejó una síntesis clara y necesaria. El cooperativismo no pertenece al pasado ni es una respuesta secundaria frente a la crisis. Es un modelo económico, social, cultural y ambiental con capacidad para construir futuro. En Córdoba, esa idea se expresó con fuerza a través de la economía con rostro humano, el legado comunitario del Movimiento Francisco y una convicción que vuelve a tomar actualidad en tiempos difíciles. Nadie se salva solo.
Fuente: Programa Radio Desde La Gente, emisión dedicada al cooperativismo, la economía social y el paso de Ariel Guarco por Córdoba en el marco del Movimiento Francisco y la inauguración de un parque fotovoltaico en Villa Dolores.
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