Autogestión, formación y comunidad en las artes escénicas
Elegir el arte como decisión vital
“Era un deseo que estaba desde muy chiquita”, dice Erica, aunque aclara que en su familia no había artistas ni un contexto que incentivara el acceso al arte. “Tampoco había una posibilidad económica de llevarnos a hacer actividades artísticas”.
La decisión aparece con claridad en 2017. Mientras estudiaba antropología, algo se corta de golpe. “Estaba cruzando la facultad y dije: no, yo no puedo estudiar esto. Voy a fracasar una vez más en el sistema educativo”. En paralelo, entrenaba circo como actividad complementaria. “Ahí dije: yo quiero hacer esto”.
Dejó la carrera, volvió a Villa María y empezó a formarse en danza, circo y teatro. “Nunca había hecho danza de manera sostenida. A partir de fines de 2017 me dediqué a pleno a formarme en talleres”.
El clown como lenguaje propio
Durante la pandemia, en 2021, llega el clown. Lo que iba a ser un laboratorio para una obra termina revelando algo más profundo. “Mi profe me dice: desarrollá tu payasa, porque sale por todos lados”.
Erica explica con precisión qué es el clown. “No es un actor que se hace de payaso. El clown se desarrolla a partir de una misma, desde nuestras frustraciones, nuestras características físicas y emocionales”. No es un personaje externo. “Es el ser. A través de la nariz nos permitimos ser más, pasar límites, fantasear”.
“El clown tiene su lenguaje, pero es a través del juego, de decirle que sí a todo”.
Comunidad, redes y construcción colectiva
Lejos de la idea del artista aislado, Erica se reconoce parte de una red. En Villa María nombra a sus primeras referentes: las payasas Clarita y Alberta, Fernanda Ludueña y Romina Miranda, junto a otros artistas locales con quienes comparte espacios, ferias e intervenciones.
También integra una comunidad latinoamericana de clown y ritoterapia. “Crecí muchísimo a partir de las comunidades. Con la pandemia, conectarnos por redes me abrió un mundo enorme”.
En la ciudad, la comunidad existe. “Nos conocemos, creamos juntes, nos pasamos laburos, improvisamos. Sí, hay comunidad”.
Cultura en disputa y políticas en riesgo
El diagnóstico es directo. “Está bravo”. Erica señala años de intentos por desfinanciar las instituciones culturales como el INT, el INCAA o el Fondo Nacional de las Artes. “Nos ponen como enemigos, diciendo que vivimos del Estado, cuando en realidad la mayoría nos autogestionamos”.
Cuenta su experiencia personal. En 2021 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes. “Ese mail donde me reconocen como artista me cambió la vida. Tuve que construir esa autoestima sola, convencerme día a día”.
Reconoce algunos avances locales, como el Ciclo Bonino, surgido por organización de teatristas autoconvocados. “Para nosotros es un montón, pero es solo eso”. A nivel provincial destaca el Circo Teatro Itinerante, aunque advierte que también está en riesgo.
“El desfinanciamiento hace que perdamos identidad y consumamos culturas que no son nuestras”.
El arte como cuidado, resistencia y respiración
Erica no separa arte, política y cuidado. “No puedo separarme de lo político. Mi arte nace de ahí”. Su payasa, Sujeta Brava, lo resume todo. “Nace de la bronca, de ser mujer. Siempre digo que es mi venganza”.
Ante quienes dicen que la cultura es un gasto, propone un ejercicio simple. “Imaginate un día sin cultura. Sin música. Sin teatro. Sin murales. Sin recuerdos”.
“La cultura es la respiración del pueblo”, dice, y agrega que el arte conecta, alivia y permite cuidar. “Cuido el monte, cuido la comunidad, cuido todo. Creo que el arte y el cuidado van de la mano”.
Fuente: En exclusiva con Revista Vértices.
Redacción
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