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Bio Gold: fertilización orgánica para recuperar y cuidar el suelo

Lo que comenzó en 2016 como una experiencia educativa junto a sus alumnos terminó convirtiéndose en un proyecto productivo con una fuerte impronta ambiental. Carla Tais impulsa Bio Gold, un fertilizante orgánico en presentaciones sólida y líquida que busca renovar y cuidar el suelo. En el marco de MECA26, la emprendedora villamariense contó a Revista Vértices cómo pasó de la docencia a vivir de su propio proyecto y por qué considera necesario incorporar una mayor conciencia ambiental a las formas de producir.

De una experiencia educativa a un proyecto productivo

 

La historia de Bio Gold empezó lejos de cualquier plan empresarial. En 2016, Carla Tais era profesora de estudiantes sordos y tenía que dar en la escuela contenidos sobre residuos orgánicos y no orgánicos. Ahí tuvo su primer contacto con el trabajo con lombrices. "Hicimos las primeras en tachos de 20 litros con mis alumnos", recuerda.

 

Cuando llegaron las vacaciones, las lombrices quedaron a su cargo, y esa experiencia escolar empezó a despertarle un interés propio. "Me fui como entusiasmando, aprendiendo y capacitándome sobre esto", cuenta. Con el tiempo amplió el criadero y profundizó su formación, hasta que en 2023 tomó la decisión definitiva: renunciar a su cargo docente para dedicarse por completo a la actividad. "Por ahí empecé siendo como un hobby y hoy vivo de esto", resume.

 

El corazón del proyecto

 

Hoy Tais desarrolla Bio Gold, que es un producto (fertilizante) orgánico en presentación sólida y líquida, pensado para renovar el suelo. Ahí está el corazón ambiental de la propuesta —más allá del crecimiento visible de una planta, la mirada se pone en la tierra y en las condiciones necesarias para sostener ese desarrollo.

 

"Mi producto, que es Bio Gold, implica cuidar esto, volver a renovar y cuidar el suelo, que creo que es donde estamos parados. Y si no cuidamos eso, hay un montón de cosas que se nos van a ir perdiendo", sostiene.

 

MECA26 como vidriera regional

 

Tais presentó su proyecto en MECA26, la Mega Exposición del Centro Argentino en Villa María, donde conviven producción agropecuaria, alimentos, tecnología y distintas experiencias productivas de la región. Es también una vidriera para emprendimientos que nacieron a pequeña escala y buscan un lugar en los circuitos comerciales —como el suyo, que arrancó con un par de tachos de lombrices y hoy es el sustento de su creadora.

 

De emprendedora a generar trabajo

 

La emprendedora trabaja junto a sus hijos, y hoy está avanzando en incorporar personal. Pero el camino no fue lineal: inversión, comercialización y posicionamiento siguen siendo obstáculos cotidianos. "Uno tiene la idea, lo siente en el cuerpo, pero a veces las realidades son otras, a nivel comercial, a nivel de inversión", señala.

 

"Que no aflojen"

 

Cuando le preguntamos qué mensaje le daría a quienes atraviesan un camino parecido, respondió sin pensarlo: "Que no aflojen". Y agregó: "Si tienen un propósito, que lo continúen, que lo defiendan a morir, porque yo creo que cuando uno empieza siendo emprendedor es porque ya lo sintió".

 

También habla de lo difícil que es ganarse un lugar en estructuras comerciales más grandes: "Cuesta mucho como emprendedor posicionarse en un punto que el contexto comercial o empresarial, por así llamarlo, es muy difícil que nos miren". Frente a eso, reivindica el vínculo con lo que cada uno construye: "Defiendan el producto, porque yo creo que el producto es el mejor compañero que uno tiene como emprendedor, es lo que nunca lo va a abandonar".

 

Una conciencia ambiental que crece

 

Para la emprendedora, hay una preocupación social cada vez mayor por las consecuencias ambientales de las actividades humanas. "Yo creo que la gente está empezando a tomar mucho más conciencia sobre el cuidado del medio ambiente", afirma. Y no lo ve como un tema limitado al campo: "No abarca solamente a un rubro, ya sea en este caso de fertilizantes, yo creo que nos abarca a nivel cotidiano". El clima, las inundaciones, las transformaciones en distintos territorios —todo eso, dice, empuja a cada vez más gente a preguntarse por el impacto de sus propias decisiones.

 

Cambiar la mirada sobre la fertilización

 

Uno de los desafíos que identifica dentro de su propio sector es romper con los paradigmas de la fertilización tradicional. "Cuesta romper el paradigma, sobre todo en mi caso, que tiene que ver con los fertilizantes químicos", explica, aclarando que no niega sus efectos inmediatos: "No es que no hagan bien, pero sí a largo plazo estamos encontrando las consecuencias".

 

De ahí vuelve a poner al suelo en el centro de la discusión —y también reconoce otra barrera, más difícil de nombrar: "Cuesta aún más salir de la cabeza de lo comercial, desde los números del billete y no poder ver más allá de eso".

 

El ambiente no termina en el campo

 

Para Carla, la discusión ambiental no puede quedar encerrada en la producción agropecuaria: un loteo, un desarrollo inmobiliario, cualquier actividad puede incorporar criterios de biodiversidad y cuidado ambiental. "Por las charlas en las que participo, por la gente que uno va hablando, yo creo que se está abriendo mucho más toda esta cuestión ambiental. No solo en campos, sino me parece en cualquier tipo de rubro", señala.

 

Los jóvenes y una nueva mirada

 

Tais nota también un cambio generacional: los nuevos profesionales incorporan con más naturalidad la variable ambiental en su formación y en sus decisiones productivas. "Hoy el ingeniero agrónomo que está estudiando o que recién se recibe mira mucho más toda esta cuestión ambiental", destaca —algo que la mantiene optimista sobre lo que puede venir.

 

Fuente: entrevista realizada por Revista Vértices a Carla Tais, creadora de Ciclas y Bio Gold, en el marco de MECA26 – Mega Exposición del Centro Argentino, Villa María.

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