Capital, tierra y Trabajo: la geopolítica del alimento y la fragilidad argentina
Venezuela y el superávit oculto que sostenía a la Argentina
“Con Venezuela, la Argentina es superavitaria dentro de los países de la región, mantiene un superávit constante”, explica Mattos, y precisa que ese intercambio se basaba fundamentalmente en exportaciones de alimentos como leche en polvo y carne, además de intercambio técnico.
Ese vínculo representaba “entre 200 y 300 millones de dólares” que ingresaban al país y que cumplían una función clave, ya que no demandaban divisas, sino que las generaban. “No era un lugar donde gastáramos divisas, al revés, nos ingresaban”, subraya.
La eventual marginación de Venezuela del circuito argentino no solo implica una pérdida comercial directa, sino también la ruptura de un equilibrio regional que ayudaba a compensar el déficit estructural con Brasil. La pérdida no es simbólica, es concreta y afecta la balanza externa.
Estados Unidos, Irak y el riesgo de quedar afuera de la reconstrucción
Mattos introduce una comparación clave para entender el escenario que se abre. “Uno puede pensar en la reconstrucción de Irak, donde solamente entraron las grandes empresas norteamericanas en infraestructura, alimentos, logística y telecomunicaciones”.
La advertencia es clara. Si Venezuela queda forzada a comprar exclusivamente a Estados Unidos, “no es una buena noticia para el productor argentino”. La competencia no es abstracta, se da rubros sensibles como alimentos, donde Argentina disputa mercados con empresas estadounidenses altamente concentradas.
Además, el conflicto no se limita al comercio de productos finales. “No es solamente venderle mayonesa”, aclara Mattos, sino que entran en juego semillas, fertilizantes, tecnología y capital, es decir, el control integral del ciclo productivo.
Agro, tecnología y el rol estratégico del conocimiento argentino
Venezuela, lejos de ser un actor pasivo, “tiene un potencial en maíz y soja”, aunque todavía no logra cubrir su mercado interno. Ese desarrollo estuvo vinculado a una experiencia concreta de cooperación regional.
Mattos destaca que “la Argentina hizo intercambio técnico a través del INTA” y remarca que “esta es la relevancia de tener el INTA vigente, porque generó las condiciones para un despegue importante del sector agropecuario venezolano”.
Aquí aparece un punto central para la soberanía argentina. Cuando el país invierte en conocimiento público y cooperación técnica, exporta capacidad estratégica, no solo productos. La pérdida de Venezuela como socio implica también ceder espacios de influencia tecnológica y productiva.
Guerra económica, hegemonía del dólar y control de insumos
Para Mattos, el núcleo del conflicto es la hegemonía del dólar y de las transacciones internacionales, junto con el control de insumos críticos.
Venezuela tenía su comercio exterior vinculado a Rusia y China, mientras que empresas estadounidenses como Chevron sostenían intereses estratégicos, especialmente en la zona del Esequibo. “Las petroleras apoyan que esa zona quede bajo jurisdicción de Guyana, porque quedaría bajo los negocios del petróleo norteamericano”, explica.
En paralelo, la Argentina muestra una alta dependencia en su comercio exterior. “Nuestro principal producto de exportación son los granos y los derivados, y el control está en manos de Cargill”, señala Mattos, remarcando que la concentración estadounidense en maíz, trigo y soja es hoy un dato estructural.
Tierra, alimentos y el límite de la independencia nacional
El cierre del análisis vuelve a los fundamentos clásicos de la economía política. “Capital, trabajo y tierra”, recuerda Mattos, retomando a Ricardo, Smith y Marx, y advierte que en la Argentina la tierra sigue siendo un valor estratégico central.
El dato es contundente. “El principal país con hectáreas rurales extranjerizadas en la Argentina es Estados Unidos, con alrededor de 2.700.000 hectáreas”. A esto se suma que Argentina, junto con Rusia, China y Kazajistán, concentra el 70 % de las tierras más aptas para producir alimentos.
En este contexto, la alineación automática con Estados Unidos y el abandono de una política soberana sobre Malvinas, Antártida y la Argentina bicontinental configuran un escenario de alta vulnerabilidad. “El gobierno no abraza la causa malvina ni la Argentina bicontinental, y eso preocupa”, advierte Mattos.
La disputa por Venezuela, entonces, no es externa ni lejana. Es una expresión más de un mundo convulsionado donde alimentos, energía, tierra y moneda definen el margen real de independencia de los países periféricos. Y la Argentina, hoy, juega ese partido desde una posición cada vez más frágil.
Fuente: Entrevista exclusiva realizada por Revista Vértices.
Redacción
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