Capitalismo salvaje, Estado en retirada y cooperativas en resistencia
Una transferencia de riquezas sin precedentes
Para Gandulfo, el presente económico argentino no admite eufemismos. Afirma que el país atraviesa “una etapa salvaje de transferencia de recursos y riquezas” hacia grupos altamente concentrados. No se trata solo de concentración económica tradicional, sino de actores que describe como “grandes delincuentes” que se apropian de valor, fragmentan el voto popular y erosionan cualquier posibilidad de construcción democrática.
En ese marco, sostiene que el ajuste actual no es neutral ni técnico. Es un proceso deliberado de reducción del Estado en su dimensión social y pública, cuyos efectos recaen de manera directa sobre trabajadores y trabajadoras, especialmente en áreas sensibles como la salud, el empleo y la protección social.
Del capitalismo financiero al tecnofeudalismo
El ex funcionario ubica la crisis argentina dentro de un cambio de paradigma global. Señala el pasaje del capitalismo financiero hacia un capitalismo de plataformas, al que define en términos de tecnofeudalismo, retomando debates contemporáneos sobre el poder de las grandes corporaciones tecnológicas.
Advierte que estos actores utilizaron el capital financiero para desarrollar una nueva forma de dominación económica, social y cultural. Ese proceso redefine las relaciones comerciales, laborales y comunicacionales, y deja a países como Argentina “engramados del lado de los perdedores”, alineados a potencias y estrategias ajenas a sus intereses productivos.
Apertura importadora, pymes en crisis y producción estancada
En el plano concreto, Alberto describe una economía invadida por productos importados, especialmente europeos y asiáticos, que destruyen agriculturas regionales, producciones locales y pymes. Basta recorrer supermercados para encontrar alimentos provenientes de países lejanos, mientras se profundiza la crisis del entramado productivo nacional.
A ese escenario se suma la automatización sin estrategia nacional y una política económica que no apuesta a generar riqueza a partir de la producción, sino que profundiza el ajuste sobre el gasto social. El resultado es una producción estancada, empresas endeudadas y comunidades empobrecidas.
Pobreza, endeudamiento y deterioro social
Gandulfo cuestiona con dureza los datos oficiales que intentan mostrar mejoras sociales. Afirma que en la Argentina real hoy hay más del 52 por ciento de pobreza, altos niveles de migración forzada y un deterioro profundo del empleo. Describe un mosaico de trabajadores empobrecidos, no registrados, independientes y asalariados bajo la línea de pobreza.
Uno de los rasgos más graves es el endeudamiento masivo como estrategia de supervivencia. Medicamentos, alimentos, impuestos y servicios se pagan con crédito caro. Recuerda que muchas de estas herramientas financieras se consolidaron durante el macrismo y no fueron revertidas posteriormente, generando un sistema de castigo permanente sobre los deudores populares.
Plataformas, evasión y Estado debilitado
El avance del capitalismo de plataformas también impacta en la recaudación y en la vida comunitaria. El referente señala que el crecimiento de compras por plataformas digitales implica una fuerte evasión fiscal, debilita el comercio local y reduce los recursos públicos.
Ese vaciamiento se traduce en salarios congelados, deterioro de servicios públicos y un aumento de conflictos sociales. Aparecen la violencia familiar, la violencia barrial, los homicidios y el hacinamiento habitacional como síntomas de un Estado que se retira y deja a las comunidades libradas a su suerte.
Historia, memoria y capacidad de respuesta popular
Aun en este contexto, Alberto introduce una mirada histórica que evita el derrotismo. Recuerda que la Argentina ha enfrentado crisis profundas y siempre generó respuestas colectivas. Desde las Madres de Plaza de Mayo frente a la dictadura, pasando por las fábricas recuperadas tras el 2001, hasta las políticas públicas de reconstrucción del Estado y el trabajo en los años posteriores.
Sostiene que esa historia no se pierde por un gobierno ni por un ministro, sino solo cuando un pueblo se olvida de ella. En esa memoria colectiva ubica la posibilidad de revertir el presente, siempre que se supere la fragmentación social, sindical y política.
Cooperativismo y economía solidaria como horizonte
El cierre del actual colaborador del IMFC, desarrolla una apuesta clara. Frente al ajuste y la concentración, propone resistir, organizarse e integrarse. Destaca el rol del cooperativismo, el mutualismo y la economía solidaria como herramientas concretas para reconstruir comunidad, generar servicios y producir valor local.
Pone como ejemplo experiencias de la provincia de Córdoba, desde cooperativas eléctricas que avanzan en energías renovables hasta sistemas de crédito cooperativo, políticas de hábitat popular y servicios de cuidado para personas mayores. Subraya la creación del Ministerio de Cooperativas como un reconocimiento institucional al sector, aunque insuficiente por sí solo.
Su mensaje final es político y económico a la vez. Sin organización, integración y un Estado fuerte reconstruido junto a la comunidad, no hay desarrollo posible. Pero con cooperativas, con economía solidaria y con participación popular, existe una herramienta real de transformación social.
Fuente: En exclusiva con Revista Vértices.
Redacción
No hay resultados para mostrar.
Todos los derechos reservados.
v2.10.1

