Coco Miotti: Música, oficio y compromiso en tiempos difíciles
La música empezó en la escucha
“Mirá, la música arranca, creo que como a todos nos debe pasar, de escuchar música en nuestras casas, escuchar a nuestros viejos o por algún pariente”. En el caso de Gerardo, ese primer vínculo no nació directamente desde un instrumento sino desde la escucha cotidiana. Recuerda “a mis viejos escuchando desde Phil Collins hasta los Tuku Tuku”, pero sobre todo recuerda otra cosa, una obsesión temprana con la radio.
“Yo muy de pendejo escuchaba radio, escuchaba mucha radio”. La escena que reconstruye es muy precisa y dice mucho de su formación. “A la noche me quedaba en el auto de mi viejo, me quedaba encerrado en el auto escuchando la radio, viviendo en Alto Alegre”. Desde ahí captaba señales y programas de Villa María, especialmente aquellos donde sonaba “rock internacional a la noche”. Después llegaron los primos, los amigos de los primos y los primeros casetes, que también escuchaba “en la casetera del estéreo del auto”.
Antes de estudiar, antes de tocar, antes de pensar en una carrera, hubo una escucha intensa, casi ritual, que fue moldeando el oído y el deseo.
El teclado, el conservatorio y la guitarra de Brian May
Cuando el vínculo pasó de la escucha a la práctica, el primer instrumento fue el teclado. “Teclado”, responde sin vueltas cuando le preguntan cuál fue el primero. No llegó como una elección planificada sino como un juguete heredado. Una maestra que había tenido en la primaria estaba desprendiéndose de juguetes de su hijo y entre esas cosas “estaba un tecladito, un Casio chiquito”. Ahí empezó “jugando un poco con el teclado, intentando sacar melodías como de oído, sin haber estudiado nunca”.
Más tarde vinieron las clases formales. “Después ya sí me mandaron a un profe que iba a Alto Alegre a dar clases de piano”. Incluso hizo “un par de años de piano en el conservatorio, en el Felipe Boero”. Pero el teclado no terminó siendo su lugar definitivo. En un momento apareció otra fascinación. “Yo me acuerdo de haber escuchado a la guitarra de Brian May, de Queen, y decir yo quiero tocar eso, quiero tocar la guitarra”. Ese impacto cambió el rumbo. “Entonces ahí me cansó el teclado y lo dejé, lo abandoné totalmente”.
Villa María, Xalacu y una vida metida en proyectos
Gerardo cuenta que llegó a Villa María un poco más grande, después de haber terminado la secundaria y de haber pasado un tiempo en el pueblo “más laburando, haciendo otros asuntos”, aunque con una idea clara. “Siempre estuvo claro el horizonte de querer hacer música, de estudiar, de dedicarme a la música”.
Esa decisión se fue concretando en una vida llena de proyectos. Su grupo folclórico sigue siendo un eje central. “Yo tengo mi grupo folclórico que sigue todavía hasta el día de hoy”, dice sobre Shalaku. “Con Shalaku ya llevamos once años”. Pero alrededor de esa experiencia hubo muchas otras. “Siempre estuve participando de proyectos musicales”, incluso en bandas donde no era “ni la cabeza ni alguien fundamental en el grupo”, pero sí una presencia constante.
Ahí aparecen nombres y recorridos diversos. Menciona el trabajo con Coco MC desde hace “nueve años”, la continuidad de Shalaku, y otros espacios actuales como “La Fabulosa Orquesta” y “Julia Hielo”. Su propia definición resume ese recorrido mejor que cualquier etiqueta. “Yo me considero mucho un laburante de la música, me considero más eso que músico”.
Se puede vivir de la música, pero de muchas maneras
La pregunta sobre si se puede vivir de la música toca el corazón de la entrevista. La respuesta no es ingenua ni romántica. “Se puede vivir de la música, pero hay un montón de maneras de vivir de la música”. Si se piensa en una sola actividad, la respuesta cambia según cuál sea. “Capaz que te diría que se puede vivir dando clases de música solamente”, pero “si me preguntás si se puede vivir de la música tocando solamente, la verdad que tenés que tener un proyecto que ya sea un poco más masivo”.
Su experiencia personal está en el medio de esas dos puntas. “Sí vivo de la música, porque no hago ninguna otra actividad que me reditúe dinero que no sea la música”. Pero esa vida musical está dividida. “Doy clases en una escuela secundaria, doy clases particulares en mi casa, de instrumento, y toco casi todos los fines de semana”. Por eso lo explica de forma muy concreta. “Mi actividad musical se divide en la docencia y se divide en la práctica, en el instrumentista más sesionista, si se quiere”. Incluso aclara qué significa eso. “El sesionista es el músico que toca en varios grupos, que lo contratan para que toque tal música”.
La música salva y el artista también tiene una tarea social
Cuando la charla se mete en el contexto actual, su mirada se vuelve más amplia. “Yo creo que siempre la música nos salva, desde lo espiritual hasta en lo social, en lo social y colectivo también”. Para Gerardo, esa capacidad de sostener, acompañar y aliviar no depende solo del contexto político actual, aunque hoy se vuelva más visible.
“Hasta en los momentos donde las políticas gubernamentales, el Estado, ha tenido una política más benévola, no solamente con los artistas, sino con los sectores más carenciados, hasta en esos momentos, el artista también está ahí como un bastión para ayudar”. Nombra campañas solidarias, apoyo colectivo y una función que excede el escenario. Y agrega que “hoy en día, con el contexto más adverso, sí, obviamente que siempre estamos para ayudar, para dar una mano, para dar un mensaje también”. Ahí aparece una definición muy fuerte de sentido. “Creo que ese es el fin de hacer música”.
Referentes que siguen interpelando
Al pensar en los artistas que lo representan, Gerardo traza un puente entre generaciones. Aparecen primero los nombres mayores y decisivos. “Horacio Guarany siempre ha sido un referente”, dice en relación al cantor y compositor, y enseguida suma a “Peteco Carabajal”, a quien considera un artista que “traspasa generaciones”. Lo explica de forma afectiva y familiar. “Desde mi viejo hasta mis primos, yo y gente nueva que viene haciendo música también, viste, Peteco siempre”.
También nombra a Mercedes Sosa, reconociendo que se trata de “gente consagrada”, pero subrayando algo más importante que la consagración. “Su música quedó, y sigue siendo también una guía”.
Cuando le piden actuales, insiste con Peteco como figura todavía vigente porque “hasta el día de hoy sigue haciendo cosas nuevas, y sigue interpelando”. Después aparece una referencia más generacional y contemporánea. “Lo de Milo J me parece tremendo”. No lo destaca solo por las canciones sino por una actitud. “Me parece muy sincero, en plantarse él siendo un pibe con 19”. Y cierra mirando a Dura Tierra, a “Micaela Vita y Juan Saracho”, porque le resulta “muy interesante cómo van montando su carrera musical”. En ese recorrido entre folclore, rock pop y vuelta al folclore, Gerardo encuentra una forma de moverse que también lo inspira. “Yo saco un poquito de cada uno”.
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.
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