Cooperar frente al individualismo: la organización colectiva como experiencia cotidiana
La cooperación muchas veces se encuentra presente incluso allí donde predomina un discurso profundamente individualista. Familias, organizaciones sociales, clubes, asociaciones y redes comunitarias funcionan cotidianamente a partir de prácticas colectivas que permiten sostener necesidades y afrontar dificultades.
En su entrevista publicada en Entrevistas en Acción IV, la socióloga Gisela Catanzaro analiza las transformaciones del sentido común y advierte sobre el avance de una subjetividad vinculada al individualismo extremo.
Uno de los procesos que observa está relacionado con la precarización del trabajo y el crecimiento de las economías de plataforma. Estas formas laborales pueden debilitar las experiencias de organización sindical y reducir los espacios de encuentro entre trabajadores.
La idea de que cada persona depende exclusivamente de su esfuerzo individual aparece así como una de las expresiones centrales del presente. Sin embargo, Catanzaro introduce una observación importante: incluso quienes adhieren a esos discursos participan de formas de cooperación que forman parte de su vida.
Allí aparece una contradicción que merece ser explorada. La vida cotidiana demuestra permanentemente que las personas dependen unas de otras. Los cuidados, la organización barrial, las redes familiares, los clubes, las asociaciones y las distintas expresiones comunitarias cuestionan en la práctica la idea del individuo completamente aislado.
Esta perspectiva encuentra un punto de contacto con los valores de la economía social. Cooperativas, mutuales y asociaciones nacen precisamente del reconocimiento de que determinadas necesidades pueden resolverse de manera colectiva.
La cooperación, en ese sentido, no es solamente un ideal. Es una práctica concreta que atraviesa múltiples dimensiones de la vida social. Muchas comunidades organizan servicios, trabajo, cuidados, cultura y consumo mediante redes construidas sobre la confianza y la reciprocidad.
El desafío está en hacer visibles esas experiencias. Cuando el discurso dominante presenta al éxito como un mérito exclusivamente individual, quedan ocultos los vínculos, instituciones y comunidades que sostienen cada trayectoria.
La economía social permite mirar esas relaciones desde otra perspectiva. Una cooperativa reconoce que sus integrantes necesitan construir una herramienta común. Una mutual parte de la ayuda recíproca. Una asociación organiza personas alrededor de una necesidad, un derecho o un objetivo compartido.
Todas estas formas cuestionan la idea de que la sociedad es solamente una suma de individuos que compiten entre sí.
La reflexión de Catanzaro permite trasladar el debate hacia una pregunta concreta: ¿qué experiencias de cooperación siguen funcionando en nuestras comunidades, incluso cuando el discurso público insiste en el individualismo?
Tal vez una parte de las respuestas para enfrentar la fragmentación social ya exista en la vida cotidiana. Está en aquellas personas que se reúnen, organizan recursos, construyen instituciones y buscan soluciones compartidas.
La cooperación continúa siendo una práctica social vigente. El desafío consiste en reconocerla, fortalecerla y construir desde ella nuevas respuestas para una sociedad atravesada por la precarización y el aislamiento.
Fuente: Entrevistas en Acción IV, entrevista “El experimento Milei”, Gisela Catanzaro, por Osvaldo Aguirre. Acción–IMFC. [Leer aquí]
Fuente: Foto Revista Acción
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