Cooperativas: una respuesta colectiva que nació frente a la necesidad
Una historia que nació por necesidad
Durante julio, el movimiento cooperativo volvió a recordar una historia que empezó “por pura necesidad y terminó cambiando el mundo”.
La referente propuso viajar a Inglaterra, al año 1844, cuando “28 tejedores se quedan sin laburo por la llegada de las nuevas máquinas”. Frente a esa situación, lejos de resignarse, decidieron organizarse.
“Juntaron sus pocas monedas y fundaron la primera cooperativa moderna para comprar alimentos de calidad y defenderse de las estafas”, recordó.
Ese gesto inicial permitió marcar un camino. No fue solamente una respuesta económica frente a una necesidad inmediata. También fue una forma de construir organización, defensa colectiva y participación democrática.
“Eso también fue hacer historia”, sintetizó la voz del espacio, al destacar que una experiencia nacida desde abajo terminó dando origen a un movimiento global.
El cooperativismo echó raíces en Argentina
La intervención también recuperó el recorrido argentino del movimiento.
“En Argentina, el movimiento cooperativo echó raíces con la llegada de los inmigrantes”, señaló San Martín.
A partir de ese proceso surgieron “panaderías solidarias” y “cooperativas agrícolas históricas”, experiencias que comenzaron a organizar respuestas comunitarias frente a necesidades concretas de trabajo, producción, consumo y acceso a bienes esenciales.
El cooperativismo argentino fue creciendo como una herramienta vinculada al territorio, a las comunidades y a sectores que buscaban resolver colectivamente problemas que el mercado tradicional no atendía.
En ese recorrido, 1958 aparece como un año clave.
El IMFC y una herramienta para producir
La referente recordó que en 1958 se produjo “un hito fundamental”: la fundación del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
“El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos nació en Rosario para hacer algo revolucionario”, afirmó.
Ese objetivo consistía en “reunir los fondos ociosos de las cajas de crédito de distintas regiones y dirigirlos hacia donde hacían falta para producir”.
La definición resume una de las grandes apuestas del cooperativismo de crédito: poner el ahorro y los recursos financieros al servicio de la producción, del trabajo y de las necesidades del entramado económico local.
Desde esa perspectiva, el crédito no aparece como una mercancía más ni como una herramienta de especulación, sino como un instrumento para promover desarrollo.
Cajas de crédito, pymes y trabajadores
A partir de esa experiencia, el IMFC impulsó “una red de casi mil cajas de crédito”.
Esa red “dio aire a las pymes y a miles de trabajadores excluidos de la banca tradicional”.
La frase permite comprender la importancia social del cooperativismo financiero. Muchas pequeñas y medianas empresas, trabajadores, comercios y productores no encontraban respuestas en los circuitos bancarios tradicionales.
Las cajas de crédito permitieron abrir una puerta. En lugar de concentrar los recursos en pocos actores, el movimiento cooperativo buscó orientarlos hacia quienes necesitaban producir, sostener empleo y desarrollar actividades en sus comunidades.
Esa historia muestra que el cooperativismo no es una práctica marginal. Fue, y sigue siendo, una herramienta concreta para democratizar el acceso al financiamiento.
Organización e ingenio frente a los obstáculos
La intervención también recordó que el movimiento cooperativo debió atravesar fuertes dificultades.
“A pesar de los obstáculos y las políticas impuestas durante las dictaduras, el movimiento resistió con organización e ingenio”, sostuvo la referente.
Esa resistencia permitió sostener la identidad cooperativa en contextos adversos y buscar nuevas formas de continuidad institucional.
En 1979, ese proceso impulsó la creación del Banco Credicoop, “que hoy es un referente de la banca cooperativa”.
El recorrido permite unir distintas etapas de una misma historia: la organización de base, la construcción de herramientas financieras, la defensa de las cajas de crédito, la resistencia frente a políticas restrictivas y la consolidación de una banca cooperativa con presencia nacional.
Un movimiento con peso económico y social
El cooperativismo argentino reúne hoy “más de 20.000 entidades activas”, representa “cerca del 10% del Producto Bruto Interno” y vincula “a más de 9 millones de personas”.
Estos datos muestran la magnitud de un sector que muchas veces es presentado solo desde su dimensión solidaria, pero que también tiene un peso económico decisivo.
Las cooperativas participan en distintas áreas: servicios públicos, producción agropecuaria, crédito, consumo, trabajo, vivienda, comunicación, cultura, educación, salud y tecnología, entre muchas otras.
Su importancia no reside únicamente en el volumen de entidades, sino en la manera en que organizan la actividad económica. Cada persona asociada participa de un modelo donde la democracia, la ayuda mutua y la comunidad ocupan un lugar central.
Un gigante mundial
La reflexión también ubicó al cooperativismo argentino dentro de un movimiento global.
“No es solo una historia argentina. Si miramos el mapa, el cooperativismo es un gigante mundial”, señaló San Martín.
Existen “alrededor de 3 millones de cooperativas en todo el planeta” y “más de 1.200 millones de personas están asociadas a una cooperativa”.
Es decir, “el 12% de la población mundial participa de un modelo democrático donde cada persona tiene un voto, sin importar cuánto capital aporte”.
La regla de una persona, un voto marca una diferencia profunda frente a otras formas empresariales. En una cooperativa, el poder no depende del capital aportado, sino de la participación democrática de sus integrantes.
Trabajo, producción y cooperación
La intervención también destacó que las cooperativas sostienen “de manera directa el 10% del empleo mundial”.
Desde el campo hasta la alta tecnología, el cooperativismo se expresa en múltiples actividades económicas. Incluso, “las 300 cooperativas más grandes del planeta facturan cerca de 3 billones de dólares”.
Estos datos permiten desmontar una idea frecuente: que la cooperación pertenece solo a experiencias pequeñas o testimoniales.
El cooperativismo puede tener escala, capacidad productiva, impacto económico y presencia global sin abandonar sus principios democráticos.
Por eso, el movimiento cooperativo demuestra que es posible organizar empresas, generar trabajo y producir riqueza desde una lógica distinta a la competencia individualista.
Crecer sin dejar a nadie atrás
“Hace casi dos siglos, 28 tejedores demostraron que la unión hace la fuerza. Hoy, más de 1.200 millones de personas lo confirman todos los días”, expresó la referente.
La celebración del Día Internacional de las Cooperativas permitió reafirmar un modelo económico que “demuestra que es posible crecer sin dejar a nadie atrás”.
Ese crecimiento no se mide solamente en balances. También se expresa en trabajo digno, acceso a bienes y servicios, arraigo territorial, participación comunitaria y construcción de oportunidades.
La intervención cerró con un compromiso: “construir puentes, generar trabajo digno y transformar la competencia en cooperación”.
En tiempos donde muchas veces se impone la lógica del aislamiento, el cooperativismo vuelve a mostrar que “la unión y la solidaridad son las fuerzas más poderosas para transformar el mundo”.
Fuente: Micros del IMFC
Fuente: Foto Diario Conclusión
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