Cooperativismo y bienes comunes frente al debate energético
La bandera también fuera de la cancha
“El miércoles pasado la selección argentina le ganó a Inglaterra y los jugadores levantaron la bandera de las Malvinas”, recordó Gabi Nact al abrir su reflexión.
La imagen despertó emoción y orgullo. “Nos emocionamos, sentimos el orgullo soberano latir en nuestros corazones”, señaló.
Pero a partir de esa escena, la referente propuso una pregunta necesaria. “Vale entonces preguntarse por qué algunos no lo sienten de la misma manera, o eso parece, a la hora de pensar nuestro proyecto estratégico como nación”.
La reflexión invita a llevar la idea de soberanía más allá del símbolo, de la camiseta o de una celebración deportiva. También se trata de cuidar “nuestros bienes comunes y nuestros recursos”, especialmente cuando están en juego sectores estratégicos para el país.
Nucleoeléctrica y un caso concreto
Para pensar esa discusión, Nact puso el foco en un caso concreto: Nucleoeléctrica Argentina, “la empresa estatal que opera nuestras centrales nucleares”.
La intervención mencionó Atucha I, Atucha II, Embalse y el Proyecto CAREM en Zárate.
Según explicó, esta empresa “aporta más del 7% de la energía a nuestro sistema” y reportó “más de 17.000 millones de pesos de excedente en el primer trimestre de este año”.
El dato permite observar que no se trata de una estructura marginal, sino de una empresa vinculada directamente con la provisión energética, la tecnología nacional y la capacidad del país para decidir sobre un insumo esencial.
El Proyecto CAREM y la tecnología nacional
Uno de los puntos centrales de la intervención fue el Proyecto CAREM. Nact subrayó que se trata de “tecnología de punta 100% de diseño y producción nacional”.
La importancia de ese proyecto no está solamente en su valor técnico. También expresa conocimiento acumulado, trabajo argentino, desarrollo científico y capacidad productiva propia.
La referente señaló que “alrededor de 100 países en el mundo están desarrollando proyectos similares”, pero “solo 4 están en condiciones de lanzarlo próximamente”. Y uno de ellos es Argentina.
Por eso, el abandono o la paralización de una iniciativa de estas características implica mucho más que una decisión administrativa. Significa poner en riesgo una capacidad estratégica construida durante años.
Un proyecto estratégico en riesgo
Según Nact, “las medidas actuales del gobierno están abandonando y parando este proyecto”, lo que implica tirar “a la basura con mucha irresponsabilidad e ineficiencia los más de 700 millones de dólares invertidos hasta ahora”.
La crítica apunta a una contradicción profunda. Mientras se frena un proyecto de desarrollo nacional, al mismo tiempo se habilita “un proyecto nuclear que tiene la misma función, pero ya viene hecho desde afuera”.
Esta situación plantea una pregunta de fondo sobre el rumbo del país. No se trata solo de elegir entre una tecnología u otra, sino de decidir si Argentina quiere desarrollar capacidades propias o depender de soluciones importadas.
La energía nuclear, en este caso, aparece como un terreno donde se cruzan soberanía, ciencia, producción y trabajo.
Privatización parcial y soberanía energética
La intervención también advirtió que “el gobierno avanza con la privatización parcial de Nucleoeléctrica, habilitada por la Ley Bases”.
Para Nact, esto “perjudica el desarrollo tecnológico nacional, la continuidad de proyectos estratégicos y, en especial, nuestra soberanía energética”.
La soberanía energética fue definida como “nuestra capacidad de decidir sobre un insumo elemental que de base es nuestro”.
Esa definición permite entender por qué el debate no se reduce a una cuestión empresarial. La energía está presente en los hogares, los comercios, las industrias, el transporte, la producción y la vida cotidiana.
Quien controla la energía también influye sobre los costos, las tarifas, la planificación productiva y las posibilidades de desarrollo.
Uranio, bienes comunes y decisiones estratégicas
En paralelo, Nact señaló que se firmó un acuerdo con Estados Unidos “para exportarle el enorme excedente de uranio que hoy tenemos en nuestro país”.
La referente recordó que Argentina cuenta “con enormes reservas de este mineral que no consumimos”.
A partir de ese dato, planteó una serie de preguntas: “¿Por qué comprometer así nuestros bienes? ¿Quién decide sobre ese excedente? ¿Por qué no elaborar ese mineral para alimentar nuestra propia producción, nuestra propia economía?”.
El planteo vuelve a poner en el centro la discusión sobre los bienes comunes. No alcanza con tener recursos. También importa quién decide sobre ellos, para qué se usan y qué encadenamientos productivos pueden generar dentro del país.
Energía, tarifas y vida cotidiana
La reflexión también conectó estas decisiones estratégicas con la vida diaria.
“Finalmente, esta decisión está directamente relacionada con las tarifas de gas y luz que pagamos diariamente en nuestras casas, comercios e industrias”, sostuvo Nact.
El vínculo es claro. La política energética no es una discusión lejana, reservada a especialistas. Impacta en el costo de vivir, producir, trabajar y sostener actividades económicas.
También se relaciona con “el control de un sector estratégico que no puede regirse solamente por la lógica de la ganancia privada”.
Desde esta mirada, la energía debe ser pensada como una herramienta de desarrollo, como un derecho vinculado al bienestar y como una condición básica para la producción nacional.
Ciencia, trabajo y economía real
Nact remarcó que “esto no es solo una discusión técnica o económica”.
“Es una discusión sobre soberanía, sobre la capacidad de un pueblo de generar y aprender su propia tecnología, de sostener encadenamientos productivos que den trabajo, que demanden científicos, que hagan mover la economía real”.
La frase resume uno de los ejes más importantes de la intervención. Un proyecto energético nacional no genera únicamente electricidad. También produce conocimiento, empleo, industria, innovación, proveedores, formación técnica y oportunidades para distintos sectores productivos.
Cuando se abandona un desarrollo propio, no se pierde solamente una obra. También se debilita una red de capacidades humanas, científicas y productivas.
Planificación, derechos y control público
Para la referente, “los sectores estratégicos tienen que estar planificados a gran escala”, pensando “en el desarrollo nacional, en el buen vivir de todo el pueblo y en la garantía de nuestros derechos”.
La planificación aparece como una condición necesaria para que los recursos no queden sujetos únicamente a intereses privados o decisiones de corto plazo.
Nact también planteó la importancia de organizarnos “con control público, democrático y popular sobre lo que es de todos, todas y todes”.
La idea apunta a que los bienes comunes y los sectores estratégicos requieren participación, transparencia y una mirada colectiva. No se trata solamente de administrar recursos, sino de decidir qué modelo de país se quiere construir con ellos.
Defender el futuro
El cierre de la intervención recupera la imagen inicial de la bandera.
La pregunta queda abierta: “¿Vamos a seguir levantando la bandera solo en la cancha? ¿O también la vamos a defender cuando se trata de nuestra energía, de nuestros bienes comunes, de nuestro trabajo acumulado y de nuestro futuro?”.
La reflexión propone ampliar el sentido de soberanía. Defender la bandera también implica cuidar la energía, la tecnología nacional, los recursos naturales, el trabajo científico y las capacidades productivas.
En esa clave, la soberanía no es solo emoción. Es decisión, planificación, organización y defensa de lo que permite construir un futuro propio.
Fuente: Intervención de Gabi Nact para el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, sobre soberanía energética, Nucleoeléctrica Argentina, Proyecto CAREM, recursos estratégicos y bienes comunes.
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