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Cuando el mercado excluye, la economía social incluye. Una mirada desde el 8M

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, el Banco Credicoop Filial Villa María, a través de su Comisión de Asociados/as y Personal, llevó adelante un encuentro para reflexionar sobre el rol de las mujeres en la producción y el trabajo. La actividad se realizó ayer lunes en su sede de Buenos Aires 1329 y generó un espacio para debatir sobre desigualdades, inclusión y el aporte de la economía social en la construcción de un modelo más equitativo.

La economía social como respuesta a la exclusión


Uno de los ejes centrales del encuentro estuvo vinculado al papel de la economía social, solidaria y popular como herramienta de inclusión frente a un mercado que deja afuera a amplios sectores.

 

Durante su intervención, una de las disertantes fue contundente al señalar el sentido de estos espacios.


“Generar un espacio para todas esas personas a las que el mercado va dejando afuera”, sostuvo.

 

En ese sentido, cuestionó los criterios tradicionales de productividad que rigen el sistema económico.


“Como no son útiles, no son eficientes o eficaces según lo que exige el mercado, van quedando afuera”, expresó.

 

Frente a esta realidad, remarcó que el movimiento cooperativo no debe ser entendido como un complemento marginal.


“No somos una de las opciones, sino que realmente podemos ser una opción viable”, afirmó, destacando su potencial para construir alternativas económicas con base en la solidaridad.

 

Discapacidad y trabajo. Una desigualdad estructural


Otro de los puntos más relevantes del encuentro fue la discusión sobre la situación de las personas con discapacidad en el mundo laboral.

 

Según se planteó, los niveles de exclusión son alarmantes.


“El 93% de las personas con discapacidad están en desempleo”, advirtieron, vinculando esta realidad con las exigencias de un mercado que no contempla la diversidad.

 

En este contexto, se subrayó que quienes tienen una discapacidad enfrentan exigencias adicionales para demostrar su capacidad.


“No es simplemente demostrar que tengo condiciones, tengo que demostrarlo permanentemente en la práctica”, señalaron.

 

La reflexión se orientó a cuestionar no solo las barreras materiales, sino también las culturales y simbólicas que condicionan el acceso al trabajo.

 
Sujetos de derechos, no objetos de asistencia


Uno de los conceptos más fuertes del encuentro giró en torno al cambio de paradigma en relación a la discapacidad.

 

La disertante enfatizó la importancia de dejar atrás miradas asistencialistas.
“No nos paramos ni desde la pena ni desde la compasión, sino como sujetos de derechos”, afirmó.

 

En este sentido, destacó el valor de los avances normativos, particularmente la incorporación de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad con rango constitucional en Argentina.

 

Este reconocimiento implica un cambio profundo.


“Ser reconocidos como sujetos de derechos nos permite tener condiciones de igualdad y equidad”, explicó.

 

A partir de allí, se abrió una reflexión sobre la diferencia entre igualdad y equidad.
“La igualdad es darle lo mismo a todos, pero si no todos tenemos las mismas condiciones de acceso, eso no alcanza”, sostuvo.

 
Participación real y políticas públicas inclusivas


Otro eje clave del encuentro fue la necesidad de garantizar la participación efectiva de las personas en la construcción de políticas públicas.

 

En ese marco, se planteó una demanda concreta.


“Sería importante que quienes gestionen políticas de discapacidad sean personas que entiendan, que vivan esa realidad”, indicaron.

 

Esta mirada pone en discusión la forma en que se diseñan las políticas públicas y quiénes ocupan los espacios de decisión.

 

Además, se propuso repensar el concepto de vulnerabilidad.


“Si soy un sujeto vulnerado es porque otros no me permitieron acceder a oportunidades”, expresaron, desplazando la responsabilidad desde el individuo hacia las estructuras sociales.

 
Desigualdades de género y trabajo


El encuentro también abordó las desigualdades que atraviesan a las mujeres en el mundo laboral.

 

Otras disertantes hicieron foco en las asimetrías estructurales, señalando las dificultades de acceso, permanencia y reconocimiento que enfrentan las mujeres en distintos ámbitos productivos.

 

En este sentido, el 8M fue entendido no solo como una fecha conmemorativa, sino como una oportunidad para visibilizar conflictos vigentes y exigir transformaciones concretas.

 
Una agenda que interpela al modelo de desarrollo


La jornada impulsada por el Banco Credicoop dejó en claro que los debates sobre género, trabajo y discapacidad no pueden pensarse de manera aislada.

 

Las intervenciones coincidieron en la necesidad de avanzar hacia un modelo que ponga en el centro a las personas. “El movimiento cooperativo tiene como horizonte el sujeto”, sintetizaron.

 

Desde esta perspectiva, la economía social aparece no solo como una herramienta de inclusión, sino como una propuesta política y económica que disputa el sentido del desarrollo, promoviendo condiciones más justas, equitativas y humanas.

 
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.

 

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