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Darío Chiantore: “El que se apasiona por la radio no tiene límites”

Criado en Carrilobo dentro de una familia trabajadora vinculada al tambo, Darío Chiantore comenzó a hacer radio cuando apenas tenía nueve años. Estudió mientras trabajaba, atravesó diferentes emisoras y medios de Villa María y hoy conduce su propio proyecto en Sacanta. En el marco del Día de la Radiodifusión Argentina, el periodista y locutor repasó su historia y reflexionó sobre un medio que, lejos de desaparecer, encontró en internet nuevas fronteras: “La radio es magia, imaginación y conexión”

 

"La radio que nos une": Darío Chiantore y una vida entera detrás del micrófono

 

Tenía nueve años cuando dio sus primeros pasos en una emisora de su Carrilobo natal. "Arranqué a los nueve años, cuando era muy chico, en mi pueblo natal", recuerda Darío Chiantore. De ahí pasó a una FM de Sacanta en la adolescencia y después volvió a una emisora de Carrilobo, donde empezó a profesionalizarse en serio.

 

Ese crecimiento coincidió con el final del secundario y el arranque de la universidad en Villa María. Ahí apareció una constante que lo acompañaría durante años: estudiar y trabajar al mismo tiempo. "En cierto modo por ahí era más complicado trabajar y estudiar, pero hoy, ya viéndolo en la vida adulta y viéndolo diez o quince años para atrás, creo que fue la combinación perfecta: poder estudiar y ejercitarme en lo que yo elegí para mi vida", reflexiona.

 

"La radio siempre me salvó"

 

Hay algo en el vínculo de Chiantore con el medio que va más allá de lo profesional. "Yo siento que la radio siempre me salvó de las cosas feas, de las cosas que me han sucedido. La radio siempre fue como un hilo conductor", dice. Y remata con una frase que funciona casi como principio de vida: "El que se apasiona por la radio no tiene límites nunca".

 

De una familia tambera a las radios de Córdoba

 

Sus padres eran tamberos, y de chico escuchaba una emisora de Los Zorros, un pueblo chico de la región. No era solo entretenimiento: el tambero, el peón, el tractorista, buscaban trabajo a través de esa radio. "Ese tipo de radio a mí me ha marcado mucho y es lo que mamé de chico", explica. Una radio cercana, útil, pegada a la comunidad donde transmite —esa idea quedó incorporada para siempre en su forma de entender la comunicación.

 

Después vino el recorrido por medios más grandes: Cadena 3 Villa María, Radio Show, Canal 20. Hasta que decidió dar un paso distinto: dejar de trabajar para otros y dirigir su propio medio.

 

Tener una radio propia

 

Hace un año y medio que Chiantore está al frente de su propia emisora en Sacanta. Invertir, asumir riesgo comercial, y hacerse una pregunta nada trivial: ¿todavía hay lugar para una FM local en plena digitalización?

 

"Es la primera vez que yo dirijo un medio con un fin comercial propio", cuenta. La respuesta a esa pregunta resultó ser sí, pero con matices: la gente sigue escuchando radio, aunque ya no necesariamente por el dial. "Se sigue escuchando, pero de distintas maneras, no solo en la frecuencia modulada, sino a través de internet y a través de las aplicaciones", explica.

 

"La gente del pueblo quiere escuchar la radio del pueblo"

 

Había una idea instalada: que solo las radios grandes iban a sobrevivir a la transformación digital. Para Chiantore, la experiencia demostró lo contrario. "Se pensaba que las radios grandes solamente iban a permanecer y continuar en la era digital. Y la verdad que no: la gente del pueblo quiere escuchar la radio del pueblo y también lo hace de manera digital", sostiene.

 

Le sorprende, dice, la cantidad de gente que elige escucharlo por internet o aplicaciones. Una radio chica del interior, de repente, sin las fronteras que antes le imponía la antena.

 

De Sacanta a España, Italia y África

 

Los domingos, la radio transmite al club de fútbol de Sacanta. Y ahí aparece el ejemplo más claro de ese cambio: gente que nació en el pueblo y hoy vive lejos puede seguir a su equipo. Chiantore registró oyentes desde Buenos Aires, España, Italia, incluso África. "Gracias a la radio del pueblo pueden escuchar cómo le fue al club de su pueblo, estén donde estén", cuenta.

 

La tecnología que durante años se presentó como amenaza terminó multiplicando el alcance. La FM sigue siendo local en su identidad, pero ya no en su audiencia.

 

Las voces locales como estrategia

 

"Yo no soy sacantino, pero emprendí en Sacanta", dice Chiantore sobre el desafío de armar un medio en un lugar que no es el suyo. Una de sus decisiones fue que la mayoría de la programación estuviera conducida por gente de ahí: "La mayoría de los programas de mi radio son conducidos por sacantinos", destaca.

 

Hay una lógica detrás: en los pueblos, la gente quiere escuchar a gente de su propio pueblo. Y esa cercanía borra distancias —el que habla al aire después camina por la misma calle, y se cruza con quien lo escuchó, para bien o para mal.

 

Enamorar a las nuevas generaciones

 

Si hay algo que a Chiantore todavía le genera dudas es cómo devolverle la radio a las generaciones más jóvenes. "Yo creo que la tarea difícil que tiene la radio ahora es enamorar a las nuevas generaciones", afirma.

 

Tiene 36 años y sigue escuchando radio en el auto y en su casa. Pero nota que a los 24 o 25 el hábito es otro: van directo a Spotify, a YouTube. Las generaciones anteriores incorporaron naturalmente esa mezcla de información, música y compañía; muchos jóvenes hoy consumen todo eso por separado. Por eso, dice, hay que llevar la radio a las redes, las apps, la web —sin perder la identidad radiofónica en el camino.

 

De la "chanchita" al celular

 

El viejo grabador, la radio de cocina, la popular "chanchita", ya no hacen falta. Un productor agropecuario, un tambero, un chacarero, escucha la radio directamente desde el teléfono mientras trabaja. "Necesitamos combinar el viejo método de que nos escuchen por FM, pero también necesitamos estar aggiornados a las nuevas tecnologías", resume Chiantore. La cercanía radiofónica ya no depende de estar cerca de la antena, sino de compartir una identidad.

 

La influencia cordobesa

 

Entre las radios que lo formaron, menciona especialmente lo que se hizo desde Córdoba y cómo Cadena 3 rompió con la centralización histórica de Buenos Aires. Más allá de diferencias ideológicas con algunos de sus protagonistas, destaca esa capacidad de trasladar al oyente de un extremo del país al otro: de una nevada en Tierra del Fuego a un verano en Mar del Plata, de una tragedia a la vida de una nena en una escuela rural. Para él, ahí está una de las cosas más poderosas del lenguaje radial.

 

Esa influencia convive con la otra, la de las radios chicas del interior cordobés que escuchó de chico. Su proyecto actual busca juntar ambos mundos.

 

Una audiencia que escucha aunque no siempre participe

 

"La gente escucha la radio, pero no te escribe", explica Dario. Lo comprobó cuando la radio cumplió un año e hicieron un sorteo de 200 mil pesos: ahí aparecieron oyentes que nunca se habían comunicado antes. "Ahí vimos que la gente te escribe, que hay audiencia, solo que hay que conquistarla", resume.

 

Información, entretenimiento, magia e imaginación

 

Le pedimos que resuma qué es la radio para él. Cuatro palabras: información, entretenimiento, magia, imaginación. Después agrega una quinta: pasión. "Cualquiera que trabaje en una radio, si no le pone pasión, el producto termina siendo obsoleto", sostiene.

 

"Uno todas las mañanas abre el micrófono y dice 'buen día'. No sabés adónde estás llegando, quién te está escuchando. Y ahí es donde se produce la magia", reflexiona.

 

La responsabilidad de estar del otro lado

 

Quien conduce puede tener un mal día, problemas, preocupaciones. Pero del otro lado hay alguien esperando. "La gente no tiene la culpa de eso", afirma Chiantore. Hay, dice, un doble compromiso: con uno mismo y con quien decidió sintonizar.

 

Emprender cuando cae el consumo

 

Con unos 15 años de experiencia en comercialización publicitaria, el joven periodista, pero experimentado, ve el escenario económico desde otro lugar. Sabe que la pauta suele ser de los primeros gastos que se recortan en una crisis. "Cuando no hay ingresos o no hay consumo interno, como está pasando, donde la gente no compra, no consume, la gente está endeudada, el emprendedor, el comerciante o la empresa, ante esta situación, lo primero que corta es la publicidad", dice.

 

Ahí ve un error de base: "La gente ve la publicidad todavía como un gasto y en realidad la publicidad es una inversión".

 

La publicidad como construcción de marca

 

"En realidad la publicidad es una inversión a largo plazo, que genera un colectivo imaginario e institucional", explica desde su rol de productor publicitario. Alguien puede escuchar el nombre de un comercio durante meses sin comprar nada, pero cuando lo necesite, va a saber que existe. "Ese es el verdadero sentido de la publicidad, no la venta. La venta va a venir después", plantea. Para un medio chico o mediano, esa relación con comercios y pymes locales termina siendo la base de su sustentabilidad.

 

Emprender lejos de casa

 

Cuando invirtió en el equipamiento no tenía certezas de que fuera a funcionar, y encima lo hacía fuera de su lugar de origen. "Cuando invertí en el equipamiento de la radio no sabía si iba a funcionar o no, porque no es mi lugar de origen. Yo no soy sacantino, pero emprendí en Sacanta, y la verdad que con mucho éxito", recuerda.

 

La tecnología puede llevar una señal cordobesa a cualquier punto del planeta, pero el vínculo real se arma cuando del otro lado hay una voz, un club, un comercio, un nombre que pertenece a la comunidad.

 

"La radio es magia, imaginación y conexión"

 

Desde el niño de nueve años en Carrilobo hasta el que hoy dirige su propio proyecto, la radio fue ese "hilo conductor" que Chiantore reconoce en su propia historia. Cambios tecnológicos, transformaciones comerciales, nuevas plataformas, y los tantos pronósticos que la daban por muerta —y sin embargo, sigue encontrando nuevas formas de llegar.

 

"La radio es magia, es imaginación, es conexión", sintetiza. Y ahí calza su propio eslogan: "La radio que nos une". Une frente a una buena noticia y también ante una mala; conecta al que se quedó en el pueblo con el que se fue a miles de kilómetros.

 
Fuente: entrevista realizada por Revista Vértices a Darío Chiantore.

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