De De Paul le dio el pase a Tapia
Los medios de comunicación no solo informan. Muchas veces también operan, tergiversan y erosionan. En este caso, apuntan contra la institucionalidad de la AFA para allanar el camino a las sociedades anónimas deportivas. Pero el objetivo no termina ahí. También buscan golpear la moral del ciudadano argentino, porque el fútbol sigue siendo uno de los grandes refugios de alegría, pertenencia y esperanza del pueblo.
La lógica no es nueva. Se intenta desgastar o vaciar todo liderazgo popular que tenga anclaje real en el territorio y en la sensibilidad colectiva. Lo hicieron con el Papa, a quien durante años buscaron alejar simbólicamente de la Argentina. Lo hicieron con Maradona. Lo hicieron con Messi cada vez que pudieron. Y también lo hacen con toda figura o institución que funcione con cierta normalidad por fuera del libreto del poder. Fragmentar, desgastar y desidealizar experiencias colectivas es parte de una ofensiva cultural que pretende instalar que la única salida posible es el individualismo.
En ese escenario, la AFA pasó a ocupar un lugar político que excede largamente lo deportivo. Se volvió un motor de sociabilidad en sectores populares, una herramienta de contención emocional y física, y también una fuente concreta de ingresos en dólares para el país.
El fútbol argentino no solo produce espectáculo. Produce comunidad, identidad, movilidad social y horizontes familiares que muchas veces ningún otro dispositivo logra garantizar en tiempo y espacios. No es solo una alianza singular de clases sociales como se observan en la cancha o fracciones politicas como aparecen en las comisiones deportivas. No es puramente por toma y daka de la coyuntura opera otras diversidades como el afecto, la identidad y las pocisiones que no son lineales dentro de la esfera deportiva.
Y precisamente por eso incomoda. Porque frente a las nuevas redes de poder que quieren transformar al fútbol en un simple mecanismo de dominación cultural, negocio concentrado y espectáculo sin pueblo denominada posfútbol, la AFA todavía conserva una lógica asociativa que construye lazos reales generando intermediaciones que molestan. Esos lazos son reconocidos a nivel internacional, pero también se sienten en el interior profundo de la Argentina, donde el club, la camiseta y la comunidad siguen teniendo un valor social difícil de reemplazar.
Por supuesto, Tapia puede haber tomado decisiones apresuradas, como ocurrió con la entrega del premio a Ángel Di María y a Rosario Central, un gesto que luego fue aprovechado políticamente por distintos interlocutores para opacar una agenda nacional cada vez más deprimida por la situación económica y social. Pero una cosa es reconocer errores y otra muy distinta es usar esos episodios como excusa para vaciar el papel institucional de la AFA y atacar todo lo que representa.
Por eso Tapia paga costos. Porque encarna, con todas sus contradicciones, una estructura que no se subordinó completamente a los intereses políticos, económicos y culturales que buscan rediseñar el fútbol argentino desde arriba. Lo que está en discusión no es solo una conducción. Lo que está en juego es el sentido mismo del fútbol como espacio de organización, de pertenencia y de producción simbólica.
Si hubiera claudicado desde 2018 ante cada presión del establishment, probablemente hoy sería celebrado como una gran historia de ascenso social. Del basurero a la presidencia. Del hijo de trabajadores al conductor de una megaembajada deportiva.
Por eso el ataque no se explica solamente por nombres propios ni por resultados deportivos. Se explica porque el fútbol argentino sigue siendo una reserva de comunidad en un tiempo de fragmentación, y porque la AFA, con todas sus tensiones, todavía expresa una institucionalidad que no terminó de rendirse ante la lógica del mercado absoluto. Tal proceso personal de persecucion penal en el marco del sistema judicial que enfrenta Tapia se podría leer en terminos precisos que el exceso del éxito puede ser un problema (tras ganar varios títulos en poco tiempo), en donde una vez más opera las literaturas que abordan el pantano que atraviesa la cultura argentina, en este caso actualizado a nuestros tiempos El Medio Pelo de A. Jauretche o el Hombre Mediocre de J. Ingenieros.
Fuente: Foto El Destape
No hay resultados para mostrar.
Todos los derechos reservados.
v2.16.0

