Del campo a la industria: el cooperativismo como herramienta para agregar valor
De recuperar cooperativas a construir una política específica
Cuando la actual gestión comenzó su recorrido hace casi siete años, uno de los primeros problemas detectados fue la existencia de cooperativas agropecuarias que habían perdido o tenían comprometida su matrícula. Frente a ese escenario, recuerda el funcionario, la decisión fue conformar un equipo administrativo específicamente orientado al sector agropecuario y agroalimentario.
La estructura reunió herramientas contables, legales, técnicas y administrativas para acompañar a las entidades. “Nos ponemos sobre la mesa esas cooperativas y les damos una mano para reutilizar su matrícula”, sintetizó el responsable del área, agregando que la estrategia también buscó impulsar la constitución de nuevas organizaciones.
Una de las herramientas surgidas posteriormente fue la Incubadora de Cooperativas Agropecuarias, destinada a acompañar entidades jóvenes mediante asistencia administrativa, técnica y contable. Bento señaló durante la entrevista que el programa alcanzó a 133 cooperativas; información oficial previa del Ministerio ya registraba 130 entidades creadas mediante la iniciativa.
Información para construir políticas públicas
Otro componente de la estrategia fue generar información específica sobre el cooperativismo agropecuario y agroalimentario bonaerense. El dirigente estatal recordó el trabajo realizado junto a la Universidad Provincial de Ezeiza para contar con “datos reales, concretos” sobre el sector.
Ese diagnóstico, explicó, permitió avanzar hacia nuevas políticas de fortalecimiento institucional y agregado de valor, además de proyectar vinculaciones científico-tecnológicas entre cooperativas vinculadas al agro y organizaciones del campo tecnológico.
Para el entrevistado, la política cooperativa necesariamente debe conservar cierta flexibilidad: “Entendemos que el sector va actualizando sus necesidades y sus demandas. Algunas de ellas las sostenemos y fortalecemos y después vamos generando nuevas alianzas”.
“El cooperativismo es la herramienta con más futuro”
Su lectura excede la consideración de las cooperativas como una figura jurídica para organizarlas como actores económicos. “El cooperativismo, para nosotros, sin lugar a dudas, es la herramienta con más futuro que tiene no solo la provincia de Buenos Aires sino la Argentina”, afirmó.
Bento destacó particularmente el efecto territorial del modelo. Según expresó durante la conversación, el cooperativismo está presente en buena parte de las localidades, participa del producto y posee una incidencia significativa sobre las exportaciones agropecuarias. Pero su argumento central pasa por el destino de los excedentes generados.
“Cada mango que tengan las cooperativas son mangos que están en la localidad y quedan ahí, se reinvierten”, sostuvo. Esa característica convierte al asociativismo, desde su perspectiva, en una herramienta capaz de relacionar producción con desarrollo local y arraigo.
La producción necesita servicios
Pensar el agregado de valor solamente desde la actividad agropecuaria sería insuficiente. El director incorporó al análisis el papel desempeñado por las cooperativas de servicios y resumió esa relación mediante una definición: “La producción sin servicios no existe”.
Conectividad, fibra óptica, redes y extensión eléctrica aparecen entonces como componentes de una misma estrategia. “Todo eso va encadenado, no es una cosa sin la otra, es una política integral”, explicó.
Recién sobre esa infraestructura pueden consolidarse procesos productivos capaces de avanzar hacia etapas superiores de transformación. El agregado de valor, en esta mirada, no comienza solamente comprando una máquina: requiere previamente condiciones territoriales que permitan producir, transformar y posteriormente comercializar.
Hasta $30 millones para agregar valor
Una de las herramientas destacadas durante la conversación fue Agregado de Valor Cooperativo, convocatoria que busca financiar proyectos de industrialización, encadenamiento productivo, comercialización y fortalecimiento de las entidades.
En su sexta convocatoria, el programa estableció subsidios de hasta $10 millones para cooperativas de hasta diez asociados y hasta $30 millones para aquellas con más de diez integrantes. El objetivo oficial es fortalecer la incorporación de las cooperativas a las cadenas de valor y promover procesos de industrialización en origen.
Bento explicó que las inversiones permiten completar procesos que quedaron truncos mediante incorporación de maquinaria, infraestructura o herramientas de comercialización. “Para nosotros es importante fortalecer la comercialización de productos cooperativos”, remarcó.
De producir el grano a transformarlo
La discusión de fondo aparece cuando el campo deja de ser pensado únicamente como proveedor de materias primas. El funcionario formuló el interrogante de manera directa: “¿Cómo hacemos para pasar de generar maíz, trigo, soja, girasol? ¿Cómo hacemos para agregarle valor a esa producción?”.
Entre los ejemplos mencionó inversiones realizadas por cooperativas de Tres Arroyos vinculadas al procesamiento de avena y al mejoramiento de sus instalaciones productivas. De acuerdo con su testimonio, las diferentes iniciativas movilizaron más de $3.000 millones.
Son proyectos que, destacó, “agregan valor, dan laburo”, abren canales comerciales y permiten diversificar las actividades. Para que esas capacidades puedan desarrollarse, consideró necesario el acompañamiento estatal: las inversiones deben ser productivamente posibles, pero también económicamente rentables.
Arraigo frente a la apertura económica
La perspectiva bonaerense fue contrapuesta durante la entrevista con la orientación económica nacional. El responsable de Cooperativas Agropecuarias cuestionó particularmente los efectos de la apertura importadora sobre la producción argentina.
“Sabemos que a nivel nacional es un momento complicado, donde la apertura indiscriminada atenta contra la producción nacional. Nosotros sostenemos ese entramado productivo y no nos corremos de eje”, expresó.
De allí surge una de las definiciones centrales de la conversación: “Estamos convencidos de que la solución de la Argentina es con más arraigo y con más agregado de valor”.
Conectividad, tecnología y logística: los próximos desafíos
Cuando la conversación avanzó hacia los desafíos estructurales de una Argentina productiva, el funcionario identificó tres grandes cuestiones: servicios y conectividad, incorporación tecnológica y logística.
En particular, señaló la necesidad de mejorar la circulación de la producción en el interior bonaerense mediante camiones y ferrocarriles. También consideró que existe una oportunidad para profundizar las inversiones privadas destinadas a transformar materias primas y reclamó políticas nacionales de crédito que acompañen esos procesos.
“Hay un Estado que ve un sector estratégico productivo y que quiere agregar valor”, sostuvo al describir las herramientas provinciales. El objetivo sería construir las condiciones para que producir más no signifique exclusivamente extraer mayores volúmenes, sino también industrializarlos dentro del territorio.
Alimentos cooperativos y el desafío de llegar al consumidor
El último eje de la entrevista estuvo dedicado a las redes de comercialización de la economía social. El funcionario destacó la existencia de diferentes experiencias que buscan conectar productores cooperativos, comercializadoras y consumidores mediante circuitos asociativos.
Sin embargo, identificó dos obstáculos principales. Por un lado, “la retracción del consumo de alimentos”, que repercute sobre todo el entramado comercial. Por otro, nuevamente la logística: integrar producciones provenientes de territorios separados por miles de kilómetros puede elevar considerablemente los precios finales.
En ese escenario, destacó instrumentos provinciales orientados a la comercialización y al consumo, entre ellos Mercados Bonaerenses y Cuenta DNI, además de normativas adaptadas a productores de menor escala. Su planteo vuelve así al punto inicial: una política cooperativa no puede estar aislada, sino articulada con producción, infraestructura, financiamiento, industrialización y mercados.
Para el titular de la Dirección, el desafío consiste en lograr que esa cadena permita transformar producción primaria en alimentos, industria y empleo dentro de las propias comunidades. El cooperativismo aparece, desde esa perspectiva, no solamente como una forma asociativa sino como una herramienta para discutir qué se produce, dónde se agrega valor y cuánto de esa riqueza permanece en los territorios.
Fuente: Entrevista de Revista Vértices a Nicolás Bento, director de Cooperativas Agropecuarias del Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires.
Fuente: Foto Tiempo Argentino
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