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Del diario de Yrigoyen al diario de JP Morgan

Mientras Luis Caputo insiste en mostrar una economía sin crisis y con récords en variables seleccionadas, amplios sectores de usuarios y consumidores siguen enfrentando una realidad marcada por el ajuste, la pérdida de poder adquisitivo y la imposibilidad de llegar a fin de mes. Entre la ironía oficial, el blindaje mediático y la distancia con la experiencia cotidiana, el relato libertario busca imponer una normalidad que buena parte de la sociedad todavía no reconoce como propia.

 

Las declaraciones de Luis Caputo en el programa de Majul dejaron algo más que una defensa de la política económica del gobierno. Expusieron una forma de narrar la realidad desde una zona cada vez más alejada de la experiencia concreta de la vida de los ciudadanos en su relacion como contribuyentes, usuarios y consumidores.

 

Allí donde el ministro insiste en que el consumo se elevó, buena parte de los índices locales con mayor rigurosidad metodológica muestran otra cosa. La contradicción no es menor. Mientras desde el oficialismo se intenta instalar que no hay crisis y que incluso existen récords en algunos aspectos de la economía, en la vida cotidiana persiste una percepción social marcada por la dificultad para llegar a fin de mes, la caída del poder de compra y el malestar creciente que circula con fuerza en las redes.

 

En ese punto, el gobierno ya no parece leer la realidad desde el viejo diario de Yrigoyen, sino desde el diario de JP Morgan. No se trata solo de una metáfora. Se trata de una forma de observar la economía desde los indicadores que mejor dialogan con las finanzas, la macro o la estabilización, dejando en un segundo plano la dimensión concreta del consumo popular y la situación de los hogares. Caputo, con una ironía cada vez más visible, intenta blindar una estética oficial que solo puede sostenerse a partir de la contradicción. No logra darle sentido a la anomalía que expresa una parte importante de la sociedad, porque necesita presentar como recuperación lo que para amplios sectores sigue siendo ajuste, privación y deterioro.

 

A eso se suma otra inconsistencia política. El ministro cuestiona al periodismo no dominante como si fuese el que marca agenda, cuando en realidad los medios masivos de comunicación y los sectores algorítmicos dominantes están mayoritariamente alineados con la estrategia libertaria o, al menos, contribuyen a amplificar su narrativa central. Sin embargo, ni siquiera con toda esa batería de instrumentos comunicativos a su favor el oficialismo consigue neutralizar del todo el descontento. Allí aparece un límite estructural. No puede explicar de manera convincente la realidad de los ciudadanos que expresan su bronca en redes, de los usuarios y consumidores que no llegan a fin de mes y de una sociedad que sigue percibiendo la distancia entre el relato triunfalista y la vida material.

 

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Fuente: Foto El Destape

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