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Después de 30 años alquilando, a 7 días de la oportunidad que puede cambiar su vida

Después de casi nueve años de aportes, 30 de alquiler y trabajo sostenido, una asociada de la Cooperativa Horizonte siente que la vivienda propia está cada vez más cerca. Su testimonio refleja cómo el modelo cooperativo y la economía social permiten que personas que no accederían al crédito tradicional puedan construir, paso a paso, el sueño de la casa propia.

“Hoy siento mucha esperanza”. Así comienza el relato de una mujer que lleva casi nueve años aportando a la Cooperativa Horizonte mientras sostiene, al mismo tiempo, el alquiler y el esfuerzo cotidiano de trabajar sola.

 

“Creo que ya van a ser nueve años de sacrificio. Pagando alquiler, trabajando sola, entonces siento esperanza de que ya dentro de poco me va a llegar el día de tener mi casa”, expresó con emoción.

 

Para ella, el cooperativismo no representa solamente una alternativa. Representa la única posibilidad concreta de acceder a una vivienda. “Es la única forma de tenerla, es esta cooperativa. Si no, nunca la podría tener”.

 

Su reflexión también pone en evidencia una realidad que atraviesa a muchas familias trabajadoras. Frente a la imposibilidad de acceder a un crédito hipotecario o reunir grandes sumas de dinero, el sistema de aportes cooperativos aparece como un camino posible.

 

“Un aporte de 150.000 o 200.000 pesos por mes, ¿a dónde vas a tener algo? Nunca vas a tener nada. Y sin embargo, de a pasito, pasito, pasito, creo que pronto la voy a sacar”.

 

La experiencia personal también la convirtió en una promotora del proyecto. Cuenta que recomienda la cooperativa a otras personas que atraviesan situaciones similares.

 

“Yo recomiendo a mucha gente. Tengo unos vecinos que empezaron hace poquito a pagar porque yo les comenté”. Cuando esos nuevos asociados le dicen que recién comienzan y que todavía tienen poco ahorro, ella les responde desde su propia historia.

 

“Yo cuando empecé también no tenía nada y, sin embargo, ahora ya estoy llegando”.

 

Su testimonio resume uno de los principios más fuertes de la economía social: demostrar que, cuando el esfuerzo individual se organiza colectivamente, el acceso a derechos como la vivienda deja de ser una ilusión para convertirse en un proyecto posible.

 

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