Día del Encargado: orgullo, compromiso y vidas salvadas en Villa María
“Mirá, el 2 de octubre de 1942 se creó el Sindicato Único de Trabajadores y Ayudantes de Renta, así se llamaba en ese momento, para diferenciarlo de otras actividades como el servicio doméstico. Con los años se transformó en el Sindicato Único de Trabajadores de Edificio de Renta y Propiedad Horizontal. Desde aquel día, cada 2 de octubre se celebra el Día Nacional del Encargado”, recuerda Mónaco, con la serenidad de quien conoce su oficio desde adentro.
Más allá de las fechas, su mirada está puesta en el presente: “Hoy, con la modernidad y las tecnologías, hay algo que no se reemplaza: la confianza que brinda una persona que está todos los días, que cumple un horario, que acompaña a la gente. No se trata solo de limpiar, de cuidar el ascensor o las bombas de agua. Se trata de estar ahí, de ser ese ‘buen día’, ese vecino que recibe una carta, que avisa si alguien te buscó. Esa cercanía no la suple ninguna máquina”.
Un oficio con orgullo y vidas salvadas
Con dos décadas de experiencia, Mónaco carga un orgullo singular: “Tengo en mi haber haber salvado cuatro vidas”, dice con firmeza. Una persona descompuesta que pudo socorrer justo a tiempo, otra caída en la calle a la que trasladó de urgencia, alguien más con una hemorragia gástrica que asistió hasta la llegada de su familia. “Son cosas que uno a veces olvida en la rutina de la pelea por el sueldo, pero son las que realmente te marcan”, asegura.
Precarización y amenazas al oficio
Sin embargo, no todo es reconocimiento. Para el delegado villamariense, el oficio enfrenta una amenaza concreta: la proliferación de empresas de limpieza informales. “Son empresas truchas que no tienen ART, pagan sueldos bajos y se limitan a tirar perfumina, barrer un poco y sacar la basura. Eso no es ser encargado. El verdadero encargado no solo mantiene el edificio, también acompaña a la gente que vive allí”, advierte.
El desafío en Villa María
“Villa María está creciendo mucho. Mi desafío es que haya más encargados que no se limiten a limpiar espacios comunes, sino que también brinden acompañamiento humano. No es meterse en la vida privada de la gente, es estar presente con esos pequeños gestos que hacen la diferencia”, señala Mónaco.
Orgullo y compromiso
Entre la queja por sueldos que nunca alcanzan y las exigencias crecientes de los consorcistas, Mónaco encuentra la clave en tres principios: honestidad, puntualidad y coherencia. “Ser encargado es tener la certeza de que alguien confía en vos, de que cuando lo necesite puede llamarte y vas a estar. Eso es lo que nos diferencia, y eso es lo que no se reemplaza con ninguna tecnología”.
Fuente: Entrevista exclusiva de Revista Vértices a Sergio Mónaco, delegado de SUTERyH Villa María.
Redacción
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