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Discursos en tensión, identidad y representación de la mujer iraní

Ella es la licenciada Evelin Carando, flamante graduada de la UNVM, además trabaja en el área de Comercio Exterior de AERCA. Tiene 25 años con un fuerte interés por las relaciones internacionales y por el comercio exterior. Tal vínculo no surgió de manera abstracta, sino a partir de una experiencia concreta de intercambio cultural en México, en Pachuca de Soto, Estado de Hidalgo. Ese recorrido académico y vital fue preparando el terreno para una investigación mucho más ambiciosa, su tesis sobre la construcción de la identidad de la mujer iraní y la disputa de sentidos entre Occidente y Oriente.

Evelin Carando, reciente politóloga graduada en la Universidad Nacional de Villa María, presenta una tesis que pone en tensión las miradas dominantes sobre la mujer iraní. A partir de un enfoque postestructuralista, su investigación analiza cómo se construyen las identidades en medio de discursos contrapuestos entre Occidente y Oriente, incorporando voces de mujeres musulmanas y cuestionando estereotipos arraigados. En diálogo con la actualidad geopolítica, los debates de género y las contradicciones del discurso occidental, su trabajo propone una lectura compleja que invita a repensar no solo Irán, sino también nuestras propias formas de entender los derechos, la cultura y la identidad.
 


Una joven politóloga, una tesis reciente y una pregunta incómoda para Occidente

 

Cuando se le pregunta qué la llevó a elegir ese tema, la respuesta no aparece como una iluminación repentina, sino como una acumulación de curiosidades que fueron tomando forma. “Mi interés, básicamente, por este tema comenzó cuando tuve una de las materias relacionadas a todo lo que es la geopolítica”, dice, recordando especialmente el trabajo con el profesor Marcelo Montes en la Universidad Nacional de Villa María. A partir de una investigación inicial sobre Medio Oriente y los derechos de las mujeres, empezó a percibir que detrás de la narrativa occidental dominante había algo más. “Sentía que más allá de lo que uno ve, de lo que uno escucha y de lo que nos cuenta Occidente en sí, había otra cosa”, afirma.

 

Esa sospecha fue el verdadero disparador de la tesis. No se trataba solo de estudiar un país o una coyuntura, sino de desarmar una mirada cristalizada. A medida que avanzó en la investigación, encontró en la Revolución iraní de 1979 un punto de inflexión decisivo para entender por qué la cuestión de las mujeres, de sus derechos y de su representación pública sigue siendo hoy un terreno de disputa.

 

La mujer iraní entre la mirada occidental y su propia voz


Uno de los ejes centrales de su trabajo consiste en poner en tensión dos relatos. “Yo lo que hago es poner en conflicto la palabra de Occidente con la palabra de Oriente”, explica. Ahí está, justamente, el núcleo fuerte de su tesis. No quiso hacer un estudio sobre la guerra ni sobre la geopolítica en abstracto, sino sobre “cómo era vista la mujer desde fuera y cómo ellas construían su propia identidad desde dentro”.

 

Para eso necesitó romper con la imagen más repetida sobre Irán y sobre las mujeres musulmanas, esa que las muestra únicamente como oprimidas, sin voz, encerradas en una cultura monolítica. “Yo necesitaba saber si atrás de todo eso había algo. Y claramente sí”, dice. Su investigación, desde un enfoque postestructuralista, la llevó a escuchar otras voces y a incorporar testimonios que desestabilizan la mirada simplificadora del mundo occidental. “Me permitió también poder acceder a voces iraníes, mujeres, voces musulmanas”, afirma, remarcando que fueron justamente ellas quienes le permitieron “ver con otros ojos la situación”.

 

La palabra identidad aparece una y otra vez en su explicación, y no como una categoría vacía. Para ella, la construcción de la identidad de la mujer iraní se da en medio de una doble tensión. Por un lado, frente al discurso occidental que habla sobre ellas desde afuera. Por otro, en conflicto también con el propio régimen iraní. “No solamente las mujeres tienen un conflicto con lo que Occidente pueda llegar a crear como verdad desde fuera, sino que también ellas tienen un conflicto interno con el régimen iraní”, sostiene. Es en ese cruce donde, según su lectura, las mujeres iraníes logran construir un discurso propio.

 

Tesis, actualidad y una guerra que volvió a tocar el tema


La investigación no se desarrolló en un vacío. Mientras ella terminaba de corregir y entregar su tesis, el escenario regional se volvió todavía más tenso. “Entre noviembre y mediados de diciembre… fue cuando comienzan los ataques de Occidente a Oriente, específicamente en Irán”, recuerda. Para entonces, el trabajo ya estaba prácticamente concluido, pero la escalada del conflicto volvió inevitable una pregunta, si correspondía o no abrir la tesis a ese nuevo contexto.

 

Cuenta que incluso consultó a su director y a su codirector sobre la posibilidad de incorporar algo de lo que estaba pasando. “¿Les parece que pueda abrir en alguno de mis capítulos algún abanico?”, les preguntó. Aunque su trabajo ya tenía una dimensión histórica y geopolítica que explicaba la tensión entre Occidente y Oriente, la coyuntura reciente obligaba a repensar algunos sentidos. Finalmente, incorporó algunas referencias en el primer y en el último capítulo, no como eje central, sino como modo de mostrar que el conflicto que analiza viene de mucho tiempo atrás y sigue proyectándose en el presente.

 

En ese contexto, también tomó notas sobre discursos del líder iraní y sobre la forma en que hablaba de la comunidad y de las mujeres en medio de la guerra. Esa observación no fue anecdótica. Le permitió ver cómo, aun en un escenario atravesado por la violencia internacional, las mujeres siguen apareciendo en el centro de la disputa política, simbólica e identitaria.

 

Cine, estereotipos y la fabricación de una verdad sobre Oriente


Para construir ese análisis, Evelin trabajó también con representaciones culturales. En particular, con películas producidas desde una mirada occidental. Entre ellas menciona No me iré sin mi hija, La del viajante y La lapidación de Soraya. Su elección no fue casual. Buscó materiales que condensaran una forma específica de mostrar a la mujer iraní o musulmana desde el cine occidental.

 

De todas ellas, reconoce que No me iré sin mi hija fue una de las más fuertes. “La verdad que tiene un discurso muy doloroso, muy machista”, dice sin rodeos. Explica que el foco de la película está puesto en presentar esa cultura como una alteridad negativa, como un “otro” amenazante, cruel, oscuro. Y si bien admite que la historia genera impacto, también subraya que lo hace desde una construcción muy sesgada. “El foco está puesto en mostrar a esa cultura como siempre alguien mala, como el otro, como el externo”, dice, trayendo incluso la referencia a Edward Said y al orientalismo.

 

En ese punto, el cine aparece en su tesis no solo como ilustración, sino como dispositivo político. A través de esas películas, Occidente no solo representa a las mujeres iraníes, sino que produce una verdad sobre ellas. Por eso en uno de sus capítulos trabaja justamente en desmontar ese mecanismo. En el tercero analiza cómo se construye esa mirada externa, y en el cuarto intenta producir “un contradiscurso a esa verdad”, utilizando las voces de las propias mujeres entrevistadas.

 

Los estereotipos internos y el miedo como forma de control


Pero su investigación no se agota en la crítica a Occidente. También indaga en los estereotipos que circulan dentro de la propia sociedad iraní. Cuenta que una de las preguntas que hizo en sus entrevistas fue justamente cuáles eran los estereotipos que las mujeres podían reconocer en su comunidad. La respuesta de las mujeres iraníes entrevistadas fue clara, uno de los núcleos más fuertes de ese sistema de control es el miedo. “Uno de los estereotipos… es justamente esto del miedo de dejar a su marido, que la comunidad no las ayude, no las acepte”, explica.

 

Ese dato le permitió vincular sus entrevistas con el contenido de algunas películas y, al mismo tiempo, entender que la opresión no funciona solo como imposición legal o religiosa, sino también como presión social, comunitaria y simbólica. El peso del mandato no está solamente en el Estado, sino en el conjunto de relaciones que hacen muy difícil para muchas mujeres romper con lo esperado.

 

Allí su tesis se vuelve especialmente potente, porque evita tanto la idealización como la demonización. Ni repite la caricatura occidental ni desconoce las tensiones reales que viven las mujeres iraníes dentro de su propia sociedad. Lo que intenta mostrar, más bien, es una complejidad donde las mujeres no son meras víctimas mudas ni tampoco sujetos abstractos de emancipación, sino actores que disputan sentidos en medio de estructuras opresivas de muy distinta índole.

 

La Revolución del 79, una revolución pensada desde otro lugar


Hacia el final de esta primera etapa aparece uno de los temas más sugestivos de la entrevista, la interpretación de la Revolución Islámica de 1979. Evelin plantea algo que corre de eje la lectura clásica. “Esta revolución no es entendida con los mismos términos que nosotros entenderíamos una revolución”, afirma. Y enseguida explica por qué.

 

Retomando a Michel Foucault, sostiene que se trató de una revolución que no fue armada en el sentido tradicional. “Fue una revolución donde solamente se salió a las calles y se protestó hasta el cansancio”, dice. Para acercarla a una sensibilidad más contemporánea, la compara con los procesos de movilización masiva protagonizados por mujeres en Argentina, como las marchas por el aborto legal. Lo que intenta mostrar no es una equivalencia política directa, sino una forma distinta de pensar la irrupción colectiva, donde el cuerpo en la calle y la persistencia de la protesta producen transformación.

 

Esa lectura abre una puerta importante para su tesis. Porque la Revolución del 79 no aparece solo como antecedente histórico, sino como un momento que todavía sigue ordenando buena parte de las relaciones entre el Estado, la religión, las mujeres y la identidad nacional iraní. La pregunta por cuánto de esa herencia persiste hoy no se responde de forma simple, pero su trabajo parte justamente de esa inquietud.

 

Revolución, identidad y rechazo a la colonización cultural


La flamante graduada profundiza su lectura sobre la Revolución de 1979 desde un lugar que rompe con la mirada occidental más simplificada. “La revolución de 1979 sucede porque previamente a eso había un régimen donde no se habían dado los cambios adecuados respecto al islam”, explica, señalando que ese gobierno previo era percibido como excesivamente “moderno” y desconectado de la cultura y la religión.

 

Recuerda que en ese contexto “a las mujeres se las permitía andar sin el jilbab y tener un rol más activo”, pero también que se habilitó el ingreso de Estados Unidos y posibles acuerdos que generaron rechazo social. A partir de allí, emerge una idea central en su trabajo. “La gente dijo no, nosotros no podemos dejar que colonicen nuestra identidad”, afirma, destacado que la revolución tuvo un fuerte componente de defensa cultural y nacional.

 

Ese punto le genera una reflexión clave. Mientras en Occidente se tiende a juzgar ese proceso como un retroceso, ella propone complejizarlo. “¿Qué, vas a hacer una revolución para volver a ponerte un velo? No, no va por ese lado”, sostiene. Introduce el concepto de modestia como un valor cultural significativo y explica que existen múltiples grupos dentro de la sociedad iraní, algunos más religiosos, otros más autónomos y otros directamente opositores.

 

En ese marco, entiende que tanto en el pasado como en el presente “hay personas que siguen protegiendo su identidad nacional y luchando para que Estados Unidos no los colonice”. Reconoce que existen diferencias internas, pero insiste en que una parte importante de la sociedad iraní sigue defendiendo su cultura, su religión y su forma de organización.

 
Cuerpo, cultura y contradicciones en los debates de género


Al abordar los debates actuales, introduce una aclaración metodológica importante. “Yo no toqué mucho la parte del género, me situé más en el discurso y en la construcción de la identidad”, explica. Sin embargo, reconoce que el tema aparece inevitablemente cuando se trabaja con mujeres.

 

Ahí surge una de las tensiones más interesantes de su análisis. El cuerpo como territorio de disputa. “Se pone siempre en jaque el cuerpo como un medio de poder”, señala, y lo vincula tanto a la experiencia iraní como a situaciones que ocurren en Argentina.

 
Derechos, doble vara y una crítica incómoda


En este punto, la entrevista se vuelve más frontal. Evelyn no esquiva una crítica que sabe que puede generar incomodidad. Señala que en Argentina ciertos sectores han cuestionado históricamente las protestas de mujeres, su forma de vestirse o de manifestarse, pero al mismo tiempo no se cuestionan acciones violentas en el plano internacional.

 

“Se juzga cómo las mujeres luchan por sus derechos, pero no se cuestiona cuando Estados Unidos bombardea una escuela con niñas y niños”, plantea, poniendo en evidencia lo que considera una doble vara. Para ella, ese tipo de contradicciones también forman parte del problema que su tesis intenta abordar, cómo se construyen ciertas verdades y qué intereses las sostienen.

 

Aclara que este enfoque no aparece de manera explícita en toda su tesis, porque no quiso centrarla exclusivamente en género, pero sí reconoce que el tema atraviesa su trabajo. Retoma incluso autoras como Judith Butler para pensar “el cuerpo como herramienta de opresión y de poder”, y cómo ese cuerpo es constantemente juzgado, regulado o interpretado desde distintas miradas.

 
Investigar desde el interior, construir desde la escasez


En el plano académico, la politóloga también pone sobre la mesa una dificultad concreta. La falta de antecedentes. “Hay muy poco, incluso en relaciones internacionales, sobre Irán en Argentina”, afirma, marcando la escasez de bibliografía específica.

 

Dentro de ese contexto, destaca algunas referencias cercanas, especialmente el trabajo doctoral de un profesor de la Universidad Nacional de Villa María. Pero más allá de eso, explica que gran parte de su investigación se sostuvo en un trabajo casi artesanal. Entrevistas, recomendaciones, búsquedas en bibliotecas y el aporte de compañeros de la universidad.

 

“Fui buscando, pidiendo recomendaciones, investigando en bibliotecas y con las personas que entrevisté”, cuenta, resaltando el rol clave de su entorno académico. En ese sentido, su tesis no solo es un aporte teórico, sino también el resultado de una construcción colectiva y de un esfuerzo sostenido desde un espacio universitario del interior.

 
Una tesis para entender, no para juzgar


Al momento de sintetizar su trabajo, Evelin vuelve a la idea central. “Mi trabajo fue descubrir cómo se construye la identidad de la mujer iraní”, explica, teniendo en cuenta que existen múltiples grupos internos y que hay “dos discursos totalmente diferentes, uno que viene desde fuera y otro que se construye desde dentro”.

 

Esa doble mirada es la clave de su investigación. No se trata de elegir un lado, sino de comprender la complejidad. De cuestionar las verdades dadas y de abrir espacio a otras voces. En definitiva, de entender que detrás de cada relato hay disputas de poder, de sentido y de identidad.

 
Fuente: en exclusivo para Revista Vértices.

 

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