Edgar Bruno: el delasotismo como doctrina desde el interior
Edgar Bruno, actual intendente de Canals, se ha convertido en una figura clave que incomoda al peronismo dominante en Córdoba. En 2019, desafió las directivas del schiarettismo al presentarse con una boleta que reivindicaba la imagen de José Manuel de la Sota, en un gesto simbólico que marcaba su adhesión doctrinaria. Bruno consolidó su poder territorial a partir de una gestión anclada en obras estratégicas, urbanismo planificado, y una comunicación directa con los vecinos a través de redes sociales, sin desatender su formación como dirigente popular: fue comerciante, sindicalista, funcionario social y congresal del PJ.
A quince meses de las elecciones provinciales, impulsó la candidatura de Martín Llaryora, y logró una victoria propia con más del 70% de los votos, en un contexto adverso para el oficialismo ya que ganaba intendencias los opositores. Su accionar desafía al peronismo cordobés desde una raíz distinta: la del delasotismo como doctrina viva frente a un schiarettismo tecnocrático, liberal y ambiguo en lo ideológico sedimientando un sentido común sin brujula. E. Bruno sostiene que Schiaretti carece de carisma y que su éxito electoral de 2019 se apoyó en la trágica desaparición del "Gallego". Su lectura es crítica: la alianza de Juan Schiaretti con sectores del PRO/UCR o vecinalista erosionó el imaginario cordobesista, priorizando alianzas partidarias solamente como trampolín a una candidatura nacional cuya orientación política aún no está clara.
La propuesta del intendente se construye desde la periferia, pero interpela al centro del poder. Promueve una lista alternativa con el partido PAIS, apelando a la memoria simbólica del sur cordobés y el liderazgo de José Manuel. La emergencia de actores como Nazario en Río Cuarto jugando por fuera del cordobesismo oficial y sus críticas a la falta de internas partidarias expresan una crisis estructural del modelo cordobés. Bruno denuncia la confusión entre estrategia política y simple tacticismo; y cuestiona la exclusión de cuadros.
Una minoría intensa
En un clima político marcado por la fragmentación y la falta de liderazgos contenedores, su candidatura se plantea como minoría intensa: puede no ser mayoritaria en lo cuantitativo, pero busca tener impacto cualitativo. Apuesta a generar un nuevo ciclo, marcando distancia de la alianza entre peronismo cordobés y fuerzas antagónicas transvestidas de consenso pero que dañan el armado justicialista en cada elección. Su alianza simbólica con A. Nazario y la evocación del peronismo riocuartense de fines del siglo XX sumado a los vacíos estratégico del posible candidato a diputado nacional en estas intermedia (Schiaretti) subrayan una voluntad de recuperación histórica. En ese gesto, interpela también a Natalia de la Sota en un doble sentido: por un lado, cuestionando la representación simbólica heredada de su padre; por otro, disputando parte del electorado que aún reconoce en el delasotismo una identidad política vigente restándole votos concretos; en especifico en el sur provincial.
El dirigente peronista canalense deja en claro que su objetivo no es destruir al cordobesismo, sino disputarle el rumbo: “falta un líder que contenga”, afirma, reivindicando el rol articulador de De la Sota. Desde su pequeña localidad, busca reactivar un delasotismo que dé respuestas a la crisis de representación y que garantice participación, federalismo y justicia social en el peronismo del futuro. Esta apuesta también confronta con el liderazgo del sur que pretendió construir Juan Manuel Llamosas -sin dejar de lado a otro aliado del cordobesismo oficial como Javier Pretto. Ambos dos mientras aumente la intención de votos del canalense se profundizaran los reacomodamientos internos, pero desde lo inmediato en lo cualitativo vuelve a incomodar dejando la puerta abierta; no solo influir en 2025, sino prefigurar el escenario provincial hacia 2027.
Lic. Luciano Chialvo
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