El cooperativismo como respuesta a la desigualdad social, política y económica
El cooperativismo argentino en Naciones Unidas
Carlos Heller contó que su participación en Naciones Unidas fue “muy interesante” y que reunió a representantes cooperativos de todo el mundo.
El dirigente cooperativo destacó que su intervención tuvo una fuerte recepción internacional.
“Mi intervención tuvo bastante eco, me fue muy bien”, afirmó.
Según relató, habló durante doce minutos, un tiempo similar al de los principales referentes del encuentro.
Esa exposición derivó inmediatamente en una invitación para participar en el encuentro CM50, que se realizará en Bruselas y reunirá a referentes del cooperativismo mundial.
La invitación, enviada por el director general de la Alianza Cooperativa Internacional, planteó la necesidad de “liderar el manifiesto por una nueva economía global y acelerar los mercados con rostro humano”.
Para Heller, ese reconocimiento confirma que el cooperativismo no está a la defensiva.
Al contrario, aparece como una herramienta vigente para debatir respuestas frente a las crisis del mundo actual.
Un modelo que produce desigualdad
El referente del Banco Credicoop vinculó esa discusión global con el presente económico y social.
Recordó una frase que había utilizado en 2011, también en Naciones Unidas.
“Vivimos en un mundo absurdo, el mundo más rico de la historia universal convertido en la mayor fábrica de pobres de la historia”.
Para el dirigente, esa definición mantiene plena vigencia.
El problema central sigue siendo la concentración de la riqueza y la incapacidad del sistema económico dominante para garantizar igualdad.
Por eso, sostuvo que el debate no puede reducirse a cuestiones administrativas.
La discusión de fondo es qué modelo económico se defiende y a quién beneficia.
Ni Una Menos y la discusión de fondo
Consultado por una nueva movilización de Ni Una Menos, Heller valoró que referentes feministas hayan vinculado la violencia de género con el contexto social general.
“No se puede hablar de esto sin hablar del ajuste, sin hablar de la pérdida de puestos de trabajo, sin hablar del deterioro de salud y educación”, señaló.
Para el dirigente, el femicidio es un tema de derechos humanos y debe ser comprendido dentro de una sociedad atravesada por desigualdades, discriminaciones y prejuicios.
“El problema es el modelo”, insistió.
En ese sentido, advirtió contra el riesgo de una “sensibilidad episódica”, que aparece frente a hechos extremos pero no llega a discutir las causas estructurales.
La oposición y la disputa de modelo
Heller también analizó el escenario político y el papel de la oposición.
Sostuvo que el sistema intenta preparar una alternativa que mantenga el rumbo actual, pero “corrigiendo los excesos” del estilo presidencial.
Para el dirigente cooperativo, ese es uno de los principales riesgos.
No alcanza con moderar formas si se conserva el mismo proyecto económico.
“Muchos sectores intentan parecerse al modelo marcando matices, pero sin asumir una posición clara de confrontación de modelo distinto y alternativo”, afirmó.
Allí ubicó una de las derrotas culturales del presente.
Superávit fiscal y ajuste permanente
Uno de los puntos más fuertes de su intervención fue la crítica al discurso fiscalista.
“Nosotros no somos hinchas del déficit fiscal”, aclaró.
Pero inmediatamente marcó la diferencia.
“Somos enemigos del ajuste para resolver el problema fiscal”.
Heller cuestionó a quienes hablan de superávit sin discutir impuestos a las grandes fortunas, concentración económica y distribución de la riqueza.
Para el dirigente, sostener el equilibrio fiscal exclusivamente sobre recortes de derechos implica consolidar un modelo de exclusión.
Batalla cultural, medios y redes
El dirigente cooperativo planteó que la disputa actual no es solo económica, sino también cultural.
Según explicó, los medios de comunicación y las redes sociales están mayoritariamente en manos de sectores que reproducen la ideología dominante.
También vinculó este punto con los debates sobre inteligencia artificial.
“La inteligencia artificial no es buena ni mala, el asunto es quién la maneja y para qué fines”, sostuvo, recuperando reflexiones del papa Francisco.
Para Heller, lo mismo ocurre con las redes.
Si los algoritmos siguen siendo utilizados para construir ideología desde el poder económico, la batalla cultural será cada vez más desigual.
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