El inglés, la barrera silenciosa de los ingenieros argentinos
Un ingeniero que camina por el mundo
La definición le causa gracia, pero no la rechaza.
“Un ingeniero que camina en el mundo”, repite entre risas cuando escucha la descripción.
Y algo de eso hay.
El profesional villamariense construyó una carrera que combina tecnología, trabajo remoto y una experiencia internacional poco frecuente.
Recibido en 2019 en la UTN Villa María, hoy desarrolla software para una empresa de Estados Unidos mientras continúa impulsando proyectos propios de manera independiente.
Su recorrido profesional lo llevó a trabajar con equipos distribuidos en distintos continentes y a recorrer más de cuarenta países sin abandonar su actividad laboral.
Mucho más que programar frente a una computadora
Rosso considera que existe una imagen simplificada de la ingeniería en sistemas.
“Cuando decís ingeniero de sistemas, muchos imaginan a una persona ocho horas sentada frente a una computadora”, explica.
Sin embargo, sostiene que la profesión es mucho más amplia.
Además del desarrollo de software, involucra análisis de negocios, diseño de productos, marketing, testing y planificación estratégica.
“Es un área muy abarcativa”, resume.
Actualmente trabaja en programación mobile, desarrollando aplicaciones para teléfonos Android y iPhone.
Su principal actividad está vinculada a una empresa estadounidense llamada AllTrails, una de las plataformas de senderismo y seguimiento de actividades al aire libre más utilizadas del mundo.
El trabajo remoto cambió las reglas
Uno de los temas centrales de la conversación es la modalidad remota.
El especialista sostiene que la pandemia aceleró una transformación que ya estaba en marcha.
“La gran ventaja es que te permite trabajar con clientes del exterior”, afirma.
A lo largo de los años integró equipos con profesionales de Estados Unidos, Alemania, Italia, India, México y otros países.
Desde su perspectiva, el trabajo remoto no sólo amplía oportunidades laborales.
También modifica la calidad de vida.
“La productividad aumenta cuando se trabaja bajo la modalidad Home Office”, sostiene.
Aunque aclara que esa libertad implica responsabilidad y mecanismos de seguimiento, considera que la experiencia demostró que muchas tareas pueden realizarse eficientemente sin presencia física.
La inteligencia artificial ya cambió la industria
Si hay un fenómeno que atraviesa toda la industria tecnológica es la inteligencia artificial.
Para Rosso, el impacto ya es evidente.
“Hoy estamos haciendo entre el 80 y el 90 por ciento de los desarrollos con inteligencia artificial”, asegura.
El profesional explica que estas herramientas aceleran procesos, mejoran productos y permiten resolver problemas en tiempos mucho menores.
“Lo que antes te tardaba tres meses en desarrollar, hoy capaz que lo hacés en una semana”, ejemplifica.
Por eso considera que ya no se trata de una tendencia pasajera.
La inteligencia artificial pasó a formar parte de las competencias básicas de la profesión.
¿Amenaza o oportunidad?
El avance de estas tecnologías suele venir acompañado de temores.
Sin embargo, Rosso tiene una mirada distinta.
“Las personas que van a reemplazar la inteligencia artificial son las personas que no se adapten a estas nuevas herramientas”, afirma.
Desde su perspectiva, el problema no es la tecnología en sí misma.
La verdadera amenaza es quedarse afuera de los procesos de actualización.
Por eso insiste en que la adaptación permanente será una condición indispensable para los profesionales de los próximos años.
El riesgo de una burbuja tecnológica
Aunque observa enormes ventajas, también identifica algunos riesgos.
Uno de ellos es la concentración de inversiones.
“Hay cuatro o cinco empresas que están acaparando prácticamente todos los fondos de inversión”, advierte.
Según explica, buena parte del capital de riesgo global se está dirigiendo hacia proyectos vinculados con inteligencia artificial.
Eso genera dudas sobre la sustentabilidad futura de muchas iniciativas.
“Uno no sabe si no hay una burbuja de inteligencia artificial en el mundo”, plantea.
Empresas más eficientes, pero menos humanas
Otro aspecto que preocupa al especialista es el impacto de estas transformaciones sobre el empleo.
Rosso observa que muchas grandes tecnológicas están reduciendo personal mientras incrementan sus inversiones en inteligencia artificial.
“Hay empresas con márgenes de ganancias estratosféricos que aun así despiden gente”, sostiene.
Desde su mirada, no se trata únicamente de una cuestión económica.
También aparece un problema ético.
“Las empresas están perdiendo cierta humanidad o cierta moralidad”, reflexiona.
La universidad frente a un cambio de época
El entrevistado reconoce que cuando estudiaba jamás imaginó una transformación tan acelerada.
“Nunca me imaginé que íbamos a vivir un proceso así en tan poco tiempo”, admite.
Por eso cree que las universidades deben revisar sus planes de formación.
“Tenemos que promover ingenieros que sean nativos en inteligencia artificial”, afirma.
Considera que los estudiantes actuales enfrentan un escenario muy distinto al de apenas unos años atrás.
La principal dificultad aparece en el ingreso al mercado laboral.
“Los perfiles junior la tienen muy complicada para conseguir su primer empleo”, advierte.
El inglés, la barrera silenciosa
Si tuviera que señalar un obstáculo estructural para los profesionales argentinos, Rosso no duda.
“Hoy el idioma inglés es casi una obligación”, afirma.
Según explica, conoce numerosos ingenieros altamente capacitados que no logran acceder a mejores oportunidades laborales por no dominar el idioma.
“Tengo muchísimos conocidos que se arrepienten de no haber estudiado inglés cuando eran chicos”, señala.
Para el desarrollador, esta situación genera además una brecha salarial creciente entre quienes pueden trabajar para mercados internacionales y quienes quedan limitados al mercado local.
“Es una de las grandes barreras que hoy tienen nuestros profesionales del software”, sostiene.
Lo que Argentina puede aprender
La experiencia internacional también le permitió observar distintas culturas organizacionales.
Uno de los aspectos que más cuestiona es el exceso de burocracia.
“La primera diferencia es el tema de la burocracia”, afirma.
Comparando con empresas de Estados Unidos, considera que muchas organizaciones argentinas mantienen estructuras excesivamente rígidas.
También observa diferencias en las relaciones laborales.
“En Argentina hay una tendencia al control excesivo”, señala.
Por el contrario, destaca que en muchos equipos internacionales la confianza funciona como punto de partida.
“Cuando todos confían en que el otro va a hacer bien las cosas, todo termina funcionando mejor”, explica.
Dubái, tecnología y visión estratégica
Entre los países que visitó, Dubái le dejó una impresión particular.
El ingeniero destaca cómo Emiratos Árabes está utilizando recursos provenientes del petróleo para impulsar sectores tecnológicos.
“Invierten muchísimo en empresas de software, análisis de datos y educación”, cuenta.
Según explica, esa estrategia permitió construir uno de los ecosistemas tecnológicos más dinámicos del mundo.
“Dubái tiene un polo tecnológico impresionante”, afirma.
El valor del ingeniero argentino
A pesar de las dificultades locales, Rosso tiene una valoración muy positiva de los profesionales argentinos.
“El ingeniero argentino puede trabajar tranquilamente en cualquier parte del mundo”, asegura.
Considera que la principal fortaleza está en la capacidad de adaptación.
Mientras otros perfiles suelen ser más estructurados, el argentino encuentra soluciones rápidas y se acomoda a distintos contextos.
“El argentino se adapta a cualquier entorno con tal de entregar resultados”, sostiene.
Para él, esa flexibilidad es uno de los activos más valorados en los equipos internacionales.
Un oficio que abre fronteras
Después de trabajar para empresas de distintos países y recorrer más de cuarenta naciones, el desarrollador llega a una conclusión simple.
La ingeniería en sistemas es una profesión que permite cruzar fronteras.
No sólo geográficas.
También culturales, tecnológicas y laborales.
“Es una carrera muy linda”, resume.
Y agrega que cada experiencia internacional le permitió aprender algo nuevo sobre el mundo, sobre las empresas y sobre sí mismo.
Fuente: Entrevista en exclusiva a Francisco Rosso, ingeniero en sistemas egresado de la UTN Villa María
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