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El legado de Mirta Martínez: solidaridad, cuidado y comunidad organizada

Kitty Machado en exclusivo con Revista Vértices recuerda a Mirta Martínez como símbolo de una solidaridad cotidiana que no buscó reconocimiento, sino respuestas concretas frente a la necesidad. A través del comedor Niños Felices, su compromiso dejó una marca profunda en la comunidad, una huella que sigue viva en la memoria colectiva y en la herencia solidaria de tantas mujeres que, como ella, hicieron del cuidado, la organización y el amor al prójimo una forma de acción social permanente.

 

Mirta Martínez, trabajo silencioso y comunidad organizada


“Mirta Martínez fue una trabajadora incansable”, recuerda Kitty, “una de esas personas que no buscaban reconocimiento sino soluciones”. Con “esfuerzo diario, con amor y con una vocación solidaria inmensa”, sostuvo el comedor “Niños Felices”, que terminó siendo “un refugio de alimento, contención y esperanza para tantos chicos”. Su despedida, dice, “deja un vacío enorme, difícil de explicar con palabras”, pero también “una huella imborrable” que permanece “en cada sonrisa que ayudó a cuidar y en cada mano que tendió sin pedir nada a cambio”.

 

Huella, memoria y herencias solidarias


La referente comunitaria sostiene que “su ejemplo de compromiso, humanidad y amor al prójimo seguirá vivo en la comunidad y en el corazón de todos los que la conocieron”. Por eso afirma que “Mirta no se fue del todo”, porque “vive en su obra y en el recuerdo agradecido de quienes fueron tocados por su generosidad”. 

 

Fuente: En exclusiva para Revista Vértices

 

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Redacción

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