El legado de Rubén Ruedi: poesía, historia, militancia y compromiso comunitario
Hablar de Rubén Ruedi es acercarse a una trayectoria atravesada por la historia, la literatura, la poesía y el compromiso político. También supone recuperar las voces de quienes compartieron su intimidad, su amistad, sus proyectos culturales y una militancia sostenida con convicción y sensibilidad.
El recuerdo familiar de un constructor incansable de utopías
Desde la mirada profundamente afectiva de su hija, aparece un hombre que hizo de sus ideas una forma de habitar el mundo.
“Mi padre habitaba el mundo con la pasión de un revolucionario y la sensibilidad de un poeta. Fue un constructor incansable de utopías, un humanista convencido de que la justicia, la soberanía y la memoria son el único refugio para que nadie quede a la intemperie de la historia”, expresa Paloma.
Su testimonio también recupera la amplitud de las causas que marcaron la vida del historiador: “Desde nuestras raíces hasta las causas más universales, su vida entera fue un acto de amor, de cultura y de emancipación”.
Para su hija, aquella presencia permanece viva en los valores, las ideas y las luchas que supo transmitir: “Ese sabio inmenso que tuve el privilegio de llamar padre no se fue; se convirtió en el faro inalterable de nuestras luchas más nobles. Así lo recordamos...”.
Luis Martínez: las bicicletas, la amistad y las conversaciones peronistas
Luis Martínez, amigo y compañero de militancia peronista, recuerda especialmente las conversaciones que ambos mantuvieron alrededor de la historia del movimiento y su capacidad para dignificar al pueblo.
“Creo que Rubén honró al peronismo, a Juan Perón y a Eva Perón; lo honró con su testimonio”, afirma.
Aunque existía entre ambos una diferencia de edad, construyeron una excelente relación: “Hablábamos con mucha pasión del peronismo, pero fundamentalmente de aquellos a quienes el peronismo dignificó, de aquellos a quienes ayudó a salir de una situación que nunca se imaginaban. Pensemos lo que era antes del peronismo”.
Martínez recuerda que a su compañero le dolía que algunas personas beneficiadas por las políticas sociales del movimiento no reconocieran aquel momento histórico. Entre esas políticas menciona “los viajes de los niños en el verano, las famosas colonias de vacaciones y toda la cercanía del peronismo con el pueblo”.
“A Rubén le dolía mucho que esos compañeros no reconocieran ese momento de tanta felicidad”, sostiene.
Cuando ambos desarrollaban tareas en el municipio, solían salir por la tarde en bicicleta para trabajar. Aquellos recorridos se convertían en espacios para pensar y conversar sobre la política, la cultura y la historia.
“Cada salida de esas, o cada acto de él desde su lugar en Cultura, hablábamos del peronismo”, rememora. También conserva el recuerdo de una canción que decía “A la vuelta de la esquina” y de las enseñanzas que quedaron en quienes compartieron su camino.
Para su amigo, recordar significa mantenerlo presente: “Uno dice recordar porque es alguien que ya no está, pero que uno lo tiene en el corazón”. El testimonio también vincula el legado de Ruedi con los desafíos del presente. Luis considera que recordarlo no puede convertirse simplemente en una frase de ocasión.
“Tenemos que recordarlo a Rubén, pero que no sea esto simplemente una frase de ocasión. Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para ser todos los días un poco más peronistas. No se nos van a caer los anillos por hablar de Perón y Evita”, concluye.
Roberto Zayas: Rubén Ruedi es sinonimo de ferrocarril, historia y la cultura de Villa María
Roberto, amigo de toda la vida y compañero en el trabajo cultural, conoció a Rubén durante la etapa del secundario. Vivían cerca, pero aquella amistad se fortaleció especialmente durante el paso de ambos por el municipio.
“A Rubén lo conocía del secundario, compartíamos y vivíamos cerca. Yo vivía sobre lo de mi abuela, en la calle San Luis, a unas dos cuadras. Pero básicamente donde generamos mayor amistad fue durante su paso por el municipio, donde trabajamos juntos inicialmente”, recuerda.
Posteriormente compartieron diferentes iniciativas artísticas y culturales. Entre ellas, Zayas ilustró poesías escritas por Ruedi, dando lugar a trabajos y muestras presentadas en distintos espacios de Villa María junto con otros escritores.
“Después compartimos algunos proyectos que tenían que ver con ilustrarle poesías que había hecho, donde hicimos varios trabajos y varias muestras que se presentaron en distintos espacios de la ciudad de Villa María, junto con otras personas y otros escritores. En ese momento hice trabajos para tres escritores y uno de ellos era Rubén”, explica.
Ese proceso creativo también abrió la puerta a numerosas conversaciones. Cada tema era estudiado y explicado por Ruedi con profundidad, especialmente aquellos vinculados con la historia ferroviaria y la conformación de Villa María.
“Él trabajó mucho sobre el tema del ferrocarril, sobre el riel, sobre esa Villa María que había nacido o se había conformado más fuertemente sobre lo que es el paso del tren”, señala.
Para Zayas, su amigo era “una persona muy ilustrada” que estudiaba profundamente cada asunto sobre el cual decidía escribir. Sin embargo, ese conocimiento no quedaba encerrado en sí mismo: “Era una persona que estudiaba cada tema que hacía en profundidad. No solamente eso: lo compartía, te lo explicaba”.
En el trabajo conjunto entre la poesía y las imágenes también apareció la generosidad de un hombre dispuesto a acompañar los procesos creativos. Además de ser una buena persona, Roberto lo recuerda como un amante de la música.
Al dimensionar su contribución a la vida cultural de Villa María, Zayas no duda: “Yo creo que aportó muchísimo”. Entre sus recuerdos se encuentra una obra presentada en el Teatro Verdi, a la que define como “excelente”.
“Para mí, Rubén era un gran escritor, muy buen escritor, pero un escritor de esos que han estudiado y han profundizado sobre lo que escriben. Era un historiador muy riguroso”, destaca.
Su recuerdo no se limita al intelectual, al historiador o al escritor. También recupera al amigo que disfrutaba de los encuentros compartidos: “Era un amante de las charlas largas, un amante de compartir un asado, una buena mesa, un vino, siempre con amigos”.
Finalmente, Zayas al responder sobre cuales serían las convicciones de Ruedi con la situación política nacional y considera que mantendría una posición crítica frente al actual Gobierno libertario. “Sin duda, Rubén estaría totalmente en oposición con este Gobierno. Él era una persona comunitaria desde todo punto de vista y no compartía este tipo de ideas”, afirma.
Esa postura, según su amigo, era coherente con toda una vida de compromiso social: “Yo creo que él trabajó siempre para eso, trabajó para lo comunitario y trabajó para el bien común de su sociedad específicamente, sobre todo Villa María”.
Luciano Chialvo: “Fue un día muy triste para el movimiento peronista”
El sociológo recupera las palabras que expresó durante un reportaje realizado el mismo día del fallecimiento de Rubén Ruedi [Link]. Su testimonio conserva el dolor de aquellas horas y reconstruye el vínculo afectivo, político y cultural que los unió.
“Fue realmente un día muy triste para la comunidad, para el movimiento peronista y para quienes pensamos una estrategia popular latinoamericana”, expresó en aquel momento.
La noticia había resultado sorpresiva para gran parte de la sociedad porque la familia había decidido atravesar la enfermedad en la intimidad. “La familia trató de que no se hiciera mediático ni expansivo y de estar con los más íntimos”, explicó.
Al evocar los últimos momentos, Chialvo no ocultó su dolor: “Fueron pésimos, pésimos días. Hoy es un día muy triste”. También destacó que Ruedi fue una figura inseparable de la identidad cultural y política de Villa María: “Rubén siempre fue parte de la historia, de la cultura, del arte, de la música y de la poesía”.
En particular, recordó su compromiso con la recuperación y visibilización de referentes vinculados con los sectores populares: “Buscaba resaltar a aquellos personajes populares que estaban cercanos a los pobres y a los sectores vulnerables”.
Más allá de su trayectoria pública del escritor e historiador, Luciano recuperó la dimensión íntima del vínculo que compartieron: “Lo recuerdo como un padre, como un compañero, como un amigo; como una persona con la que compartimos cenas y risas”.
Con el paso de los años, la figura de Rubén adquiere una relevancia todavía mayor. Su trayectoria intelectual, sus aportes culturales y su prolífica escritura permiten dimensionar a un creador que estudió, interpretó y narró la historia de su comunidad desde una perspectiva popular. Sus libros, poemas, investigaciones y proyectos continúan dando testimonio de una vida dedicada a la memoria, la cultura y el compromiso colectivo.
A ocho años de su paso a la inmortalidad, aquellas palabras pronunciadas en medio del dolor mantienen su vigencia. El tiempo no ha reducido la importancia de su legado: por el contrario, permite reconocer con mayor profundidad al intelectual, al escritor, al militante, al referente cultural y, fundamentalmente, al amigo.
Eduardo Bellocio: “Rubén era un creador nato”
El dirigente sindical reconstruye una amistad nacida durante la juventud y fortalecida alrededor de la literatura, la poesía y una permanente vocación por crear proyectos destinados a los demás.
“Con Rubén Ruedi forjamos una amistad desde muy jóvenes, a partir de la profesora Olga Fernández Núñez y, obviamente, de la literatura. Nos cruzábamos poesía, y la vida y la literatura hicieron el resto”, recuerda.
Para Bellocio, su amigo poseía una capacidad creativa excepcional, pero también una necesidad constante de convertir sus ideas en acciones colectivas: “Rubén era un creador nato. Su mundo era hacer, generar, generar actividades que sumaran a otros”.
Esa entrega también quedó plasmada en una producción literaria atravesada por la belleza, el conocimiento y el trabajo de investigación. “Sus libros, qué voy a decir, destilan entrega, belleza, investigaciones y también mucho conocimiento”, expresa.
Su recuerdo adquiere un tono doloroso al referirse a la enfermedad que terminó prematuramente con aquella vida dedicada a la cultura: “Lamentablemente, una grave enfermedad arrebató una vida dedicada al trabajo creativo de un intelecto brillante. Para mí, brillante”.
Los viajes, los títeres y una cultura comprometida con los barrios
Bellocio también evoca los viajes que compartieron a Buenos Aires. En uno de ellos fueron a comprar títeres para una propuesta cultural impulsada por Ruedi con una clara perspectiva comunitaria.
“Una vez fuimos a comprar títeres para su actividad cultural de inclusión en los barrios. Era realmente un genio”, afirma.
El recuerdo permite reconocer que su trabajo cultural no estaba separado de las necesidades sociales. La literatura, el arte y la creación eran herramientas para llegar a otros, abrir espacios de participación y acercar propuestas a diferentes sectores de la comunidad.
En el último viaje que realizaron juntos, Ruedi manifestó su deseo de conocer el Instituto Patria, ubicado en Rodríguez Peña 80, en el barrio porteño de Congreso.
“En el último viaje que hicimos a Buenos Aires me pidió ir a conocer el Instituto Patria”, rememora Bellocio.
Aquellos recorridos también eran una prolongación de las conversaciones que sostenían desde jóvenes. Dialogar con Rubén significaba ingresar en un universo dominado por el conocimiento, la imaginación y la voluntad de concretar nuevas iniciativas.
“Para mantener una conversación con Ruedi era conocer, crear, era meterse en su propio mundo lleno de actividades. Eso era muy valioso para él”, señala.
“Pensar qué hacemos por los demás”
La partida de su amigo dejó un vacío, pero también una pregunta que continúa interpelando a quienes compartieron su camino.
“Al poco tiempo se fue de este mundo. Seguramente nos estará mirando a ver qué hacemos”, expresa Bellocio.
Su reflexión trasciende la poesía y recupera el sentido profundamente solidario que caracterizó la trayectoria de Ruedi: “No digo solamente por la poesía, sino pensar qué hacemos por los demás. Esa era su intención”.
La mirada de Eduardo Bellocio suma así la dimensión del creador incansable, el amigo de la juventud y el intelectual que comprendió la cultura como una práctica abierta, inclusiva y orientada hacia los otros.
Reflexión final: un legado que continúa en la memoria colectiva
Las voces de Paloma Ruedi, Luis Martínez, Roberto Zayas, Eduardo Bellocio y Luciano Chialvo reconstruyen las múltiples dimensiones de Rubén Ruedi: el padre humanista, el amigo entrañable, el militante peronista, el poeta sensible, el historiador riguroso y el intelectual que puso la cultura al servicio de su comunidad.
Cada testimonio aporta recuerdos, afectos y experiencias que permiten comprender la profundidad de una trayectoria atravesada por la escritura, la investigación, el arte y el compromiso con los sectores populares. Con el paso de los años, su figura adquiere todavía mayor relevancia: sus libros, poemas, proyectos y aportes culturales continúan hablando de un creador prolífico que hizo del conocimiento una construcción colectiva.
A ocho años de su paso a la inmortalidad, recordar a Rubén no significa solamente regresar al pasado. También implica recuperar el humanismo evocado por Paloma Ruedi; reconocer, como señaló Roberto Zayas, a quien trabajó por lo comunitario y el bien común; preguntarnos, junto con Eduardo Bellocio, “qué hacemos por los demás”; y renovar, desde las palabras de Luis Martínez y Luciano Chialvo, el compromiso con la cultura popular y las convicciones que orientaron su vida.
Este homenaje encuentra su cierre en la propia palabra poética de Ruedi: una escritura que recorre el territorio argentino, sus luchas, sus pueblos, sus memorias y sus heridas, hasta llegar a las Islas Malvinas como expresión de una patria todavía abierta a la esperanza, la soberanía y el reencuentro.
La palabra poética de Rubén Ruedi
Matria
Cuando marzo derramaba
el trepidante jarabe de la uva
en Mendoza levitamos
bajo el sol que doraba
los pulsos del día.
La noche nos cobijó
en San Juan,
de donde voló la luna
esparciendo fósiles de luz.
Viendo llover el tiempo
en poblados calcáreos
decidimos fundar
en San Luis otro mundo.
Córdoba, las hogueras,
alboroto de proclamas,
sudores y polen.
Fuimos pastores de promesas
en los fantasmales salitrales
de Santiago del Estero.
Amasamos la greda
en Catamarca diaguita
-rústica madre alfarera-.
En Vinchina, La Rioja,
padecimos ocres lejanías
a contracieJo de las montañas.
Tucumán, el monte,
sangre derramada;
utopía, revolución y olvido.
Nuestros labios derrotados
ardieron en Salta
iniciando el fuego
Quisimos perpetuar las alas
en el friso de los cerros
de Jujuy amaneciendo
Latimos en Formosa
con su lenta agonía
de piel cobre y camalote
y en la corteza del Chaco
despojamos enigmas
en el dolor de los quebrachos.
Procreando un sueñoanduvimos
huellas de sangre
Misiones adentro.
Las fauces del amor
se abrieron en Corrientes
con el grito espectral de los esteros
y sobre un pentagrama de aguas
Entre Ríos fue el éxtasis,
tembladeral de pájaros.
Estallando en las frutillas
al corazón de Santa Fe
prolongamos el estío.
Sentimos ahogar los orígenes
desencontrados en la noche
del oscuro pulmón de Buenos Aires.
Crepuscular ausencia
la de tu cuerpo
en la desolación de La Pampa.
Cruce Rio Negro al oeste
abatido por el rojo grito
de las manzanas.
Y en las nieves de Neuquén
queme el silencio
de mis manos inertes.
El mar, en Chubut,
era un altar pagano
donde inmolé memorias
como un viejo relicario.
Santa Cruz y Ja esperanza.
Colgadas al viento
las banderas del reencuentro flameaban.
Decidido por Ja luz o los abismos
aferré los timones del alba
en la Tierra del Fuego
-donde nacen los espejos-.
Y fui a buscarte
a las últimas regiones depredadas.
Se esfumaba tu silueta maternal
en los confines de la niebla
y un soplo de estrellas
te iluminó la cara.
Abierta al parto
en las Islas Malvinas me esperabas,
brillando en el austral esplendor
de una negada luna de plata.
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