El príncipe cordobés: Llaryora revivió a Maquiavello
Introducción:
La coincidencia del pasado 10 de abril no fue solamente de agenda. En pleno cierre de listas, la provincia quedó atravesada por una escena en la que oposición, poder económico y reordenamiento partidario del justicialismo parecieron hablar el mismo idioma, el de la política real. En ese tablero, Llaryora consiguió lo más difícil, alinear a quienes expresan intereses cuantitativos dentro del peronismo y convertir la tensión interna en una forma de disciplina sostenida por el temor a unidad opositora completa, tras la escenografía de la narrativa pro-libertaria en el espacio de uno de los aliados estratégicos del proyecto cordobesista durante estos años.
A partir de allí se abre un interrogante mayor para quiénes encarnan los intereses cualitativos del peronismo dominante, aparece una especie de prórroga con quiénes tienen peso cuantitativo y capacidad de un impacto mixto (cuali-cuanti) como Natalia de la Sota y Juan Schiaretti. No se trata de dos nombres menores dentro de la historia reciente del espacio. Ambos ocuparon, lugares preponderantes en el anterior armado partidario y, además, fueron candidatos a diputados nacionales en las últimas elecciones intermedias.
Por eso, su desplazamiento relativo, su reubicación táctica o ausencia estratégica no puede leerse como un dato accesorio más bien como una prórroga tácita. En esa zona de repliegue, cálculo y administración del conflicto, empieza a perfilarse un verdadero maquiavellismo líquido por parte del gobernador, orientado a clausurar liderazgos internos y despejar, desde ahora, la ruta hacia 2027.
Dejando de lado toda posibilidad de proyectar la crisis hegemónica sobre las dimensiones geopolíticas de la estrategia provincialista, esta queda encapsulada en bases y condiciones socioeconómicas que no aparecen asociadas a las categorías sociopolíticas propias de la coyuntura de alternativa hegemónica. En ese marco, no resulta casual la aparatología desplegada pocos días después en torno a la situación del PAMI, sobre todo si se la contrasta con la realidad que, de manera concreta, atraviesan los jubilados cordobeses.
En definitiva, la apuesta parece doble. Por un lado, bloquear cualquier tentativa de tutela sobre la fórmula, evitando una vice impuesta, ya sea del riñón propio del schiarettismo, del nuevo delasotismo o incluso de una salida extrapartidaria con cierre apurado. Por otro, reservarse en todas las dimensiones la jefatura integral de una nueva etapa del peronismo -dominante pre-determinante de su nuevo bloque histórico- de cara a su reelección. Ya no solo porque es quién más mide en la esfera de la opinión pública, ni como conductor institucional sino como arquitecto electoral, promotor afectivo y jefe efectivo de campaña de un eventual núcleo renovador del cordobesismo.
Escribe Lic. Luciano Chialvo
No hay resultados para mostrar.
Todos los derechos reservados.
v2.17.0


