Entre Ríos como laboratorio, Frigerio y el ensayo previsional
De interlocutor federal de Macri a ejecutor territorial de reformas Mileista
La provincia de Entre Ríos comienza a perfilarse como un territorio de ensayo para una de las reformas más sensibles que el bloque libertario–PRO pretende escalar a nivel nacional, la previsional. No se trata de una casualidad ni de una decisión meramente técnica. Detrás de ese movimiento aparece una figura de enorme densidad política como Rogelio Frigerio, uno de los gobernadores más relevantes del mapa actual y, al mismo tiempo, uno de los cuadros con mayor experiencia en la articulación entre poder central y poder subnacional.
Frigerio no llega a este lugar desde cero. Fue ministro del Interior durante el gobierno de Mauricio Macri y, en los primeros dos años de esa gestión, actuó como un verdadero interlocutor privilegiado con los gobernadores, en una etapa marcada por el despliegue de obra pública, acuerdos federales y una capacidad de mediación política que le dio centralidad en el gabinete nacional. Su gravitación comenzó a diluirse con el cambio de escenario, primero con la emergencia de la liga de gobernadores impulsada por Juan Schiaretti y luego con la avanzada del ajuste tras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que desplazó el eje hacia la disciplina fiscal.
Sin embargo, lejos de quedar relegado, Frigerio reconstruyó su posicionamiento como diputado nacional en 2021 y luego como gobernador. Hoy regresa con un rol distinto. Ya no es solo interlocutor. Es ejecutor territorial de reformas estructurales, en un contexto donde su figura empieza a asumir características de un verdadero ministro del Interior con poder real, aunque sin ese cargo formal. Tiene territorio, capacidad de negociación, inserción política y un lugar clave dentro del entramado subnacional.
Reforma previsional, consenso político y control del conflicto
En ese marco, el avance de la reforma previsional en Entre Ríos comienza a tomar forma concreta. El gobernador encabezó una reunión con senadores, diputados y funcionarios provinciales en Paraná para ordenar el proceso previo al envío del proyecto a la Legislatura.
Allí dejó definiciones que marcan el tono de la estrategia. “La idea es avanzar sin urgencias, pero sin demoras”, sostuvo, dejando en claro que la reforma busca un equilibrio entre gradualismo político y necesidad estructural.
El eje del encuentro no fue la imposición, sino la construcción de consensos. “Cuanto más trabajemos previamente al envío del proyecto, más fácil será de tratar en ambas cámaras”, planteó, en una señal de que el oficialismo busca reducir el costo político anticipando el conflicto.
Detrás de esa búsqueda aparece un dato central. El déficit de la Caja previsional “supera los 400.000 millones de pesos anuales”, con una relación de “1,8 activos por cada pasivo”, una ecuación que, según el propio mandatario, seguirá deteriorándose si no se introducen modificaciones.
La reforma, sin embargo, intenta blindarse políticamente en dos frentes. Por un lado, se aclara que “no se van a afectar derechos adquiridos de los actuales jubilados”. Por otro, se busca instalar la idea de inevitabilidad técnica del problema. “Es técnicamente imposible eliminar el déficit”, reconoció Frigerio, planteando el escenario como una corrección estructural más que una decisión ideológica.
La reacción de la oposición, aunque crítica, no rompe el esquema de gobernabilidad. Desde distintos espacios se valoró el diálogo y se remarcó la necesidad de contar con información precisa, reconociendo que se trata de un tema “complejo, sensible y de alto impacto”, que involucra a “cientos de miles de familias”.
Entre el consenso y la construcción de hegemonía
Lo que ocurre en Entre Ríos excede la dinámica provincial. La reforma previsional funciona como un ensayo político de mayor escala. No solo se pone a prueba una política pública, sino la capacidad del bloque libertario–PRO de ordenar el conflicto, disciplinar actores y construir consensos en torno a reformas estructurales.
En ese esquema, Frigerio aparece como una figura clave. Su trayectoria, su capacidad de mediación y su rol actual lo ubican como un puente entre la experiencia macrista y la nueva etapa libertaria, aportando territorialidad y racionalidad a un proyecto que todavía busca consolidar su hegemonía.
Palabras finales
La reforma previsional en Entre Ríos no es solo una ley en discusión. Es un proceso abierto que comienza a modelar la escena política de 2026 a corto plazo en la política de Entre Ríos y a madiano plazo el rumbo nacional. No tiene tiempos cerrados, pero sí indicadores claros que permitirán leer su impacto real.
El primero será el nivel de conflictividad social, especialmente la reacción de sindicatos estatales y sectores jubilados, que marcarán el límite de tolerancia del ajuste. El segundo, la capacidad del oficialismo para sostener disciplina legislativa sin fracturas internas, clave para cualquier intento de escalamiento nacional. El tercero, la evolución de la imagen pública del propio Frigerio, que pondrá a prueba si el electorado valida un liderazgo asociado a reformas estructurales de alto costo.
A esto se suma un cuarto indicador, más silencioso pero igual de relevante, la reacción del resto de los gobernadores, que observarán el caso entrerriano como referencia antes de avanzar en sus propios territorios. Y un quinto, la capacidad del bloque libertario–PRO de traducir esta experiencia en narrativa política, es decir, convertir una reforma técnica en un argumento de legitimidad para su proyecto de gobierno.
En ese cruce entre gestión, conflicto y construcción de sentido común es el insumo justo y preceso que necesita la estrategia libertaria para lograr su cometido. Por lo que hoy Entre Ríos empieza a delinear algo más que una reforma, comienza ser un ensayo de ajuste económico, fragmentación política y segregación social. Tal instrumento no sera gratuito para la sociedad y las configuraciones comunitarias.
Fuente: Prensa Entre Rios.
Fuente: Foto Bicameral
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