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Eugenia Gancedo: sanar también es un acto colectivo

Eugenia Gancedo, mamá de dos hijos, trabajadora social y emprendedora, impulsa un proyecto que combina terapias holísticas con una fuerte mirada social. Su propuesta no nace desde lo comercial sino desde un recorrido personal de autosanación que hoy busca transformarse en herramienta colectiva, especialmente para sectores que no acceden a estos espacios. Entre el reiki, el yoga y la escucha, plantea una idea central, sanar también es una forma de intervención social.

Una búsqueda personal que se vuelve proyecto


“Esto no es algo nuevo en mí”, explica la entrevistada, al relatar el origen de su emprendimiento. “Yo ya vengo haciendo una transición personal ya hace muchos años, vengo haciendo un camino de autosanación”. Ese recorrido, atravesado por experiencias propias, fue generando un desplazamiento progresivo desde lo individual hacia lo colectivo. No se trata solo de sanar, sino de comprender. “Esta búsqueda interna… comienza a entender o a desarrollar otros dones para poder también entender a un otro en situaciones como las que he tenido”.

 

Desde su formación profesional, ese proceso adquiere una dimensión más amplia. “Yo tengo una mirada social como trabajadora social, pero siempre sentí que había algo más”. Ese “algo más” aparece hoy como una síntesis entre formación académica y espiritualidad, entre intervención social y energía. La diplomatura en yoga en la universidad se suma como parte de ese armado. “Es otra pieza más que voy sumando… no solamente en conocimiento para conmigo, sino para una ayuda para con un otro”.

 
El emprendimiento como herramienta y no como negocio


Su propuesta se materializa en terapias holísticas que incluyen reiki, yoga, jabones energéticos y sprays áuricos vinculados a los chakras. Sin embargo, hay una definición que atraviesa toda su práctica. “Yo hago todo a voluntad”. Y lo explica con claridad. “La persona que necesite, le hago reiki y si podés, colaboras a voluntad. Y si no, está todo bien”.

 

Esta lógica rompe con la lógica tradicional del mercado y se vincula directamente con su ética de trabajo. No hay juicio sobre el otro, sino confianza. “Yo no me pongo a juzgar ni a repensar si está bien o está mal. Ese es el otro”. En ese sentido, su posicionamiento no es ingenuo, sino consciente. Parte de una idea de equilibrio personal y responsabilidad individual.

 
El miedo como síntoma social


Al analizar las problemáticas que aparecen en quienes se acercan a sus terapias, identifica un patrón común. “Yo me atrevería a decir que hoy el miedo nos está haciendo…”. Ese miedo, explica, no es puntual sino transversal. “El miedo es transversal en infinitas situaciones”, y se manifiesta en el cuerpo y en la mente.

 

A partir de ahí, el impacto es diverso. “A cada uno nos va a detonar diferente… si angustia, tristeza, ansiedad, miedo, depresión”. La clave, según su mirada, no está en la situación en sí, sino en cómo cada persona la procesa. “Cómo la vamos a vivir, vivenciar y sentir en nuestro cuerpo es completamente distinto”.

 
Espiritualidad sin dogma y con apertura


Lejos de posiciones rígidas, su mirada espiritual es integradora. “Yo creo que hay una energía, que esa energía la podés ponerle un nombre o no”. Esa definición le permite convivir con distintas tradiciones sin contradicción. “Tengo a Buda, tengo a Ganesha y lo tengo a Jesús”.

 

En ese marco, también aborda los debates con otras disciplinas. “Creo que los debates primero que son necesarios y son riquísimos”. Sin embargo, vuelve a marcar un punto clave. “Mucha gente a veces por desconocimiento y por miedo… no le interesa saber”. La ignorancia, según plantea, también es una forma de posicionamiento.

 

Aun así, su postura no es confrontativa. “Yo respeto muchísimo aquellos profesionales que consideran que esto es totalmente ajeno, pero no estoy de acuerdo”. La diferencia no se plantea como conflicto, sino como diversidad de miradas.

 
Accesibilidad y desigualdad en las terapias


Uno de los puntos más fuertes de su discurso aparece cuando vuelve a su identidad profesional. “Yo siempre me paro del lugar como trabajadora social”. Desde ahí, advierte una desigualdad estructural. “Los lugares más vulnerables, las mujeres no tienen accesibilidad… porque no son lugares públicos”.

 

Esa limitación se transforma en objetivo. “Quiero presentar un programa para poder… hacer reiki en los hospitales, en las clínicas”. No como reemplazo de la medicina, sino como complemento. “Nadie está hablando de reemplazar… es sumar una técnica”.

 

En ese punto, su mirada conecta con experiencias internacionales. “En España… hoy se considera como prioridad la gente que pueda estar haciendo reiki, sobre todo en terapias intensivas”. La propuesta, entonces, no es marginal, sino parte de un debate más amplio sobre salud integral.

 
Formación, responsabilidad y cuidado energético


En el cierre, la entrevistada deja una advertencia clara. No todo lo espiritual es lo mismo. “Me parece re importante que la gente pueda formarse y que seamos responsables en el momento de la elección”. La energía, sostiene, no es un juego. “Nuestra energía es muy importante”.

 

Por eso, insiste en la necesidad de informarse. “Saber a dónde vamos, con qué respeto, con cuidado”. Y también en evitar prácticas superficiales. “A veces se hacen cursos de dos meses… y la gente no tenemos idea de dónde vamos”.

 
Una invitación a escuchar(se)


Más que una propuesta cerrada, su mensaje final es una invitación. “Si hay algo dentro tuyo… esa llamita que se prende… que se atrevan a poder preguntar”. No hay promesas ni soluciones mágicas, sino apertura. “Yo estoy abierta al diálogo… es algo que me apasiona”.

 

El punto de partida no está afuera, sino adentro. “Cuando vos lo sentís, es tan diferente que cuando te lo dicen”. Y ahí aparece una de las claves de toda la entrevista. La escucha como herramienta. “Creo que todos hemos tenido algún referente que nos ha dado la escucha… sin juicio ni sin crítica”.

 
Fuente: en exclusivo para Revista Vértices.

 

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