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Fútbol, identidad y política de Estado

En esta reflexión, Raúl Reggiori analiza el lugar que ocupa la Selección Argentina como símbolo de identidad, representación internacional y construcción colectiva. A partir de su desempeño en el Mundial 2026, el autor sostiene que el fútbol constituye uno de los principales activos geopolíticos del país y plantea la necesidad de convertir el deporte en una política de Estado capaz de promover integración, desarrollo y objetivos compartidos.

Con los acontecimientos que se han sucedido con la realización del mundial de futbol FIFA 2026 en Mexico, EEUU y Canadá, ha quedado expuesto a los ojos del mundo (o de propios y extraños) que el activo geopolítico más importante que tiene hoy la Argentina es el FUTBOL y sus jugadores, esto gracias a nuestro seleccionado conducido por Leonel Scaloni, Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala, todos exfutbolistas e integrantes del seleccionado argentino en su momento. Los menciono a todos para poner de manifiesto que son un equipo que conducen a otro equipo, es decir, Argentina tiene un equipo fuera de la cancha y otro dentro de la cancha. Lionel Scaloni es la cara visible de algo que va mucho más allá de lo que muchos entienden o creen, sobre todo para aquellos que solo les interesa el futbol en tiempos de mundial.

 

 

Nuestra selección de futbol ha puesto a la Argentina en boca de todo el mundo, y esto es literal, en primera instancia porque somos los campeones del mundo actuales y en este mundial hemos ido a “defender la copa” y luego porque hemos llegado a la final nuevamente, no sin controversias, creo a mi modesto entender, espurias. Pero además hay otros factores que se han ido agregando con el transcurrir de la competencia, la garra, el espíritu de equipo, el atrevimiento, el no darse nunca por vencido, la valentía casi épica, etc, a tal punto es así que hasta se atrevieron a reivindicar a las Islas Malvinas como parte de nuestro territorio, lo que ha hecho que hoy todo el mundo hable de nuestra selección, o sea, han puesto a la Argentina como país a la consideración internacional, inclusive de los más importantes dirigentes políticos del mundo y ni que hablar del apoyo manifestado por los pueblos de otros países que se han fanatizado por Argentina como Bangladesh u Honduras. Entonces se puede decir que ellos, nuestro seleccionado, son nuestros embajadores ante el mundo.

 

 

 

Este equipo es más que solo jugadores famosos, son individuos que tienen conciencia de que forman parte de algo más grande y más importante que ellos mismos, que, por supuesto los trasciende en términos individuales, esta toma de conciencia es lo que podríamos llamar sentido de trascendencia histórico, ellos hoy, son a los ojos del mundo “La Argentina” y lo saben. Lamentablemente, se está desaprovechando por cuestiones ideológicas el activo que representan, dado que nadie en el gobierno de Milei cree en el trabajo colectivo ni en el esfuerzo compartido, solidario, en el que todos persiguen un objetivo común y en el que cada uno pone lo suyo para aquel que está a su lado también alcance el éxito en el mismo momento, o sea, se trata de que lleguemos todos juntos.

 

 

Por supuesto que conducir un país con millones de personas no es lo mismo que conducir un equipo de sesenta personas, pero es un modelo a seguir y es posible con la visión correcta de lo que está en juego, que es el futuro del Pueblo Argentino. Parte de la estrategia es la de vincularnos con el mundo desde nuestras fortalezas, como sería trabajar en equipo, con todo lo que implica en cuanto a compartir conocimientos sin mezquindades, o sea aprender del otro y sumar lo que uno tiene para un aprendizaje compartido. A todo lo dicho anteriormente, debe sumársele que nuestros jugadores representan para el mundo “el ser argentino”, con lo que por carácter transitivo, el resto de los habitantes de la tierra, deben entender que todos los Argentinos, o bueno, casi todos los Argentinos somos como nuestros jugadores.

 

 

Esto ha quedado puesto de manifiesto también por los hinchas que fueron a alentar a nuestra selección en cada uno de los estadios en los que jugó y esto no es algo nuevo, ya que se habla del incansable aliento que brindan al equipo desde por lo menos el mundial de Qatar y esto sin querer abundar en detalles de todo lo que hacen en la previa de los partidos, en los banderazos, en los fan fest y en cada uno de los lugares en donde se encuentra un hincha Argentino, lo que deja asombrados, no solo, a los simpatizantes de otras selecciones, sino también al periodismo de otros lares, a tal punto llega el asombro que muchos llegan a decir “Los Argentinos están locos” y se nota que lo dicen con una mezcla de admiración y envidia a la vez.

 

 

Todo activo, inclusive simbólico, puede ser utilizado de por lo menos dos formas, una, la positiva, que sería la de aprovechar y aportar las capacidades de cada uno en beneficio del conjunto, como plantea y demuestra el técnico de nuestra selección, y la otra, la negativa, que sería la de plantear y hacerle  sentir a cada uno que “él” es el mejor en términos individuales y que todo se logra solamente por “él”, por los huevos que pone, sin importar lo que hacen los demás, siendo esta la mejor la forma de hacérselo creer para motivarlo a que siga trabajando para mejorar, pero sin importar las condiciones ni el contexto, dicho de otra forma sería, palmearle la espalda para que haga lo que se le pide sin cuestionar, ni reclamar o como decía mi abuelo “al caballo le soban el lomo pa’ montarlo”.

 

 

En estos tiempos de hiper-individualismo, instalado como un valor social aséptico, en tanto el “yo” es lo más importante, o como escribió el Indio Solari “juegan a “primero yo” y después a “también yo” y a “las migas para mí” y cierran el juego…”, carente de toda ética, dado que lo único que interesa es el resultado final, sin importar las formas ni los medios, para demostrar que solo se es exitoso cuando se gana, cuando se es el número uno, o sea exitismo al palo. Cuando a las sociedades se las empuja a la competencia entre individuos como objetivo para el progreso, es cuando afloran los miedos, dado que queda sentado que hay ganadores y perdedores, además de que los recursos son escasos y por lógica los ganadores siempre se quedan con más, lo que conlleva en sí mismo un germen destructivo por lo que es imposible alcanzar el equilibrio y la armonía social.

 

 

Hay países tan disimiles como España y Sudáfrica, solo por nombrar dos casos emblemáticos, que han sabido utilizar al deporte como un activo político de excelente manera, por motivos totalmente distintos y hasta opuestos los de uno con los del otro.

 

 

En España, hace 35 años se fijó como meta formar deportistas de alto rendimiento, valla si lo lograron, hoy tienen insertos en la elite de muchos deportes a destacadísimos atletas, como en tenis, Formula 1, rally, motociclismo, básquet y por supuesto su selección de futbol, recientemente coronada campeona mundial. La clase política española tuvo un acierto enorme en acordar como política de estado al deporte, tan es así que realiza muchísimas competencias por año en todo su territorio de los más variados deportes, y ni que decir de “La Liga”, solo basta buscar en las noticias diarias para comprobarlo, generándole enormes ingresos económicos que luego son invertidos en la formación de nuevas generaciones de deportistas. En Sudáfrica, más o menos al mismo tiempo que los españoles, por los años ’90, el expresidente Nelson Mandela, se dio cuenta que el rugby, deporte en el que se destacan, se podría utilizar como un factor identitario de cohesión e igualación social para combatir el fuerte racismo heredado del apartheid. Sería largo entrar en detalles, pero hay muchas fuentes y de las más variadas que se pueden consultar.

 

 

Estos ejemplos y el ejecutado por nuestra selección de futbol debería bastarle, a la clase dirigente de todos los signos políticos y de todos los ámbitos de nuestro país, para entender que el desarrollo social se alcanza con políticas de estado sostenibles en el tiempo, más allá de que gobiernen unos u otros, entendiendo sin reparos que el deporte es político. 

 

Escribe: Raul Reggiori

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Fuente: Foto Minuto Uno

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