Gabriel Merino: “China no copia el futuro, lo planifica”
Una experiencia distinta a los viajes académicos tradicionales
El viaje a China no tuvo el formato habitual de los intercambios universitarios o los congresos internacionales. Según explica Merino, la actividad principal consistió en acompañar una delegación de pequeños empresarios afros vinculados al sector tecnológico que viajaron para capacitarse en inteligencia artificial y nuevas herramientas de desarrollo productivo.
La iniciativa fue impulsada de manera conjunta por organismos brasileños de promoción de pequeñas y medianas empresas (Sebrae) y por el Ministerio de Igualdad Racial de Brasil (MIR), con el acompañamiento de CLACSO. La experiencia se planteó como una prueba piloto orientada a proyectar una política de Estado vinculada a la cooperación con China.
“Lo interesante fue que pudimos conocer empresas, universidades y ver en concreto cómo funciona ese proceso de desarrollo tecnológico”, explica.
La experiencia tuvo como epicentro la Universidad Politécnica de Ningbo, una institución estrechamente vinculada a los procesos de innovación tecnológica e industrial que impulsa el gobierno chino.
Brasil capacita empresarios, China abre las puertas
Uno de los aspectos que más llamó la atención del investigador argentino fue la estrategia desplegada por Brasil para formar empresarios en áreas vinculadas a la inteligencia artificial.
“Es exactamente eso: una política de Estado para que sus empresarios se entrenen y después desarrollen esas capacidades en Brasil”, señala.
A su vez, destaca que China ofrece este tipo de capacitaciones de manera gratuita en el marco de programas de cooperación internacional asociados a los BRICS y a iniciativas de articulación con países del Sur Global. Según relata, no se trata únicamente de cursos o seminarios, ya que la formación ocurre en instituciones que participan activamente de los procesos de innovación y desarrollo productivo del país.
“Estás en la cocina de ese proceso”, resume.
El triángulo que articula Estado, universidades y producción
Una de las imágenes que más utiliza Merino para explicar lo observado es la del denominado Triángulo de Sábato. La articulación entre Estado, sistema científico-tecnológico y sector productivo aparece como uno de los pilares del modelo chino, aunque advierte que allí adquiere características particulares.
“El gobierno lidera el proceso de desarrollo científico, tecnológico e industrial”, sostiene.
Los grandes planes nacionales fijan objetivos estratégicos y luego son implementados a través de universidades, centros de investigación, empresas públicas, cooperativas y compañías privadas. Programas como Made in China 2025 constituyen ejemplos concretos de esa planificación.
“No es una universidad estudiando un tema. Está directamente involucrada en el desarrollo tecnológico de las empresas”, explica.
Un modelo diferente al estadounidense
El investigador considera que muchas veces se presenta una falsa dicotomía entre mercado y planificación. China demuestra que pueden coexistir ambas dimensiones: existe mercado, existen empresas privadas, pero las decisiones estratégicas sobre el rumbo del desarrollo permanecen bajo conducción pública.
“En China la burguesía no toma las decisiones”, afirma.
La comparación con Estados Unidos aparece de manera recurrente. Merino recuerda que Silicon Valley tampoco surgió espontáneamente, sino que fue impulsado por el complejo industrial-militar y por políticas estatales. La diferencia radica en quién conduce el proceso.
“En Estados Unidos domina el sector privado. En China la lógica es distinta”, sostiene.
Inteligencia artificial aplicada a la vida cotidiana
Uno de los descubrimientos más sorprendentes del viaje fue observar cómo la inteligencia artificial dejó de ser una herramienta reservada para laboratorios o empresas de alta tecnología. Merino relata experiencias observadas en zonas rurales donde estas tecnologías son utilizadas para mejorar cultivos, preservar biodiversidad y aumentar la productividad.
“Vimos aldeas que antes eran pobres y hoy tienen infraestructura espectacular, laboratorios y centros tecnológicos”, explica.
La incorporación de inteligencia artificial permite optimizar procesos agrícolas, desarrollar nuevas variedades y mejorar rendimientos productivos. Lo llamativo, según destaca, es que estas innovaciones no aparecen aisladas, sino que forman parte de una estrategia integral que incluye infraestructura, vivienda, educación y conectividad.
La cuestión de la tierra y los costos productivos
Otro aspecto que llamó la atención del investigador es el régimen de propiedad de la tierra. En China no existe la propiedad privada de la tierra en los términos tradicionales conocidos en Occidente, ya que las familias y comunidades acceden a derechos de uso de largo plazo, pero la tierra continúa siendo de carácter público o colectivo.
“Eso baja enormemente los costos de producción”, sostiene.
A su entender, esta característica elimina una parte importante de las rentas que en otros países terminan encareciendo los procesos productivos. La diferencia se observa especialmente en áreas rurales que combinan infraestructura moderna, vivienda de calidad y producción intensiva.
Un horizonte de futuro compartido
Más allá de los indicadores económicos, Merino destaca algo que considera aún más importante: la existencia de un horizonte común.
“Hay un convencimiento social muy fuerte respecto del rumbo que sigue el país”, afirma.
Según relata, la percepción de estar participando de un proyecto colectivo aparece de manera recurrente en distintos ámbitos de la sociedad china. Ese horizonte combina tradición, modernización tecnológica, crecimiento económico y mejora de las condiciones de vida.
“Lograron unir miles de años de civilización con una mirada muy fuerte hacia el futuro”, sostiene.
Una infraestructura difícil de dimensionar
Durante el viaje, Merino tuvo la posibilidad de recorrer Shanghái y Hangzhou, aunque esos no fueron los destinos principales de su estadía. En Shanghái, estuvo en la Universidad de Fudan, una de las instituciones académicas más reconocidas de China. Sin embargo, el eje central de la experiencia transcurrió en Ningbo, una ciudad prácticamente desconocida para la mayoría de los latinoamericanos. Lo que encontró allí fue impactante, en particular en la Universidad Politécnica de Ningbo.
“Es una ciudad con una escala que no tiene comparación en América Latina”, explica.
Redes de metro, trenes rápidos, infraestructura urbana, parques tecnológicos y sistemas de transporte de alta eficiencia forman parte de la vida cotidiana. Lo que más lo sorprendió fue que esa infraestructura no está concentrada únicamente en las grandes metrópolis, sino que también aparece en ciudades intermedias y regiones alejadas de los principales centros políticos.
Energía, transporte y reducción de costos
El desarrollo tecnológico también impacta sobre los costos de vida. Merino destaca especialmente la expansión de los vehículos eléctricos y la transición energética.
“Te subís a un auto eléctrico y recorrés treinta kilómetros por diez dólares”, ejemplifica.
El acceso a energía más barata y sistemas productivos más eficientes genera, según su mirada, un círculo virtuoso de productividad y crecimiento. A eso se suman alimentos accesibles, transporte público de calidad y costos relativamente bajos para gran parte de la población.
“Es como si combinaras infraestructura de Alemania con precios de un país del Sur Global”, grafica.
Lo que Argentina puede aprender
A lo largo de toda la entrevista aparece una aclaración permanente: Merino no propone copiar el modelo chino. Tampoco considera que sea posible trasladarlo mecánicamente a la realidad argentina, aunque sí cree que existen aprendizajes valiosos.
“Hay mucho para estudiar y mucho para aprender”, sostiene.
Entre esos elementos menciona la planificación de largo plazo, la articulación entre universidades y producción, la inversión en infraestructura y la capacidad de construir consensos estratégicos alrededor de objetivos de desarrollo.
“No hay que copiar. Hay que hacerlo con nuestras características, nuestra historia y nuestras necesidades”, concluye. Pero inmediatamente agrega una reflexión que atraviesa toda la conversación.
“China era uno de los países más pobres del mundo cuando comenzó sus planes quinquenales. Hoy está transformando el siglo XXI. Esa experiencia merece ser estudiada”.
Fuente: Radio Gráfica FM 89.3 www.radiografica.org.ar [seguir aquí]
Fuente: Foto el Resaltador
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