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Glaciares, petróleo y crisis climática, la fuerte advertencia de Luis Tuninetti

Luis Tuninetti, activista ambiental cordobés, integrante del Foro Ambiental Córdoba y especialista en política climática y gestión ambiental, analiza el complejo escenario internacional y nacional en materia ecológica, atravesado por guerras, extractivismo, crisis climática y retroceso institucional. En una extensa entrevista, advierte sobre el creciente poder de la industria petrolera en las negociaciones globales, cuestiona el vaciamiento de organismos científicos y ambientales en Argentina. El docente universitario alerta sobre la flexibilización de la Ley de Glaciares y la posible avanzada sobre bosques nativos, y sostiene que el cambio climático ya no puede entenderse solo como un problema ambiental, sino como una disputa geopolítica, económica y civilizatoria donde los intereses corporativos condicionan cada vez más las decisiones de los Estados.

Las guerras y la excusa perfecta para abandonar compromisos ambientales


El especialista parte de una mirada global cargada de preocupación. “La situación a nivel internacional, y también a nivel local, no es propicia ni para alegrarse, es más para preocuparse”, afirma.

 

Para el referente ambiental, el actual contexto bélico puede convertirse en un punto de inflexión negativo para las políticas climáticas internacionales. “Las guerras que están ocurriendo, que prácticamente podemos decir que es una tercera guerra mundial, van a servir de excusa para muchos políticos para no cumplir acuerdos internacionales”, advierte.

 

Desde su perspectiva, el escenario de conflicto internacional está desplazando prioridades y debilitando compromisos multilaterales que ya venían mostrando enormes dificultades de cumplimiento.

 

Los ODS y una agenda internacional prácticamente estancada


Tuninetti pone como ejemplo los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU. Según explica, los informes anuales muestran un panorama alarmante.

 

“Prácticamente ninguno está en vías de cumplirse”, señala. Lo más preocupante, agrega, es que muchos objetivos ni siquiera cuentan con datos suficientes para ser evaluados. Otros están directamente estancados o en retroceso.

 

La reflexión del especialista deja una ironía amarga. “¿Sabés tristemente cuál es el único subobjetivo que se va a cumplir? El acceso universal a Internet”. Mientras tanto, cuestiones vinculadas a pobreza, salud, educación o ambiente siguen lejos de las metas proyectadas.

 

Miles de millones para la guerra, migajas para el clima


Uno de los ejes más fuertes de su análisis es la comparación entre gasto militar y financiamiento climático. “Estados Unidos está gastando mil millones de dólares por día solamente para mantener el circo en Medio Oriente”, sostiene.

 

En contraste, explica que los fondos destinados a enfrentar la crisis climática son ínfimos. El compromiso internacional de financiamiento ambiental ronda los 100 mil millones de dólares anuales, una cifra que parece enorme, pero que, según el ambientalista, “equivale a un par de días militares”.

 

Además, cuestiona el mecanismo mediante el cual ese financiamiento llega a países vulnerables. “El 85% va en forma de créditos blandos, pero no deja de ser un crédito”, explica.

 

Para bajar la idea a tierra utiliza un ejemplo cotidiano. “Es como romperle el auto al vecino y después prestarle plata para que lo arregle y lo devuelva en cuotas”. En su lectura, los países industrializados son responsables centrales del desbalance climático y deberían asumir otro tipo de reparación.

 

De la inacción ambiental a la destrucción


Cuando baja al plano argentino, el diagnóstico se vuelve todavía más duro. “Antes, cuando hablábamos de un gobierno malo en cuestiones ambientales, hablábamos de inacción. Hoy vemos destrucción directamente”, afirma.

 

El activista señala dos mecanismos principales. El primero es presupuestario. “El presupuesto ambiental fue totalmente reducido”, advierte. El segundo es institucional, con degradación o debilitamiento de organismos clave.

 

Menciona especialmente el Servicio Meteorológico Nacional, INTA, INTI y CONICET. Aunque no todos dependan formalmente del área ambiental, considera que cumplen funciones esenciales para cualquier política climática seria.

 

Servicio Meteorológico, INTA y el riesgo para la población


El referente cordobés pone el foco en las consecuencias concretas del ajuste. “No hay chance alguna de hacer estudios climáticos serios sin los técnicos del Servicio Meteorológico Nacional”, afirma.

 

Según señala, el cierre o debilitamiento de estaciones meteorológicas implica riesgos directos para la población. “Estamos hablando de tormentas, clima extremo, vuelos, alertas”, enumera.

 

Lo mismo ocurre, según explica, con organismos vinculados a producción sustentable o investigación científica. Para el ambientalista, el desmantelamiento de estas estructuras deja al país sin herramientas estratégicas para enfrentar eventos extremos y planificar políticas ambientales.

 

La próxima batalla ambiental, los bosques


Tuninetti advierte que la discusión sobre glaciares no será el último conflicto ambiental importante. “La próxima pelea viene por el lado de los bosques”, anticipa.

 

Según explica, ya existen movimientos orientados a flexibilizar normativas ambientales vinculadas a la protección forestal. Aunque todavía no haya textos definitivos para analizar, el activista teme que ocurra un proceso similar al de la Ley de Glaciares.

 

“Seguramente va a ser nefasto como todo lo que están haciendo desde el punto de vista ambiental”, sostiene.

 

Glaciares, minería y una ley que deja de proteger


Uno de los núcleos centrales de la entrevista es la reforma vinculada a glaciares y ambiente periglaciar. El especialista cuestiona el argumento oficial de que los glaciares seguirán protegidos.

 

“Ellos han ido a decir que los glaciares no se tocan y es mentira”, afirma. Explica que la nueva lógica permitiría que las provincias determinen técnicamente qué glaciares consideran relevantes y cuáles no.

 

Antes, resume, “un glaciar no se tocaba, punto”. Ahora el criterio cambia y eso abre margen para habilitar actividades extractivas en zonas antes protegidas.

 

El ambiente periglaciar y siete millones de personas


La preocupación no se limita al glaciar en sí. El referente ambiental insiste en la importancia del ambiente periglaciar, la zona de amortiguamiento que rodea a los glaciares.

 

“No son piedras heladas que no sirven para nada”, responde frente a discursos que minimizan su función. Según explica, estos territorios cumplen servicios ecosistémicos fundamentales, especialmente en procesos de regulación hídrica.

 

El dato más fuerte aparece cuando dimensiona el impacto social. “Siete millones de personas en Argentina dependen de los glaciares”, advierte, especialmente en regiones áridas donde el agua resulta estratégica para la subsistencia.

 

Minería, empleo y el mito del derrame


El activista también cuestiona la idea de que el extractivismo minero generará desarrollo masivo. “Estamos hablando de inversiones enormes que no terminan creando empleo”, sostiene.

 

La minería, el petróleo, el agro y el sector financiero aparecen como los sectores que hoy impulsan el crecimiento estadístico del PBI, pero con baja generación de mano de obra.

 

“Tenemos aumento del PBI y aumento de la desocupación”, resume. Para el especialista, allí se expresa una de las grandes paradojas del modelo actual. Crecimiento económico sin distribución ni generación significativa de empleo.

 

Territorios cerrados y control imposible


Otro aspecto crítico que señala es la imposibilidad real de controlar actividades mineras en alta montaña. “Son verdaderos feudos”, afirma al describir territorios bajo dominio empresarial donde el acceso ciudadano resulta prácticamente imposible.

 

Ni siquiera quienes viven cerca, explica, pueden observar realmente lo que ocurre. “No cualquiera tiene acceso a la alta montaña y aun teniendo acceso no tenés permiso para estar ahí”, advierte.

 

Por eso considera ilusorio pensar que los controles ambientales dependen solamente de voluntad ciudadana. El problema es estructural y territorial.

 

La guerra, el genocidio y los límites del debate climático


Hacia el final de la primera parte, el ambientalista vuelve al plano internacional y plantea un límite ético en el análisis ambiental de las guerras.

 

Reconoce que los conflictos bélicos generan emisiones enormes de gases de efecto invernadero, pero evita convertir eso en el centro de la discusión. “Hablar de emisiones en medio de un genocidio no me parece prudente”, sostiene. La prioridad, afirma, es la dimensión humana sosteniendo la contundente afirmación de terminar cuanto antes los intereses belicista que hay detras del actual plano internacional, por ende culminar con las muertes de personas inocentes y víctimas de conflictos geopolíticos.

 

El petróleo sigue gobernando el mundo


El ambientalista no duda cuando le preguntan si la lógica fósil sigue dominando la política internacional. “Hay algo que domina el mundo y es el petróleo”, afirma de manera tajante.

 

Para explicar esa afirmación, el integrante del Foro Ambiental Córdoba describe cómo funcionan las cumbres internacionales de cambio climático. “¿Sabés cuál es la delegación que más gente lleva a las COP? La industria petrolera”, advierte.

 

La frase resume una de sus principales críticas. Mientras los gobiernos hablan de transición energética, las corporaciones vinculadas a combustibles fósiles mantienen un peso enorme dentro de las negociaciones globales.

 

“Imaginate qué puede salir de ahí”, ironiza el referente ambiental, dejando entrever que buena parte de las negociaciones climáticas nacen condicionadas desde el inicio.

 

La prohibición mundial de plásticos que nunca llegó


Tuninetti utiliza el fracaso de las negociaciones sobre plásticos de un solo uso como ejemplo concreto del poder petrolero. “Se hicieron tres reuniones internacionales para acordar la eliminación paulatina de los plásticos de un solo uso y el resultado fue la nada misma”, sostiene.

 

Según explica, los países petroleros y las empresas del sector bloquearon cualquier avance significativo. El motivo es económico. “El petróleo es un insumo básico para los plásticos”, recuerda.

 

En su lectura, el problema no es técnico ni científico. Es político y corporativo. Los sectores que deberían reducirse son precisamente quienes más capacidad tienen de influir sobre gobiernos y organismos internacionales.

 

Cumbres climáticas dirigidas por petroleras


Uno de los ejemplos que más le preocupa al especialista fue la reciente cumbre climática organizada en Qatar. “El presidente de la cumbre de cambio climático era el dueño de la mayor petrolera mundial”, señala.

 

La contradicción, para el activista cordobés, resulta brutal. Quienes obtienen enormes ganancias del modelo fósil terminan ocupando espacios centrales en los debates destinados justamente a limitar sus impactos.

 

“¿Qué podemos esperar? Muy poco”, concluye.

 

La ONU advierte, pero los gobiernos profundizan el problema


Aunque reconoce las limitaciones históricas de Naciones Unidas, el ambientalista hace una diferenciación importante. “Hoy no podemos decir que la ONU se haga la sota”, afirma.

 

Según explica, los informes anuales del organismo son cada vez más críticos. “Todos los años la ONU dice, estamos mal, vamos mal y nos va a ir mal”, resume.

 

Sin embargo, señala que los gobiernos siguen extendiendo y agravando el problema climático. El cambio climático, insiste, ya no es un escenario futuro. “Claramente ya lo tenemos”, advierte.

 

La discusión actual, según su mirada, no pasa por detener completamente el fenómeno —algo que considera imposible— sino por intentar reducir sus impactos más graves.

 

Las organizaciones ambientales y una militancia profesionalizada


Al hablar del presente de las organizaciones ambientales, el docente e investigador universitario rescata un proceso positivo. “Hubo una profesionalización muy importante de las organizaciones ambientales”, señala.

 

Según explica, muchas organizaciones ya no están integradas solo por personas sensibilizadas con la temática, sino también por profesionales formados técnicamente en ambiente, política climática y gestión territorial.

 

Sin embargo, también advierte sobre una fuerte depuración producto de las trabas burocráticas y del desgaste económico.

 

Las asambleas vecinales como resistencia


El integrante del Foro Ambiental Córdoba reivindica especialmente el rol de las asambleas socioambientales. “Las asambleas vecinales son un muy buen insumo”, sostiene.

 

Menciona como ejemplo histórico la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú y explica que muchas veces estas experiencias surgen alrededor de conflictos concretos. Una minera, una represa, desmontes o contaminación.

 

El problema, según advierte, es que muchas asambleas se desactivan una vez finalizado el conflicto puntual, haya o no solución definitiva.

 

La crisis económica también debilita la militancia ambiental


Uno de los puntos más interesantes del análisis aparece cuando relaciona la crisis económica con la caída de participación social.

 

“Hoy la gente está pensando en sobrevivir económicamente”, afirma. Eso, según explica, limita la capacidad de involucramiento en causas sociales, ambientales o comunitarias.

 

“Cada vez tenemos menos tiempo para llevar adelante estas luchas”, sostiene. La mayoría de las organizaciones ambientales, aclara, subsisten “a pulmón”.

 

El Foro Ambiental Córdoba, explica, forma parte de esa lógica de militancia sostenida con esfuerzo personal y no con financiamiento estable.

 

El disciplinamiento económico y la sensación de derrota


Tuninetti también reconoce el impacto psicológico y político del poder económico sobre las luchas ambientales.

 

“Hay muchas cosas que uno ya da por perdidas de entrada”, admite. El motivo es claro. Del otro lado existen corporaciones capaces de movilizar cantidades inmensas de recursos económicos, comunicacionales y políticos.

 

Menciona especialmente a Barrick Gold y a las mineras internacionales, que según explica invierten enormes sumas para influir sobre legisladores, medios y estructuras de poder.

 

Incluso recuerda casos donde legisladores fueron invitados al exterior por empresas mineras. “Ahí tenés un ejemplo claro”, señala.

 

La Ley de Glaciares y los gobernadores


El activista también profundiza en cómo operó políticamente la flexibilización ambiental. Según explica, muchos legisladores votaron por disciplina partidaria más que por convicción.

 

“La inmensa mayoría no tiene ni la más remota idea de qué es lo que votó”, dispara.

 

Para el referente cordobés, el verdadero poder estuvo en los gobernadores, que dependen financieramente de Nación y necesitan recursos para sostener sus gestiones.

 

“O hacés eso o no te mando fondos”, resume al describir lo que interpreta como un mecanismo de disciplinamiento económico sobre las provincias.

 

En ese contexto, sostiene que muchos dirigentes terminaron acompañando reformas ambientales aun cuando personalmente las consideraban una aberración.

 

La esperanza puesta en la Justicia


A diferencia de lo que ocurre en el plano político, el especialista cree que la principal resistencia vendrá desde el Poder Judicial. “Tengo toda la confianza de que en la Justicia va a haber una lucha interesante”, afirma.

 

Según su mirada, las disputas ambientales más importantes de los próximos años probablemente se trasladen a tribunales, especialmente en temas vinculados a glaciares, minería y bosques nativos.

 

La próxima flexibilización, los bosques


Hacia el cierre, Tuninetti vuelve sobre una advertencia que considera central. La futura avanzada sobre la Ley de Bosques.

 

Explica que actualmente el sistema divide territorios en categorías verde, amarilla y roja según nivel de protección ambiental. La preocupación del activista es que el Gobierno avance flexibilizando restricciones incluso en zonas sensibles.

 

“Hasta ahora lo que sabemos es una flexibilización”, señala.

 

El problema, según advierte, es que incluso hoy ya existen desmontes ilegales en zonas rojas. Con menos controles y mayores permisos, el escenario podría agravarse todavía más.

 

Cambio climático, extractivismo y una disputa civilizatoria


El cierre de la entrevista deja una lectura amplia sobre el presente mundial. Para el activista cordobés, la crisis ambiental ya no puede leerse solamente como un problema técnico.

 

Detrás del cambio climático aparecen disputas energéticas, concentración económica, guerras, extractivismo, disciplinamiento financiero y pérdida de soberanía sobre bienes comunes estratégicos.

 

Por eso insiste en que el desafío no es solo ambiental. También es político, económico y profundamente humano.

 

Fuente: En Exclusiva con Revista Vértices.

 

Información

Fuente: Foto Puntal de Villa María

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