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Habitar para defender: la juventud universitaria que busca transformar desde adentro

En el marco del Día Internacional de la Juventud, Joaquina Rivera, estudiante de la Licenciatura en Composición Musical de la Universidad Nacional de Villa María y referente estudiantil de Brote (conducción del Centro de Estudiantes de Humanas), reflexiona sobre lo que significa estudiar, trabajar y participar en la universidad pública en el contexto actual. Frente a las dificultades económicas, los problemas para sostener las cursadas y el alejamiento de parte de las juventudes de las formas tradicionales de militancia, reivindica la cultura, el encuentro y la organización colectiva: “La mejor manera de defender nuestra universidad pública es habitarla”.

Estudiar como un acto revolucionario


Para Joaquina Rivera, hablar de las juventudes universitarias implica partir de las condiciones concretas en las que actualmente estudian. La referente estudiantil sostiene que permanecer dentro de la universidad pública adquiere otro significado cuando las dificultades económicas comienzan a condicionar la posibilidad misma de cursar una carrera.

 

“Para mí ser joven y participar activamente de la vida universitaria en la actualidad es un acto revolucionario, más que nada en la universidad pública, dadas las condiciones del pobre financiamiento que estamos teniendo, del incumplimiento incluso de la ley del financiamiento universitario”, expresa.

 

Su definición no queda limitada a quienes participan de organizaciones políticas. Para Rivera, levantarse, viajar y sostener diariamente una carrera constituye por sí mismo una forma de defender la educación pública. “Fuera de cualquier tinte político y fuera de cualquier espacio de participación política, los estudiantes hacemos malabares para cursar y a la vez sustentarnos económicamente”.

 

Viajar, trabajar y sostener una carrera


La realidad adquiere características particulares en una universidad como la de Villa María, donde una parte del estudiantado proviene de localidades del interior y necesita trasladarse diariamente o instalarse en la ciudad para poder estudiar.

 

“Hay estudiantes que vienen de los pueblos, que tienen que viajar, que dependen de un boleto educativo”, señala. A eso se agregan quienes necesitan trabajar para afrontar el alquiler y los gastos cotidianos mientras intentan mantener la regularidad académica.

 

“De repente hay estudiantes que tienen que laburar para mantenerse, para mantener un alquiler, para mantener su vida acá en la ciudad. Y por ahí eso conlleva poner en riesgo materias, poner en riesgo su cursada.”

 

Por eso insiste en que ser estudiante universitario actualmente “no es solo estudiar y ya”. La dimensión económica atraviesa las posibilidades de permanecer, avanzar en una carrera y finalmente recibirse.

 

“La mejor manera de defender nuestra universidad es habitarla”


Desde Brote, la organización estudiantil de la que forma parte, existe una definición que Rivera repite como una de sus principales banderas: defender la universidad pública también significa ocupar cotidianamente sus espacios.

 

“Nosotros siempre como organización decimos que la mejor manera de defender nuestra universidad pública es habitarla, y eso es lo que tratamos de hacer nosotros, todos los estudiantes en general, cuando vamos a cursar.”

 

Para la joven referente, esa presencia adquiere un significado político frente a las decisiones del Gobierno nacional sobre el sistema universitario. Desde su perspectiva, continuar cursando y construyendo comunidad constituye una respuesta frente al desfinanciamiento que denuncia.

 

“Cada estudiante de la universidad, cuando se levanta todos los días para ir a cursar a una universidad de pocos recursos, está ejerciendo un acto revolucionario.”

 

Brote: volver a construir participación


La propia denominación de Brote expresa, según Rivera, el sentido con el que surgió la organización. Su nacimiento estuvo atravesado por las consecuencias que dejó la pandemia sobre la participación estudiantil y por la necesidad de reconstruir espacios de representación dentro del Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Humanas.

 

“Brote en la Universidad Nacional de Villa María nace desde una necesidad de volver a nacer en cierto punto, de volver a crecer y volver a plantar un nuevo centro de estudiantes que cuente con políticas públicas que respondan a las demandas del estudiantado.”

 

Rivera utiliza la imagen de una semilla para explicar aquel proceso: “Brote, como su nombre lo indica, es una semilla que brotó entre tierra muerta de centros de estudiantes de Humanas donde no había personas que se hagan cargo de ese espacio”.

 

La organización asumió entonces el desafío de representar a los estudiantes, defender sus derechos y reconstruir una participación que había quedado debilitada.

 

Una peña para que los estudiantes también tengan escenario


Una de esas formas de participación aparece alrededor de la cultura. En el marco del Congreso de Música, Brote impulsó una peña pensada como un espacio más abierto para estudiantes, jóvenes y bandas locales.

 

La refente estudiantil observa que las instancias académicas tradicionales no siempre ofrecen las mismas posibilidades para que los estudiantes puedan mostrar sus propias producciones.

 

“La peña nace como un ambiente más distendido después del Congreso, donde por ahí hay más lugar para que las bandas locales, de los jóvenes, de los estudiantes y de los pibes puedan compartirnos su cultura y mostrarnos lo que están haciendo.”

 

Para la estudiante de Composición Musical, existe también una reivindicación del valor de aquello que producen sus propios compañeros: “Lo que tienen para mostrar los estudiantes es igual de bueno que cualquier persona con un magíster que toque en el Congreso”.

 

“Para mí, la salida es cultural”


La elección de una peña tampoco resulta casual. Frente a la formalidad de una ponencia o una instancia académica, el formato permite construir otro tipo de relaciones entre quienes participan.

 

“Es un espacio más informal que una ponencia, que cualquier instancia congresista. Es un espacio más distendido, más como disfrute y más para poner en común otras cosas, otras vivencias que vivimos los estudiantes.”

 

En ese punto aparece una de las definiciones más fuertes de Rivera. Para Brote, explica, la cultura no constituye simplemente una actividad complementaria de la militancia universitaria.

 

“Nuestra bandera siempre va a ser y será la cultura, porque yo creo que hay que tener en vista a la cultura como un acto revolucionario.”

 

Y profundiza: “Yo siempre digo que la revolución viene de la mano de la cultura porque es algo que nos afecta a todos como seres humanos, es lo más humano que existe, es algo que nos encuentra, es algo que nos une”.

 

En tiempos que define como “austeros”, encuentra allí una herramienta capaz de reconstruir vínculos colectivos. “Hay algo de la cultura que viene de las raíces, que viene de las creencias, que viene de lo que uno cree. Nuestra bandera y nuestra manera de ser revolucionarios es la cultura. Para mí la salida es cultural.”

 

Salud mental y condiciones para estudiar


Pero las preocupaciones estudiantiles no terminan en el financiamiento. Rivera incorpora la salud mental como otra dimensión que condiciona las trayectorias universitarias.

 

Menciona la ansiedad vinculada con los estudios, las exigencias académicas y determinadas dificultades pedagógicas como factores que se suman a las preocupaciones económicas que enfrentan los jóvenes.

 

“Hay un montón de factores psicológicos que también influyen en la cursada de los estudiantes”, sostiene. Para la referente, no puede pensarse el derecho a estudiar únicamente en términos de tener abierta la puerta de una universidad: también deben existir condiciones materiales y subjetivas que permitan permanecer en ella.

 

Juventudes alejadas de la política tradicional


Rivera reconoce, al mismo tiempo, una distancia entre parte de las nuevas generaciones y las formas tradicionales de participación política. Considera que actualmente palabras como política y militancia generan resistencias entre algunos jóvenes.

 

“Las juventudes están alejadas de la participación estudiantil porque por ahí se le tiene un poco de miedo a la palabra política, se le tiene un poco de miedo a la palabra militancia hoy en día.”

 

Desde su mirada, ese fenómeno se relaciona con “la cantidad de discursos de odio y negacionismo” y con la pérdida de credibilidad que atravesaron determinados espacios políticos.

 

Sin embargo, para Joaquina, alejarse de las estructuras tradicionales no significa necesariamente dejar de participar. El desafío de las organizaciones estudiantiles consiste precisamente en encontrar nuevos caminos para involucrar a quienes no desean militar orgánicamente.

 

Otras maneras de participar


Brote intenta responder a esa transformación mediante actividades que exceden las formas convencionales de militancia. Ferias, propuestas laborales, actividades culturales, espacios para bandas y acompañamiento ante conflictos académicos aparecen como diferentes puertas de entrada.

 

“Tenemos que encontrar la forma de que se involucren y nuestra forma de que se involucren capaz que son otras más que sumándose a militar.”

 

Entre esas experiencias menciona “dar oportunidades de trabajo, como lo hicimos en la feria”, generar posibilidades para las bandas que participan de la peña y, fundamentalmente, escuchar los problemas cotidianos de los estudiantes.

 

También destaca la representación ante los órganos institucionales y la articulación con las autoridades del Instituto de Humanas. “Es nuestro deber como centro de estudiantes representarlos políticamente”, afirma, independientemente de la identificación ideológica de cada estudiante.

 

“Uno no puede estudiar con hambre”


Cuando imagina qué universidad necesitan las próximas generaciones, Rivera vuelve sobre las condiciones materiales. Su respuesta combina financiamiento, políticas públicas, bienestar estudiantil y presencia estatal.

 

“Yo creo que la universidad que necesitan las nuevas generaciones es una universidad financiada, que tenga las condiciones, tanto físicas como mentales, para sostener la cursada de todos los estudiantes.”

 

Y lo sintetiza en una frase contundente: “Uno no puede estudiar con hambre, no puede estudiar con ansiedad, uno no puede estudiar con un laburo de más de 12 horas precarizado y en negro”.

 

Desde esa perspectiva, sostiene que “la universidad que necesitan las nuevas generaciones es una universidad de la mano de un Estado presente”.

 

“Nadie se salva solo”


En el cierre, Rivera dirige su mensaje especialmente hacia quienes atraviesan las mismas dificultades pero todavía permanecen alejados de los espacios colectivos.

 

“No bajen los brazos. Por ahí estamos viviendo en tiempos austeros, pero siempre hay una línea de esperanza y siempre hay algo de lo que agarrarse.”

 

La experiencia acumulada dentro de la militancia estudiantil le dejó, según cuenta, una certeza: “Yo siempre digo que nadie se salva solo y estos años de militancia me han demostrado que es verdad”.

 

Por eso invita a los estudiantes de Humanas a participar de la construcción de su propio espacio universitario. Para Rivera, encontrarse con otro estudiante que atraviesa problemas similares puede convertirse también en una forma de contención.

 

“Siento que todos los estudiantes de las universidades públicas tenemos las mismas preocupaciones, nada más que no nos miramos a las caras y no nos comunicamos.”

 

Transformar el lugar que se habita


La idea con la que comenzó su reflexión reaparece entonces en el final. Habitar la universidad no significa solamente asistir a clases: implica apropiarse de sus espacios, encontrarse con otros y reconocer la posibilidad de intervenir sobre aquello que se considera necesario cambiar.

 

“Yo creo que la mejor forma de hacer un espacio más ameno para la cursada es cambiándolo, transformándolo con nuestra perspectiva y con nuestro punto de vista.”

 

Para Joaquina Rivera, participar permite recuperar cierta capacidad colectiva frente a problemas que individualmente parecen imposibles de modificar. “Participar de una organización política te hace sentir que uno tiene el control y el poder de cambiar las cosas mediante procedimientos, obviamente burocráticos, pero también mediante ganas y amor.”

 

Y allí aparece, finalmente, el sentido de habitar para defender: “Amor por el espacio en el que vamos a cursar todos los días. Tenemos que tener ganas de cambiar las cosas”.

 

Fuente: Entrevista a Joaquina Rivera, estudiante de la Licenciatura en Composición Musical de la Universidad Nacional de Villa María y referente estudiantil de Brote, en el marco del Día Internacional de la Juventud.

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