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Invadimos al invasor: Fútbol y memoria

Argentina volvió a derrotar a Inglaterra y alcanzó su séptima final mundialista. Una victoria que trasciende la cancha y enlaza fútbol, identidad nacional, memoria histórica y resistencia cultural, con la mirada puesta en el bicampeonato y la cuarta estrella.

Las Islas Malvinas son y serán argentinas, así como el fútbol es y será argentino: nunca inglés, nunca anglófilo.

 

Los únicos piratas de esta historia fueron Moreno, Monti, Di Stéfano, Kempes, Menotti, Bilardo, Basile y Sabella quienes comenzaron a transformar aquella práctica en una identidad profundamente argenta. Este partido comenzó mucho antes de entrar a la cancha.

 

Se jugó en la historia: desde las invasiones inglesas y el Pacto Roca-Runciman hasta la Guerra de Malvinas. También se disputó en el terreno de la comunicación, que ambas operaciones intentan reinstalar su hegemonía cultural cada vez que puede. Sus panelistas son apenas porristas de una vieja idea que ya no tiene ni pie ni cabeza que solo es una resaca eurocentrista.

 

Desde Europa no toleran que los “sudacas” seamos los verdaderos dueños del fútbol. Por eso buscan excusas políticas, nos llaman “ArgenFIFA” y repiten desde los estudios de televisión que nuestra Selección es vulnerable y puede ser derrotada. Hoy superamos a un equipo formado por verdaderos deportistas de élite con un técnico alemán que ganó todo pero sin el respaldo de la cultura mundialista. Al contrario tienen un mundial regalado por ser un país imperialista.

 

Por eso este enfrentamiento también está marcado por nuestras resistencias: primero fue Rattín escupiendo la alfombra; después, los dos golazos eternos de Maradona; y en 1998, el Bati y el Pupi. Ahora, con el planteamiento de Scaloni, el gol de Enzo y el cabezazo de Lautaro, volvimos a robarles el sueño a los ladrones de siempre.

 

Gracias Cuti, Gracias Lean, Gracias Giuliano y gracias al equipo por dejar todo. La única disnastia es la maradoniana, chau a los Estuardos, chau a los Tudor. Adiós a toda una ficción de sangre azul que se hizo con la sangre de nuestros pueblos originarios, la apropiación de nuestro recursos y con la transpiración de su clase obrera.

 

Ni Jorge III, ni Enrique VIII, ni Carlos III. El único rey es argentino y se llama Lionel Andrés Messi. Por la memoria de nuestros caídos en Malvinas. Por nuestra séptima final. Por nuestra cuarta corona. ¡Vamos por el bicampeonato! ¡Viva el fútbol! ¡Las Islas Malvinas son y serán argentinas! 

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Escribe Lic. Luciano Chialvo

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