Juguetería Dauria: 121 años de historia, sueños y desafíos
Orígenes: una esquina, una imprenta y un legado familiar
“Nuestro proyecto nace hace muchísimos años, somos una empresa originaria y oriunda de Belville, provincia de Córdoba”, comienza Ezequiel. La historia se remonta a 1904, cuando su tatarabuelo abrió el negocio en una de las esquinas más tradicionales del centro, en calle Córdoba y Banco. Allí funcionaba una librería e imprenta que, a su vez, ya tenía raíces más antiguas: “ya venía del padre de mi tatarabuelo en Italia, alrededor de 1900”.
La primera etapa se consolidó con la compra de esa esquina y la instalación de la imprenta en el subsuelo. Con el tiempo, el comercio se volvió un punto de referencia en la ciudad. “Después viene mi abuelo con sus hermanos, amplían la librería y empiezan a agregar artículos de bazar”. En la transición a la siguiente generación, sus padres incorporaron cambios profundos: “A finales de los 70 y comienzos de los 80 agregaron la juguetería, ampliaron la librería… fue una época de ideas nuevas, más revolucionarias”.
Expansión y nuevos horizontes
En 1999, Ezequiel y su hermano decidieron abrir una sucursal en Marcos Juárez, que “trabaja muy bien, gracias a Dios”. Cinco años después, él se instaló en Villa María para abrir un nuevo local, en pleno 2001. No era el mejor momento para emprender: “Fue justo unos días antes que estallara el gobierno de De la Rúa… muy poca mercadería, costos complicados… pero se laburó y se siguió adelante”.
En 2003 dieron otro paso al abrir en Córdoba capital, en un local histórico: “La Gran Muñeca, una juguetería muy importante de Córdoba. Continuamos con ese legado”.
Competencia global y desigualdades del mercado
Con la apertura de importaciones, Ezequiel reconoce una dualidad: más variedad de productos, pero también competencia con reglas desiguales. “Con la importación abierta veo un desembarco de comercios chinos… trabajan con horarios y condiciones que nosotros no tenemos. Las leyes de juego no son parejas para todos”.
Para él, el problema va más allá de precios y logística: “No se apuesta a la economía regional… es una economía donde la plata se va para afuera”. Este “choque de cultura” hace que la competencia sea difícil: “Nosotros trabajamos y compartimos tiempo con la familia; ellos abren de corrido y los domingos”.
Adaptación digital y pandemia
El salto digital llegó forzado por la pandemia: “Nos habíamos quedado relegados… hoy trabajamos con una persona que nos maneja y difunde toda la mercadería”. El comercio pasó a tener un canal activo por WhatsApp y redes, que en aquel momento fueron “una herramienta para defendernos y enfrentar los gastos”.
Desafíos actuales: consumo en baja y cambios culturales
Comparando con la crisis del 2001, Ezequiel señala un fenómeno claro: “La frenada del consumo… las fechas de venta se acortaron; antes del Día del Niño eran dos semanas, hoy son tres o cuatro días”.
Los problemas no se limitan a la coyuntura económica. “Me preocupa la caída en la tasa de natalidad, del 40%, y la caída en el consumo de juguetes hasta los 6 años… los chicos a esa edad ya están con el teléfono o la play”. Frente a esto, el comercio explora alternativas: juguetes lúdicos, de madera, inclusivos y orientados a estimulación. “Es otra veta que estamos empezando a trabajar”.
Crisis, memoria y resistencia
En 121 años, esta empresa familiar atravesó todas las crisis argentinas. Ezequiel recuerda a su abuelo narrando la del 30: “Atendían de a uno los clientes… en reposera, en la entrada del negocio”.
Para él, la actual es “una de las más importantes que nos ha tocado”, con diferencias sustanciales respecto al pasado: “Hoy si no trabajaste, fundís… antes una crisis se enfrentaba achicando gastos y esperando; hoy es muy difícil”.
Qué cambiar y hacia dónde ir
Ezequiel es claro sobre lo que necesita el comercio: “La baja de impuestos y de la opresión del Estado. Necesitamos un sistema de impuestos progresivos, no regresivos”.
Mensaje a la ciudadanía
En el cierre, deja un mensaje esperanzador: “Que sigan apostando, que se puede. Esto siempre es cíclico en este país… siempre se sale y se baja. Espero que mis hijos puedan ver un país más justo, con más amor al prójimo y menos agresividad”.
Fuente: En exclusiva con Revista Vértices.
Redacción
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