Kicillof asume el PJ entre dos religiosidades
Introducción
La llegada de Kicillof a la presidencia del PJ no puede leerse como una simple renovación partidaria. Ocurre después de una negociación prolongada con el sector de Máximo Kirchner, con Mayra Mendoza agitando la interna por vía algoritmica y con el antecedente reciente de los cuestionamientos de Cristina Fernández de Kirchner tras la derrota de octubre por el desdoblamiento electoral. A ese cuadro se suma el lanzamiento de Movimiento Derecho al Futuro hace pocas semanas, una herramienta con la que el gobernador busca despegarse de los equipos técnicos del Patria y construir una base propia, más territorial y menos dependiente del núcleo duro kirchnerista-cristinista.
Una presidencia con acuerdo, pero sin síntesis
Axel Kicillof asumió la presidencia del PJ en medio de una negociación larga, trabajosa y con tensiones evidentes. La salida de Máximo Kirchner de la conducción no fue automática ni lineal. Requirió semanas de conversaciones. El cierre partidario permitió ordenar la transición formal, pero no resolvió la disputa de fondo. El kicillofismo asume la conducción del PJ, pero no hereda una estructura pacificada. Recibe un partido con acuerdos administrativos, pero con diferencias estratégicas todavía abiertas.
Dos religiosidades, dos disputas
Kicillof asume en medio de dos religiosidades políticas que le condicionan el margen de maniobra, una por dentro y la otra por fuera, una estrechamente vinculado a sus identidades y otra al pragmatismo que necesita.
Por un lado, Dante Gebel intenta disputar el voto enojado, desencantado y no peronista que orbitó alrededor de Milei. También apunta al universo de los desconvencidos libertarios, sectores que se organizaron alrededor del enojo con la promesa económica del gobierno de Alberto Fernandez y de dirigentes políticos que no encuentran un lugar en el actual sistema de polarización.
Por otro lado, Máximo Kirchner conserva la representación del segmento ideológico del peronismo con núcleo kirchnerista-cristinista. Ese espacio todavía irradia sobre el votante progresista convencido y sobre cuadros intermedios e inferiores del movimiento, aunque también empieza a sufrir el impacto de la economía.
En ese tablero, Kicillof debe arbitrar entre dos subjetividades que no son vagas ni difusas, sino fracciones de poder con peso real dentro del proceso electoral e interferencia en el desarrollo de una estrategia sociopolítica.
La disputa metodológica
De las cuatro variables organizativas de todo proceso electoral —ideológica, valorativa, económica y metodológica— a Kicillof le queda principalmente la metodológica no solo con con su nombre propio, ni con el aparato del gobierno bonarense ahora con el entramado institucional del partido justicialista. Es decir, dentro de la esfera más concreta tiene la herramienta más concreta (valga la redundancia) para territorializar el proceso electoral y convertirlo en vínculo político real más allá de las identidades en disputa.
Esa es la base de su estrategia. Por eso lanzó Movimiento Derecho al Futuro, es una dimensión clara y propia para despegarse de los equipos técnicos del Instituto Patria y construir un dispositivo más flexible, menos ideologizado y más territorial pensando en la apertura para nuevos pragmátismo.
En esa misma lógica viajó a Barcelona al encuentro de dirigentes políticos progresistas por fuera del esquema que representó Wado de Pedro para el cristinismo, marcando otra señal de autonomía en el plano internacional y de construcción propia.
La tensión con Máximo también se expresó en los gestos. Mientras Kicillof asumía el control partidario, Máximo Kirchner se mostraba en Santa Fe, dejando en claro que conserva volumen político, proyección nacional y capacidad de gravitación más allá de la estructura formal del PJ.
Un liderazgo con estructura, pero todavía en transición
El problema para Kicillof no es solo conducir el partido, sino ordenar el método sin romper la coalición. Por lo cual necesita del arte de lo político para cerrar acuerdos con nuevas fracciones de poder que le den peso cuantitativo (Gravois, Massa, Perotti, Santoro, Espinoza), masa micro-cuanti/cualitativa (Pichetto, Moreno, Quintela, Ferraresi) y volumen cualitativo (Massot, Monzo o Loustou, de la Sota).
Máximo Kirchner no juega dentro de unas PASO, el riesgo para Kicillof es quedar demasiado expuesto a un pragmatismo excesivo, articulando con exmacristas, sectores pampeanos, peronismo no kirchnerista, socialdemócratas y republicanos liberales. Puede convertir la debilidad en fortaleza, para convocar nuevos grupos para lograr una verdadera unidad de los contrario, en vez de abrazar una heterogenidad política que aun se hereda del triunfo al macrismo en el 2019.
Si Máximo juega por fuera, el kirchnerismo puede transformarse en una religiosidad política autónoma para luego volver a disputar centralidad en un eventual balotaje. De esta manera, consolida en el proceso de primarias y generales su identidad social como sujeto electoral. Sin renunciar a un pragmatismo luego en el ballotage en apoyo del propio Kiciloff. Todo dependeran de las encuestas de opinion meses antes, de como se configuraran los escenarios.
Por el lado de Dante Gebel, el escenario es todavía más incierto a pesar que se supone que no jugará por dentro de ningun espacio tradicional del sistema electoral (kirchernismo, libertarios o macrismo). Por ahora aparece como un producto superestructural que mide clima, opinión pública y malestar social pero también desorden la micro estrategia conservadora de los frentes políticos.
El millonario influencer puede funsionar como una herramienta de intervención sobre dirigentes desencantado que todavía no encuentra nueva referencia en el sistema electoral (CGT, sectores de Provincias Unidas, pastores evangelicos). Como así también ser el instrumento de fragmentación del modelo anarcocapitalista amigo de D. Trump, por lo que puede ser un caso paradigmatico de importar una interna estadounidense en nuestro territorio para mostrarle al mundo el experimento libertario pro-tumpista fracasó.
Conclusión
El problema de fondo no es solo quién conduce formalmente el PJ, sino qué tipo de vinculos logran logra ordenar el panperonismo y la base enojada con el actual gobierno, quien articule dicho proceso es un contundente ganadado. Máximo representa una identidad cristinista de fuerte densidad ideológica, militante y doctrinaria, capaz de irradiar sobre cuadros convencidos y sectores progresistas. Gebel, en cambio, aparece como una religiosidad del enojo, la emoción pública y el desencanto, con capacidad para disputar zonas de sensibilidad social que antes capturó Milei.
Frente a esas dos fuerzas, Kicillof intenta proponer una salida pragmática, metodológica y territorial tras las ofensivas de un sector de llaretizarlo o albertizarlo pero el otro por omision lo deslarretiza ya que ocupa agenda públcia. En fin, si el gobernador de Bs As, desea ser presidente navegará en nudos de contradiciones muchos mas tajantes que los actuales, por lo que su desafío será demostrar si ese pragmatismo de nueva K con innovador relato puede ser el articulador del mundo panperonista o si, por el contrario, termina atrapado entre dos formas de fé política.
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