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La foto que no fue en Ushuaia y el frente improbable que asomó por un instante

Victoria Villarruel finalmente no participó de la vigilia en Ushuaia, donde podía haberse producido una imagen política de enorme impacto junto a Ricardo Quintela, Gustavo Melella y Axel Kicillof. Su ausencia evitó una foto que, de concretarse, habría condensado los rasgos de una posible unidad contrariada entre conservadores, progresistas y sectores del peronismo partidario, en medio del recalentamiento preelectoral y de la disputa por quién capitaliza el nuevo reordenamiento opositor.

En un acto de características de política de estado como la causa Malvinas, Villarruel finalmente se bajó de la vigilia en Ushuaia, donde podía haberse encontrado con Ricardo Quintela, Gustavo Melella y Axel Kicillof. De haberse concretado esa presencia institucional de la vicepresidenta, el hecho habría adquirido una densidad política notable. No ocurrió. Su ausencia modificó el escenario y terminó desplazando el centro de la escena hacia la intendencia encabezada por el policía retirado Guillermo Britos, intendente de Chivilcoy (interlocutor de Somos Bs As).

 

Lo que podía haber sido una imagen de alto voltaje político quedó apenas como la sombra de un acontecimiento posible. Y, sin embargo, aun en su condición de episodio efímero, la hipótesis de esa foto alcanzó para encender los motores preelectorales y abrir una pregunta de fondo sobre las características del nuevo frente opositor que empieza a insinuarse en la Argentina.

 

Unidad de los contrarios

 

En ese marco, dentro del peronismo también se abría otro interrogante decisivo. ¿Quién iba a capitalizar políticamente un encuentro de esas características? Villarruel se encuentra marginada de la construcción oficialista, sin estructura partidaria propia de peso y sin un sistema de apoyos consolidado que le permita transformar gestos en acumulación orgánica. Tiene proyección nacional, capacidad para instalarse en la conversación pública y una energía política que todavía genera atención, pero no parece contar con el andamiaje suficiente para convertir eso en organización durable.

 

Sus últimos cruces con José Mayans en el Congreso, la pirotecnia analítica de Guillermo Moreno en los medios y hasta la foto con Isabel Perón fueron configurando alrededor de ella una gravitación específica. La hija del excombatiente fue adquiriendo relevancia en un sector de derecha dentro del movimiento peronista, aunque no así en la organicidad partidaria. Es decir, se volvió significativa como síntoma, como señal, incluso como provocación, pero no necesariamente como pieza integrada a una arquitectura de poder estable.

 

Por eso su eventual llegada al acto en Ushuaia habría sido, sin exagerar, la foto del día. No solo por su presencia, sino por el tipo de ensamblaje simbólico que hubiese producido junto a otras figuras políticas. Allí estaba el anfitrión, el intendente de Ushuaia, referenciado en La Cámpora. Allí estaba también Melella, con un perfil más ligado al progresismo territorial. Quintela, por su parte, aportaba la dimensión partidaria del peronismo tradicional. Y Kicillof aparecía como una figura en plena reapropiación de la palabra K, intentando devolverle densidad política, identidad y volumen electoral.

 

Si esa imagen se hubiese concretado, habría condensado casi todas las características de un frente de unidad contrariada. Una unidad posible, pero tensa. Una unidad por necesidad, pero no por síntesis. Villarruel podría haber representado allí a los sectores conservadores, Melella a un progresismo de gestión, Quintela a la estructura partidaria clásica y Kicillof a una reconstrucción del significante kirchnerista desde una nueva centralidad.

 

Justamente por eso la foto no era una foto más. Era una escena con capacidad de anticipar debates, incomodidades y reposicionamientos. Porque no mostraba una unidad resuelta, sino una unidad en disputa. No expresaba un programa cerrado, sino una constelación de actores empujados por el desgaste del oficialismo y por la necesidad de ensayar nuevas articulaciones.

 

La ausencia de Villarruel, entonces, no solo vació una silla. También desactivó, al menos por ahora, una imagen que podía haber funcionado como adelanto visual de un experimento político en ciernes. Un frente heterogéneo, contradictorio, de bordes todavía difusos, pero con capacidad de producir ruido en el tablero nacional.

 

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Fuente: Foto Recopilación De Fotos De Perfil

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