La inflación núcleo sigue golpeando más fuerte que los salarios
La inflación baja, pero los alimentos siguen golpeando
Ernesto Mattos parte de una primera advertencia sobre el dato de abril. Aunque el índice general muestra una desaceleración, el economista advierte que el Gran Buenos Aires sigue mostrando una de las variaciones mensuales más altas.
“El Gran Buenos Aires, en esta variación mensual, sigue siendo uno de los más altos”, señaló. El especialista explicó que, mientras algunos precios regulados crecieron menos, el índice núcleo y los alimentos tuvieron un comportamiento mucho más preocupante.
“Mientras los precios regulados tienen una variación del 9%, los alimentos aumentaron un 22%”, indicó.
Ese dato, según su análisis, muestra que el costo de vida real se mueve por encima de la lectura más simplificada del índice general.
Carne, frutas y una inflación que se siente en la mesa
El docente universitario puso el foco especialmente en la carne. “La carne en el Gran Buenos Aires aumentó un 47% y en el noreste está llegando casi al 60%”, explicó.
Para Mattos, ese dato es clave porque la ganadería es uno de los sectores más federales de la economía argentina.
Si un producto tan extendido en todo el país registra subas de esa magnitud, el problema no puede pensarse solo como un movimiento aislado de precios.
El economista vinculó esas subas con eventos climáticos, costos de producción y pérdida de rentabilidad de los productores.
También mencionó el caso de las frutas, con una inflación cercana al 41%.
Alquileres, transporte y combustibles
Otro punto central del análisis fue el aumento de los alquileres. “El alquiler de viviendas, si lo medimos interanual, estamos hablando del 50%”, sostuvo.
Para el investigador, cualquier renovación contractual entre marzo y abril quedó impactada por esa dinámica.
A eso se suma el transporte y el combustible. “Combustibles y lubricantes tuvieron un 50% de aumento”, afirmó.
Según Mattos, el Gobierno primero dijo que no habría aumentos, luego los aumentos ocurrieron y ahora intenta presentar una idea de estabilización que no se verifica en la vida cotidiana.
Un Gobierno sin control de la economía cotidiana
El economista cuestionó que el Gobierno no intervenga en sectores estratégicos. “La verdad es que el Gobierno no tiene hoy un control de la economía”, sostuvo.
Para el especialista, dejar que juegue libremente la oferta y la demanda en sectores como combustibles tiene un impacto directo sobre toda la cadena de precios.
Argentina mueve gran parte de su mercadería por transporte terrestre. Por eso, cualquier suba del combustible se traslada hacia alimentos, servicios, logística y precios finales.
Milei reconoció la caída salarial
Durante la entrevista, Mattos también analizó declaraciones recientes del presidente Javier Milei.
“El presidente reconoció que su política económica llevó a la caída del salario”, señaló. Para el economista, no se trata de un efecto inesperado. Es una consecuencia directa del programa económico aplicado. “No podía pasar otra cosa”, afirmó.
Desde su mirada, la recesión y la caída de los salarios reales forman parte de una matriz ortodoxa clásica.
Un plan económico viejo, presentado como novedad
Mattos cuestionó la idea de que el actual programa económico sea novedoso. “La política que hizo Milei es ortodoxa”, explicó.
El especialista citó análisis económicos de los años setenta para mostrar que el esquema actual repite una secuencia conocida.
- Devaluación.
- Aumento de ingresos agropecuarios.
- Atracción de capitales externos.
- Caída de salarios reales.
- Recesión.
Para el docente, no hay innovación de fondo. “No hay nada novedoso en esto”, sostuvo.
El sacrificio como relato económico
El investigador explicó que los programas ortodoxos suelen presentar la caída salarial y la recesión como daños transitorios necesarios para ordenar la economía.
Según esa mirada, el sacrificio actual permitiría construir las bases de un supuesto crecimiento futuro.
Matos discute esa lógica porque quienes soportan la crisis son, justamente, los sectores que menos margen tienen.
Trabajadores, jubilados, inquilinos, consumidores y sectores productivos ligados al mercado interno quedan expuestos al costo social del ajuste.
Equilibrio fiscal sin recuperación social
El economista también cuestionó que se presente la eliminación del déficit fiscal como un logro en sí mismo. Para Mattos, el equilibrio fiscal logrado a fuerza de recortes no garantiza una mejora real en la economía.
Si se recorta obra pública, jubilaciones, salud o programas sociales, el resultado puede cerrar contablemente, pero deja abiertas profundas consecuencias sociales.
El problema aparece después.
“No se puede volver a sacar la obra pública, no se puede volver a recortar las jubilaciones, no se puede volver a sacar el fútbol para todos”, planteó en la entrevista.
La pregunta de fondo es cómo se sostiene el modelo si no hay consumo ni recaudación suficiente.
YPF, Profertil y capacidades productivas del Estado
Mattos también se refirió al caso YPF y cuestionó que el Gobierno se adjudique triunfos donde, según su análisis, no tuvo incidencia real. “¿Qué aportó Milei a eso? Nada”, afirmó al hablar del juicio vinculado a YPF.
El economista fue más allá y puso el foco en la pérdida de capacidades productivas. Señaló el caso de Profertil, vinculada a fertilizantes, alimentos y energía.
Para el especialista, el Gobierno dejó avanzar una transferencia de control hacia actores privados y debilitó la capacidad productiva estatal.
“Le sacó capacidad productiva a YPF en un momento en el cual tenemos Vaca Muerta”, advirtió.
Universidad pública y modelo de país
En el tramo final, el docente universitario vinculó el debate económico con el ataque a la universidad pública.
Para Mattos, la ofensiva contra las universidades forma parte de una revancha de sectores privados frente a una institución pública que produce conocimiento, técnicos, investigación y capacidades estratégicas.
El economista destacó que muchas economías desarrolladas sostienen vínculos profundos entre universidades públicas, empresas y desarrollo productivo.
Por eso cuestionó la idea de achicar carreras solamente en función de necesidades inmediatas del mercado.
Si la economía no funciona y las empresas no contratan, una carrera más corta no resuelve el problema estructural.
Una crítica a la pobreza intelectual del liberalismo oficial
Mattos también cuestionó el uso que el Presidente hace de autores clásicos como Adam Smith. “El presidente se quedó en Economía 1”, afirmó.
Según el docente, Milei toma una corriente económica de manera parcial y sin la profundidad necesaria para pensar una economía nacional compleja. El especialista recordó que en Smith el trabajo ocupa un lugar central en la creación de riqueza.
También señaló que la reflexión sobre la empatía, la comunidad y la conducción del Estado queda completamente fuera de la lectura oficial.
El problema no es la universidad
La conclusión de Mattos ordena toda su crítica. El problema no está en la universidad pública ni en los derechos sociales. Tampoco en los jubilados, la salud, la obra pública o los salarios.
El problema es que el modelo económico no logra reconstruir consumo, producción ni capacidades nacionales. “El problema no es la universidad, es que la economía no funciona”, sintetizó.
Fuente: Entrevista a Ernesto Mattos, doctor en Ciencias Económicas, investigador y docente universitario en radio universidad UNLP [Escuchar aquí]
Fuente: Radio Provincia
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