Logo de Revista VERTICES

Las cooperativas construyen soberanía desde el territorio

Verónica San Martín propuso una lectura actual del 25 de Mayo desde los valores cooperativos. En su intervención, planteó que aquella gesta no debe ser recordada solo como un hecho histórico, sino como el nacimiento de una idea poderosa, la convicción de que una comunidad organizada puede transformar la realidad, disputar estructuras de poder y construir soberanía desde el territorio.

Una mirada cooperativa sobre la Revolución de Mayo


Cada 25 de Mayo, las escarapelas invitan a mirar hacia atrás. Pero para Verónica San Martín, aquella fecha no debe quedar reducida a una postal escolar ni a una conmemoración ceremonial. La Revolución de Mayo fue, ante todo, el nacimiento de una idea transformadora.

 

Esa idea parte de una convicción profunda. Un grupo de personas decididas puede desafiar estructuras de poder que parecen inamovibles y abrir un camino nuevo. En 1810, ese desafío estuvo marcado por la necesidad de romper cadenas políticas con un poder lejano. Hoy, según la lectura propuesta, muchas de esas cadenas son económicas.

 

Desde esa perspectiva, el cooperativismo aparece como una continuidad viva de aquella fuerza emancipadora. No porque repita mecánicamente la historia, sino porque mantiene activos valores que fueron centrales para pensar una patria más libre, más justa y más democrática.

 

Autonomía, ayuda mutua y compromiso con la comunidad


San Martín enlaza el 25 de Mayo con las cooperativas a partir de sus valores fundamentales. Autonomía, ayuda mutua, democracia, solidaridad y compromiso con la comunidad aparecen como principios capaces de actualizar el sentido profundo de aquella gesta.

 

La autonomía, en este marco, no es una palabra abstracta. Significa capacidad de decidir, de organizarse y de construir respuestas propias frente a problemas concretos. Así como en 1810 la urgencia era romper con una dominación política, hoy el desafío pasa por enfrentar formas económicas de dependencia.

 

La concentración en grandes monopolios, la intermediación excesiva y la fuga de recursos debilitan a las comunidades. Frente a ese esquema, las cooperativas levantan una bandera clara, la soberanía. Ser dueños y dueñas del propio trabajo, de las herramientas y de las decisiones que afectan la vida cotidiana.

 

La soberanía se construye en el territorio


Uno de los puntos centrales de la intervención es la idea de soberanía territorial. Las cooperativas permiten que las decisiones se tomen cerca de las comunidades, con conocimiento de sus necesidades y prioridades.

 

Esa diferencia es clave. En una empresa guiada exclusivamente por la rentabilidad, muchas decisiones pueden tomarse lejos del territorio, desde oficinas que no conocen la realidad local. En cambio, una cooperativa organiza su acción desde la comunidad y para la comunidad.

 

Por eso, la soberanía cooperativa no se limita a una consigna. Se expresa en servicios, trabajo, infraestructura, acompañamiento institucional, apoyo a escuelas, empleo genuino y nuevas oportunidades. Lo que una cooperativa genera vuelve a su gente.

 

Donde el mercado excluye, la cooperativa incluye


San Martín plantea una definición fuerte. Allí donde el mercado excluye porque no encuentra ganancia, la cooperativa incluye porque reconoce necesidades, dignidad y oportunidades.

 

Esa frase permite comprender una diferencia estructural entre dos formas de organizar la economía. El mercado concentrado selecciona en función de la rentabilidad. La cooperativa, en cambio, parte de la comunidad, de sus demandas y de su derecho a participar en la construcción de soluciones.

 

En ese sentido, el cooperativismo demuestra todos los días que el éxito no tiene por qué ser individual. El éxito más valioso y duradero es el que se construye con otros y otras, el que se comparte y el que mejora la vida colectiva.

 

Una persona, un voto


La Revolución de Mayo fue también un grito por el derecho a decidir. Para San Martín, las cooperativas mantienen vivo ese grito en la vida cotidiana.

 

Mientras en las empresas de capital el poder depende de cuántas acciones se poseen, en la cooperativa rige un principio democrático fundamental. Una persona, un voto.

 

Esa regla expresa una forma distinta de concebir el poder. No se trata solo de administrar una entidad, sino de construir participación, responsabilidad compartida y futuro común. Cada asociado y cada asociada tienen voz en la toma de decisiones, porque el destino colectivo no puede quedar en manos de unos pocos.

 

Una patria más libre y más justa


Aquellos hombres y mujeres de 1810 soñaban con una patria más libre y más justa. Desde la mirada de San Martín, las cooperativas trabajan todos los días para acercar ese horizonte al presente.

 

La calidad de vida de una comunidad no mejora solo con discursos. Mejora cuando hay organización, servicios, trabajo, infraestructura, participación y oportunidades. El cooperativismo, por definición, busca que los recursos producidos colectivamente vuelvan a la comunidad y fortalezcan su desarrollo.

 

Por eso, el vínculo entre Mayo y cooperativismo no es forzado. Ambos expresan una misma intuición histórica. Nadie se libera solo, nadie construye soberanía de manera aislada y ninguna transformación profunda nace de la pasividad.

 

Ser protagonistas de la historia


El cierre de la intervención de Verónica San Martín funciona como una invitación. Este 25 de Mayo no debe ser una fecha para mirar la historia desde afuera, sino para asumirse como parte de ella.

 

La fuerza transformadora de las cooperativas aparece como una forma concreta de participación. Una manera de construir comunidad, disputar dependencia económica y sostener la soberania.

 

Fuente: Intervención de Verónica San Martín para el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, en el marco del 25 de Mayo.

 

Información

Autor

Fuente: Agencia De Noticias Tierra Viva

Contenidos relacionados

No hay resultados para mostrar.