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Las luchas de las mujeres y el desafío de transformar las estructuras

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, la docente, investigadora y referente comunitaria villamariense Liliana Costabello reflexiona sobre el sentido político y social del 8M. Con una trayectoria que combina educación popular, economía social y trabajo comunitario, además de su rol como presidenta de la institución Nazaret dedicada a la recuperación de jóvenes con consumos problemáticos, plantea la necesidad de que las luchas de las mujeres trasciendan el discurso y se conviertan en transformaciones reales dentro de la agenda pública y los espacios de poder.

Un día para poner en agenda las luchas de las mujeres


Para Costabello, el Día Internacional de las Mujeres tiene un sentido claro que va más allá de las consignas habituales. La fecha permite visibilizar conflictos y demandas que todavía atraviesan la vida cotidiana de millones de mujeres.

 

“A mí siempre me ha parecido que este día tiene que ver con poder poner en una agenda, un día en especial, las luchas de las mujeres. Ni siquiera quiero hablar del feminismo, sino las luchas de las mujeres”, señala.

 

Desde su mirada, estas luchas se concentran en una serie de reivindicaciones que todavía siguen vigentes. “Centrar estas luchas en la erradicación de la violencia machista, en la consecución de una igualdad real, no solo formal”, afirma, señalando que los debates actuales deben ir más allá de la brecha salarial o el llamado techo de cristal.

 

En ese sentido, sostiene que también es necesario discutir la carga desigual que recae sobre las mujeres en las tareas de cuidado. “Más allá de la eliminación de la brecha salarial y del techo de cristal, está la carga desproporcionada del trabajo de los cuidados”, explica.

 
Miradas que quedan fuera del debate dominante


Costabello advierte que muchos debates sobre violencia de género o igualdad se construyen desde una mirada limitada que no siempre incluye la diversidad de experiencias que viven las mujeres en distintos territorios.

 

“Cuando hablamos de violencia de género hablamos muchas veces de una violencia hacia un perfil de mujer, la mujer blanca, occidental, eurocéntrica”, afirma.

 

Desde su experiencia en proyectos comunitarios y espacios de educación popular, plantea que existen otras luchas que suelen quedar invisibilizadas. Entre ellas menciona especialmente las protagonizadas por mujeres de pueblos originarios.

 

“Queda a veces muy por fuera la militancia de las mujeres andinas por el cuidado de la tierra, por la defensa del agua, por la necesidad de que se respete su origen y sus creencias”, explica.

 

Para Costabello, estas luchas representan una cosmovisión profundamente ligada al territorio y a la memoria colectiva. “Cuando se teje una trama en un telar es mucho más que tejer un abrigo, es la representación de un pueblo, de un territorio y de una historia”, describe.

 
Del discurso a los espacios reales de poder


Uno de los puntos que más enfatiza la referente villamariense es la distancia que muchas veces existe entre los discursos sobre igualdad y las transformaciones concretas.

 

“Se habla de eliminar el techo de cristal, de reconocer el valor del trabajo doméstico y de los cuidados no remunerados, pero muchas veces nos seguimos quedando en el discurso”, advierte.

 

En su opinión, el desafío consiste en generar condiciones reales para que las mujeres puedan participar en los espacios donde se toman decisiones.

 

“No alcanza con remover barreras culturales y estructurales, hay que darle lugar en los espacios de poder, en la agenda político pública y en la academia”, sostiene.

 

También propone incorporar miradas más amplias que permitan comprender cómo se relacionan diferentes desigualdades. “Hay que pensar qué vínculo hay entre la interseccionalidad y la justicia climática”, señala, mencionando problemáticas como la pobreza extrema, la cuestión racial y los impactos de la crisis climática sobre las mujeres.

 
Sensibilidad y gestión en nuevas estructuras de poder


Para Costabello, uno de los obstáculos que enfrenta la transformación social es el temor a modificar estructuras de poder históricas.

 

“Hay que empezar a debatir qué es lo que queda adelante cuando estas luchas quedan siempre detrás”, plantea.

 

En su interpretación, muchas resistencias están vinculadas a la posibilidad de que emerjan nuevas formas de liderazgo.

 

“Me parece que es el temor a la innovación en nuevas estructuras donde la gestión de las mujeres sea notablemente mejor que la de los varones”, reflexiona.

 

Sin embargo, aclara que no se trata de una cuestión biológica ni esencialista, sino de trayectorias históricas y experiencias sociales diferentes.

 

“No por ser mujeres, sino porque venimos desde un lugar de entender el dolor, de entender el duelo de las pérdidas y de aportar desde lo que somos sensibilidad y humanidad a la hora de pensar la gestión”, concluye.

 
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.

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