Leonardo Boff: una crisis planetaria que exige otro pacto con la naturaleza
Leonardo Boff propone mirar la crisis ambiental como parte de una crisis más amplia de civilización. En la entrevista publicada en Entrevistas en Acción IV, el teólogo brasileño sostiene que la humanidad atraviesa un momento límite, marcado por una relación destructiva con la Tierra, la explotación de los ecosistemas y la incapacidad de cambiar un modelo de desarrollo que amenaza las bases mismas de la vida.
Su lectura parte del contexto de la pandemia, pero va más allá de la emergencia sanitaria. Para Boff, el coronavirus fue una señal de una naturaleza agredida durante siglos por una humanidad capitalista e industrialista que devastó ecosistemas, alteró equilibrios y convirtió los bienes naturales en recursos explotables sin límite. Desde esa mirada, la crisis no puede resolverse únicamente con ciencia, tecnología o vacunas si no cambia la relación profunda entre sociedad y naturaleza.
La advertencia es clara: volver a lo mismo sería el peor camino. Boff sostiene que si la humanidad insiste en explotar los bienes y servicios de la naturaleza como si fueran infinitos, nuevas crisis seguirán apareciendo. Por eso, la salida no puede pensarse solo en términos económicos, sino también éticos, sociales, ecológicos y comunitarios.
Uno de los conceptos centrales de la entrevista es la necesidad de construir un nuevo pacto. No solo un pacto social entre seres humanos, sino también un pacto con la Tierra y con la naturaleza. Esa formulación amplía la idea tradicional de democracia, porque incorpora la dimensión ambiental como parte de la justicia social. No puede haber comunidad sana en territorios devastados, ni desarrollo humano en un planeta tratado como mercancía.
Desde una perspectiva de economía social, el planteo de Boff resulta especialmente valioso. Las cooperativas, mutuales, organizaciones comunitarias y experiencias asociativas tienen una oportunidad histórica: demostrar que la economía puede organizarse desde otros principios. La producción, el consumo, el crédito, el trabajo y el cuidado ambiental pueden pensarse desde la cooperación y no desde la depredación.
La entrevista también permite discutir la idea de progreso. Durante mucho tiempo, el desarrollo fue asociado al crecimiento económico sin reparar en sus costos sociales y ambientales. Boff propone invertir esa mirada: una sociedad no puede considerarse avanzada si destruye los ecosistemas que sostienen la vida, expulsa comunidades o profundiza desigualdades.
En ese punto, la crisis ecológica se cruza con la crisis social. Los sectores más vulnerables suelen ser los primeros en sufrir las consecuencias de la degradación ambiental: falta de agua, contaminación, pérdida de territorios, enfermedades, inseguridad alimentaria y desplazamientos. Por eso, cuidar la naturaleza no es un lujo ni una agenda secundaria. Es una condición básica para defender derechos.
La democracia social y ecológica que propone Boff exige repensar las instituciones, los modos de producción y las formas de convivencia. Implica reconocer que la vida humana depende de una red más amplia de relaciones y que ninguna economía puede sostenerse si rompe sus vínculos con la comunidad y con la Tierra.
En tiempos de crisis climática, desigualdad y concentración, su mirada invita a recuperar una pregunta fundamental: qué tipo de mundo se quiere construir. La economía social puede aportar allí una respuesta concreta, porque sus principios de solidaridad, ayuda mutua, participación y compromiso con la comunidad permiten imaginar prácticas más cuidadosas, democráticas y sostenibles.
La crisis planetaria no es solamente una amenaza. También es una oportunidad para transformar la manera en que producimos, consumimos y habitamos. Boff convoca a pensar una salida donde la vida, y no la ganancia, vuelva a ocupar el centro.
Fuente: Entrevistas en Acción IV, entrevista “Una crisis planetaria”, Leonardo Boff, por Bárbara Schijman. Acción–IMFC.
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