Liliana Herrero: crear comunidad frente a la fragmentación
Liliana Herrero piensa la música desde el territorio, la memoria y los vínculos. En la entrevista publicada en Entrevistas en Acción IV, la artista plantea que cantar no es una práctica separada de la historia ni de la comunidad.
Para Herrero, la voz piensa cuando canta. Esa expresión sintetiza una mirada donde la música forma parte de una experiencia colectiva y donde cada interpretación dialoga con memorias, tensiones y tradiciones.
La artista también insiste en una idea que atraviesa la entrevista: construir otros lugares implica hacerlo con otros.
En momentos difíciles, señala que encuentra refugio en las amistades, los encuentros, las movilizaciones y los espacios de construcción compartida.
Esta concepción puede leerse en clave asociativa. La vida cultural también se sostiene mediante redes, grupos, colectivos y comunidades que generan condiciones para crear, producir y circular obras.
Herrero rechaza la idea de una creación completamente individual. Un disco, explica, nunca es un hecho en soledad. Requiere músicos, técnicos, productores, colaboradores y públicos que le dan sentido al proceso.
Esta dimensión colectiva de la producción cultural muchas veces queda invisibilizada por la imagen del artista como figura única.
Sin embargo, detrás de cada proyecto existe una trama de trabajo, confianza, cooperación y construcción común.
La cantante también plantea una crítica a la subordinación de la música a la lógica del mercado y a las jerarquías mediáticas. Para ella, pensar permanentemente en la cantidad de público, la convocatoria o el sonido esperado puede limitar la libertad de inventar.
Esa tensión también atraviesa a muchas experiencias de la economía social vinculadas a la cultura. El desafío consiste en sostener proyectos viables sin que la rentabilidad se transforme en el único criterio para definir qué merece existir.
Cooperativas culturales, asociaciones, editoriales independientes y colectivos artísticos enfrentan diariamente esa pregunta.
Cómo sostener una actividad económica sin perder identidad, autonomía y compromiso con la comunidad.
La reflexión de Herrero permite recuperar el valor de la imaginación como herramienta colectiva. Frente a escenarios de fragmentación, la cultura puede construir nuevos lugares de encuentro y recuperar vínculos que el individualismo debilita.
Para la artista, estar fuera de lugar no significa desaparecer ni retirarse. Significa buscar compañeros y compañeras dispuestos a fundar otros espacios.
Esa definición puede trasladarse al campo del asociativismo. Muchas organizaciones nacen precisamente de esa búsqueda: personas que deciden reunirse para construir una respuesta que individualmente no podrían desarrollar.
La cultura y la economía social comparten allí una raíz común: la posibilidad de crear con otros.
Frente a la fragmentación, la comunidad vuelve a aparecer como una forma de resistencia, pero también como una herramienta concreta para imaginar y construir futuro.
Fuente: Entrevistas en Acción IV, entrevista “La voz piensa cuando canta”, Liliana Herrero, por Juan Ignacio Babino. Acción–IMFC. [Leer aquí]
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