Logo de Revista VERTICES

Marcelo Peria: una vida dedicada a transformar la producción lechera

Marcelo Peria llegó a la región de Villa María en junio de 1977. Había estudiado Veterinaria en la provincia de Buenos Aires y tenía una decisión profesional definida: no quería concentrarse en la atención de pequeños animales, sino trabajar en el campo y vincularse directamente con la producción lechera.

Sus primeros pasos tuvieron lugar en establecimientos rurales de Colonia Silvio Pellico y Alto Alegre. La zona era muy diferente a la actual. Predominaban los pequeños tambos familiares, las familias vivían en los campos y la cantidad de animales por establecimiento era considerablemente menor.

 

“Mi idea era trabajar en el campo y en una zona de producción de leche como esta, que lo sigue siendo, pero que hoy es totalmente diferente a la de hace 50 años”, recordó.

 

Una llegada marcada por un proyecto compartido


La decisión de radicarse en la región estuvo vinculada con un compañero de la facultad que lo había invitado a trabajar en la zona. Ambos pretendían desarrollar tareas relacionadas con la inseminación artificial, una práctica que todavía era novedosa para buena parte de los productores.

 

El proyecto quedó truncado por una situación personal a fines de 1979. Peria decidió continuar su camino y, en diciembre de ese mismo año, se instaló definitivamente en Villa María.

 

En ese momento todavía no contaba con un laboratorio propio. Su principal capital profesional estaba compuesto por algunos productores que había conocido durante su trabajo rural y por las recomendaciones que comenzaron a circular entre los establecimientos de la zona.

 

De esta manera, fue construyendo una relación cercana con las familias tamberas y con las personas que desarrollaban diariamente las tareas productivas.

 

Del veterinario de emergencia al seguimiento permanente


En aquellos años, la figura del veterinario estaba asociada principalmente con la atención de urgencias. Se lo convocaba cuando una vaca estaba enferma, caída o con problemas para parir.

 

El profesional, sin embargo, eligió otra orientación. En lugar de intervenir solamente frente a una emergencia, buscó realizar un seguimiento continuo de los rodeos.

 

Su trabajo comenzó a concentrarse en el control lechero y reproductivo. Con el paso del tiempo, definió esta tarea como un verdadero “monitoreo reproductivo” de los establecimientos.

 

El objetivo era conocer la situación de cada animal, registrar su historia productiva y reproductiva, evaluar los resultados obtenidos y tomar decisiones basadas en información concreta.

 

“Cuando no se llevan registros ni se construye una base de datos, resulta muy difícil observar los logros que se alcanzan con las medidas que se aplican”, explicó.

 

Las fichas individuales y el valor de la información


Durante las décadas de 1970 y 1980, el seguimiento se realizaba mediante fichas individuales. Cada animal contaba con su propio registro y cada establecimiento tenía un fichero donde se acumulaba la información obtenida después de las visitas.

 

Aquella metodología permitió introducir una nueva lógica dentro de los tambos: observar, medir, comparar y planificar.

 

En la década de 1990, las fichas comenzaron a trasladarse a programas informáticos de procesamiento de datos productivos y reproductivos. El cambio permitió sistematizar una cantidad mucho mayor de información y mejorar la capacidad de análisis.

 

Peria comenzó a trabajar con una cooperativa de inseminación artificial de Venado Tuerto, desde donde también se promovía la formación de inseminadores y la transferencia de conocimientos hacia quienes trabajaban en los establecimientos.

 

La propuesta no consistía únicamente en incorporar una técnica, sino en lograr que productores y empleados comprendieran su utilización y pudieran aplicarla correctamente.

 

Menos tambos, más vacas y mayor concentración


Al comparar la realidad de fines de la década de 1970 con la actualidad, el especialista sostuvo que las diferencias son profundas.

 

En aquellos años, un establecimiento de 150 hectáreas podía contar con alrededor de 50 o 60 vacas lecheras. Actualmente, un tambo promedio de la región puede reunir entre 250 y 400 animales.

 

“Hay menos productores, menos tamberos, menos tambos y más vacas”, sintetizó.

 

Este proceso significa que la producción se concentró en una cantidad menor de establecimientos, pero con rodeos considerablemente más grandes.

 

También desaparecieron numerosos tambos familiares, especialmente durante etapas en las que las pequeñas unidades productivas encontraron mayores dificultades para competir, sostener inversiones e incorporar nuevas tecnologías.

 

La robótica y una nueva transformación productiva


La incorporación de robots de ordeñe representa uno de los cambios más recientes dentro de la actividad. Sin embargo, Marcelo advirtió que esta tecnología requiere inversiones muy elevadas y personal especialmente capacitado.

 

Un robot puede ordeñar aproximadamente 70 vacas. Por lo tanto, un establecimiento con 400 animales necesitaría alrededor de seis equipos para cubrir su producción.

 

El veterinario recordó que, algunos años atrás, cada robot podía alcanzar un valor cercano a los 250.000 dólares. Esto demuestra que la automatización no está al alcance de todos los productores y puede profundizar la concentración de la actividad.

 

Además, la utilización de estos sistemas requiere capacitación permanente. Las empresas proveedoras suelen formar tanto a los propietarios como a los trabajadores encargados de operar la tecnología.

 

Para el especialista, la evolución experimentada desde la década de 1970 permitió mejorar considerablemente la productividad. Primero se incorporaron registros, técnicas reproductivas y programas informáticos. Más tarde llegaron la automatización, la inteligencia artificial y los sistemas de ordeñe robotizados.

 

Su trayectoria refleja una transformación decisiva: el paso desde una veterinaria enfocada en resolver emergencias hacia una práctica preventiva, planificada y sustentada en datos, capaz de mejorar simultáneamente el cuidado de los animales y la economía de los establecimientos lecheros.

 

Del apoyo del ternero a un ordeñe más eficiente


Uno de los cambios más significativos vividos por el profesional estuvo relacionado con la manera de ordeñar las vacas.

 

Durante la década de 1970 todavía era habitual utilizar el denominado “apoyo del ternero”. Antes de colocar la máquina de ordeñe, se acercaba el ternero para que mamara los primeros chorros y estimulara la bajada de la leche.

 

La práctica se encontraba muy arraigada entre las familias tamberas, pero presentaba importantes dificultades. No permitía medir cuánta leche consumía cada ternero y, después del ordeñe, las crías quedaban alimentándose únicamente con lo que permanecía en la ubre.

 

Según explicó, los terneros recibían cantidades insuficientes de energía y proteínas, por lo que muchas veces se criaban en malas condiciones.

 

Modificar aquella costumbre no resultó sencillo. El profesional debió mantener numerosas conversaciones y discusiones con los responsables de los establecimientos para que comenzaran a ordeñar sin la presencia del ternero.

 

La estimulación necesaria para producir la bajada de la leche podía ser realizada por la persona encargada del ordeñe mediante una preparación manual adecuada de la ubre.

 

El cambio representó una disputa entre la costumbre y el conocimiento técnico, pero permitió mejorar la alimentación de los terneros, controlar la cantidad de leche suministrada y hacer más eficiente el funcionamiento del tambo.

 

El buen trato también mejora la producción


La evolución de las instalaciones y de las máquinas de ordeñe permitió reducir los riesgos para los animales. Sin embargo, el entrevistado destacó que ninguna tecnología puede reemplazar el buen trato.

 

En décadas anteriores era frecuente que las vacas fueran golpeadas para obligarlas a ingresar al lugar de ordeñe. Esa conducta generaba miedo, nerviosismo y estrés.

 

El estado de alteración podía impedir la bajada normal de la leche, ya que el estrés interfiere en la acción de la oxitocina, hormona indispensable para este proceso.

 

“Si se usan bien, las máquinas actuales pueden permitir un ordeñe que no perjudique para nada a las vacas, siempre y cuando tengan un buen trato”, explicó.

 

Para el veterinario, identificar estos problemas fue una parte central de su tarea. No alcanzaba con mejorar las instalaciones o incorporar equipamiento: también era necesario transformar las prácticas cotidianas de quienes trabajaban con los animales.

 

La resistencia frente a los cambios


La resistencia de algunos productores a abandonar prácticas tradicionales fue una constante durante su trayectoria.

 

El especialista reconoció que toda transformación genera dificultades y realizó una autocrítica sobre su propia relación con los cambios tecnológicos actuales. Aunque incorporó herramientas informáticas y mejoró su manejo digital, admitió que todavía encuentra limitaciones al utilizar internet y determinados programas.

 

Esta experiencia le permite comprender que la incorporación de una innovación no depende únicamente de su disponibilidad. También requiere capacitación, acompañamiento y tiempo para modificar costumbres arraigadas.

 

Tambos cada vez más grandes y profesionalizados


Peiria considera que el futuro del sector estará marcado por una mayor profesionalización y por establecimientos de dimensiones cada vez más grandes.

 

“Hoy, el que empieza un tambo no está pensando en ordeñar 250 vacas. Como mínimo estará pensando en 600, 700 o 1.000”, señaló.

 

Esa escala exige mejores instalaciones, máquinas de ordeñe más avanzadas, personal capacitado y una planificación mucho más rigurosa.

 

El crecimiento de los establecimientos también aumenta las exigencias sobre productores y trabajadores. La actividad lechera continúa siendo rutinaria y requiere atención durante todos los días del año.

“La vaca también come domingo”, resumió.

 

La continuidad de las tareas, de lunes a lunes, produce un desgaste físico y emocional que alcanza tanto a los empleados como a los propietarios.

 

De 12 litros a 40 litros por vaca


El incremento de la productividad constituye otro de los grandes cambios observados durante las últimas décadas.

 

A fines de los años setenta, una vaca podía producir alrededor de 12, 13 o 15 litros diarios, dependiendo especialmente de la alimentación que recibía.

 

Actualmente existen animales capaces de producir entre 35 y 40 litros por día.

 

La diferencia responde a la incorporación de genética, mejores dietas, manejo reproductivo, controles sanitarios, instalaciones adecuadas y sistemas de seguimiento productivo.

 

“No tiene nada que ver un tambo de 2026 con uno de fines de los setenta o incluso de principios de los noventa”, afirmó.

 

Una transformación que había anticipado


Poco tiempo después de llegar a la región, Marcelo mantuvo una discusión con el entonces presidente de la cooperativa de Colonia Silvio Pellico sobre el futuro de la actividad.

 

En aquel momento existían tambos que producían entre 200 y 300 litros diarios con ese volumen podían sostenerse tanto el propietario del campo como el tambero.

 

El joven veterinario en aquel entoces, sostenía que, en el futuro, solamente podrían subsistir los establecimientos capaces de superar los 500 litros diarios. Su interlocutor no estaba convencido de aquella proyección.

 

Con el paso de los años, el proceso de concentración confirmó gran parte de aquel diagnóstico. Los tambos debieron aumentar su escala, mejorar su productividad e incorporar tecnologías para sostenerse dentro de una actividad cada vez más competitiva.

 

También observó que los establecimientos con mayores posibilidades de progresar eran aquellos donde el propietario participaba directamente del trabajo cotidiano y mantenía contacto permanente con sus animales.

 

Un laboratorio vinculado con el trabajo en el campo


El laboratorio surgió como una extensión de las tareas que Peiria realizaba en los establecimientos lecheros.

 

Cuando comenzó a funcionar, el profesional ya contaba con numerosos clientes y una importante cantidad de animales bajo seguimiento reproductivo. Los análisis complementaban el trabajo de monitoreo realizado en los campos.

 

Durante los primeros años, el equipo incluía personal encargado de la limpieza, el mantenimiento, la recepción de llamadas y la colaboración en los estudios.

 

El laboratorio comenzó realizando principalmente análisis de brucelosis y enfermedades venéreas. Estas pruebas permitían identificar animales infectados, prevenir la propagación de enfermedades y reducir las pérdidas económicas dentro de los rodeos.

 

Actualmente, ya jubilado y alejado del monitoreo reproductivo cotidiano, la cantidad de clientes es menor. Sin embargo, continúa sosteniendo el espacio con su trabajo, la colaboración de una asistente, el acompañamiento ocasional de su esposa y la participación de una ingeniera agrónoma cuando se presentan tareas de mayor complejidad.

 

Equipamiento para detectar enfermedades


Entre los instrumentos del laboratorio se encuentran dos estufas de cultivo que permiten mantener las muestras a una temperatura estable de aproximadamente 37 grados.

 

Estos equipos son utilizados en determinados procedimientos destinados a favorecer el desarrollo de agentes presentes en muestras potencialmente infectadas. Posteriormente, mediante pruebas específicas, se determina si los animales se encuentran enfermos o infectados.

 

En 2017, el laboratorio incorporó un espectrofotómetro, utilizado como lector para pruebas ELISA.

 

Estas técnicas más modernas permiten analizar determinadas enfermedades mediante la detección de anticuerpos y resultan indispensables para ampliar la capacidad diagnóstica.

 

En Villa María existe otro laboratorio de mayores dimensiones, pero el espacio desarrollado por Peiria conserva una particularidad: nació directamente relacionado con su experiencia de campo y con las necesidades sanitarias y reproductivas de los tambos que acompañó durante décadas.

 

Veterinarios e ingenieros agrónomos: un trabajo conjunto


Para el entrevistado, el trabajo interdisciplinario es fundamental para responder a las actuales exigencias productivas.

 

El veterinario debe articular su tarea con el ingeniero agrónomo, especialmente en cuestiones vinculadas con la producción de forrajes, el tratamiento de los suelos, los cultivos, la nutrición y la alimentación de los rodeos.

 

La salud animal, la reproducción y la productividad dependen en gran medida de la calidad y de la cantidad de alimento disponible.

 

Por esa razón, el conocimiento veterinario y el agronómico no deben funcionar como compartimentos separados, sino como partes complementarias de una misma estrategia productiva.

 

Pasión, paciencia y sacrificio


Al recordar al joven que llegó a la región hace casi cinco décadas, Peiria aseguró que volvería a recomendarle dedicarse plenamente a la profesión.

 

Sin embargo, sostuvo que para avanzar no alcanza con obtener un título. Es necesario trabajar con interés, compromiso y pasión.

 

“Si lo va a hacer con ganas y con mucha pasión, le va a ir bien”, expresó.

 

También advirtió que el desarrollo profesional no ocurre de manera inmediata. La experiencia se construye por etapas, mediante años de trabajo, formación, observación y contacto con los problemas concretos.

 

“No es que uno empieza a trabajar hoy y a los cinco años ya es un profesional con una gran experiencia”, reflexionó.

 

Para los jóvenes que desean trabajar en el ámbito rural, dejó un mensaje centrado en la perseverancia. La tarea en el campo puede resultar más compleja que el ejercicio profesional urbano, pero también ofrece la posibilidad de participar directamente en los procesos productivos, sanitarios y tecnológicos que sostienen una de las actividades centrales de la región.

 

Su recorrido demuestra que las transformaciones profundas no se producen de un día para otro. Se construyen mediante conocimiento, seguimiento, discusión, capacitación y una presencia constante al lado de productores, trabajadores y animales.

 

Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.

 

Contenidos relacionados

No hay resultados para mostrar.