Más estudiantes, menos fondos, la universidad pública en tensión permanente
Ley de presupuesto, fondos insuficientes y comparación posible
Apenas comienza la entrevista el Decano deja en claro su pocisionamiento “esta mañana hubo una reunión del Consejo Superior de la Comisión de Presupuestos”, comienza, y sitúa el diagnóstico en una secuencia reciente. “Después de dos presupuestos reconducidos, el último se había aprobado en 2023, el 2024 fue el primer reconducido, el 2025 fue el segundo reconducido, ya hoy tenemos una ley de presupuestos”.
El problema, según la autoridad, es la magnitud. La norma aprobada queda “muy por debajo de lo que el sistema universitario había presentado como base para poder funcionar”. Detalla la referencia general. “Del 1% del PBI, que eran los 7.4, 7.2 billones de pesos que hacían falta, el Estado Nacional destinó 4.7 para todo el sistema universitario”.
Aun con ese recorte, señala un punto que considera relevante. “Lo bueno dentro de ese marco es que hoy tenés algo contra que compararte”. Esa comparación deja una cuenta concreta. “Es un 15% menos”, afirma, y repite que si se toma el período de inflación acumulada y el incremento nominal, “estamos un 15% abajo”.
Del 90-10 al 96-4, el funcionamiento queda sin aire
En su lectura, el deterioro no es solo el monto total, sino la forma en que se distribuye. “Históricamente, de cada 100 pesos que el Estado te mandaba, eran 90 para haberes y 10 para gasto de funcionamiento”. Hoy, advierte, se pasó a “94% de haberes y 6% de gasto”, y en otra referencia lo expresa con una cifra todavía más ajustada. “Ahora quedó 96-4”.
Ese cambio tiene un efecto directo. “Eso hace que para adelante los gastos de funcionamiento vayan a quedar escasos mucho más temprano que tarde”. La consecuencia es práctica y cotidiana. Lo que queda por fuera del salario incluye desde “la energía eléctrica del predio” hasta “cortar el césped, pintarlo” y sostener infraestructura, laboratorios y parque tecnológico. “Cambiar el parque tecnológico, el laboratorio, es el 6%”.
Salarios docentes y no docentes, renuncias y pérdida de experiencia
Gaspar Cena plantea que el nuevo presupuesto “no reivindica todo lo que se perdió en términos de poder adquisitivo salarial de los trabajadores docentes y no docentes”. Y aporta cifras que funcionan como señal de alarma. “Hoy un docente de dedicación simple gana 250.000 pesos”, y “un auxiliar y un profesor está cercano a los 290.000 por 10 horas semanales”.
En el caso del personal no docente, marca otro problema. “Un no docente gana por debajo de la línea de la pobreza, gana 660.000 pesos, casi 700.000 pesos” y explica que hay “un bono de 220.000” que lo ubica apenas por encima, pero “si no fuera por ese bono están por debajo de la pobreza”.
En ese contexto, la institución observa un fenómeno creciente. “Muchos profesores están pidiendo licencia o directamente están renunciando”. Y el daño, subraya, no es solo el recambio de una hora cátedra. “El profesor que tiene mucha experiencia no solamente deja la docencia”, sino que también se pierde su aporte en “investigación”, “transferencia tecnológica” y “vinculación con el medio”. Para el decano, esa experiencia “no es tan simple de formar”, porque se trata de trayectorias de “25 años, 30 años” dentro de la universidad.
Crecimiento estudiantil y nuevas carreras, una expansión con base territorial
En paralelo a la crisis presupuestaria, la UTN Villa María registró un crecimiento sostenido. “Hemos crecido en un 50% la cantidad de estudiantes”, afirma, comparando su inicio de gestión con el cierre del último año. “Pasamos de tener 2.000 estudiantes a 3.000 estudiantes”.
Explica que ese salto se vincula a nuevas ofertas y extensiones. Menciona “programación” y “extensiones áulicas como la de Monte Maíz, la de Marcos Juárez”. También “carreras a distancia” y aperturas como “licenciatura en logística” y “tecnología educativa”.
Al mirar el grado, precisa números. “Históricamente veníamos con 400 estudiantes”, hoy “ahora 460 con civil”. Enumera la demanda. “Sistemas” ronda “180”, luego aparecen “mecánica y civil” con “75, 80”, después “química”, “electrónica” y finalmente administración rural con “25 o 30”.
Londres, red científica y preocupación por CONICET y ciencia nacional
En relación con el viaje internacional, relata que “fuimos a conocer a la red de científicos del Reino Unido” y participaron de una reunión anual. Allí, sostiene, apareció un rasgo común. Profesionales argentinos en el exterior “con un fuerte sentido de pertenencia”, “muchas ganas de colaborar con la Argentina y de ayudar”.
Pero también emergió una preocupación. “Había una fuerte preocupación respecto a la situación del CONICET” y al estado general de “la investigación, la ciencia y la tecnología” en el país. Lo vincula con el punto de partida. “Fundamentalmente por el desfinanciamiento”, y vuelve a la cuenta. “El 96% de cada 100 pesos van a salario, 4% va a gasto de funcionamiento”. Para la red, dice, hay un problema de coherencia entre el discurso y la inversión. “Se habla de economía y conocimiento y por ahí no se invierte en eso”.
Fondos propios, vinculación con la industria y obras sin Estado Nacional
Ante la falta de programas nacionales, la estrategia es salir a gestionar. “No hay fondos del Estado Nacional hoy”, afirma, y nombra la interrupción de líneas históricas. “Todos los programas que equipan ciencia, construir ciencia”.
La respuesta es una combinación de fondos propios, rectorado y vinculación con el medio. Cuenta que están por inaugurar “una obra de 600 metros” y que construyen “un parque solar”, con financiamiento “con fondos de la universidad”, “fondos genuinos” obtenidos por “transferencia” y “trabajos con la industria”, más aportes internos de la facultad.
El desafío que se viene tiene nombre y costo. Ingeniería Civil requiere equipamiento específico. “Para el año que viene tenemos que empezar a pensar en tener un laboratorio de materiales”. Y aclara. “No son dos pesos”. La idea es gestionar financiamiento local y regional, con apoyo del empresariado y del Estado municipal en proyectos puntuales.
Artículo 43, CONEAU y estándares para carreras que comprometen vidas
El decano recuerda que las carreras de ingeniería, salvo una licenciatura, están bajo “el artículo 43 de la Ley de Educación Superior”, donde el ejercicio profesional “podés correr riesgo vos o terceros”. Eso activa la exigencia de acreditación. “Está la CONEAU”, que mide estándares, planteles docentes, laboratorios, carga práctica y horas mínimas por bloques curriculares.
En ese marco, explica que “la universidad no puede abrir una carrera si no está bajo el paraguas de la CONEAU”. Y agrega que varias carreras ya están en procesos de autoevaluación y presentación.
Municipios, extensiones áulicas y una universidad de región
Gaspar Cena sostiene que, desde 2022, la institución buscó vincularse con municipios de la zona. “El 60% de nuestros estudiantes no son de Villa María, sino que son de la zona”. Enumera trabajo con Monte Maíz, Marcos Juárez y su centro universitario, además de capacitaciones y trayectos en Tío Pujio, James Craik, Oncativo, General Deheza, Etruria, Ballesteros y Bell Ville.
También destaca el acompañamiento a espacios de formación profesional vinculados al mundo del trabajo. Menciona el Centro Ruchi de la UOM y actividades como soldadura, aire acondicionado y mantenimiento industrial.
En ese entramado, ubica un hito político y académico. Ingeniería Civil. Cuenta que surgió de una mesa de trabajo con el municipio y el colegio profesional, con un diagnóstico regional. Villa María y la zona tenían baja disponibilidad de ingenieros civiles y la oferta estaba concentrada en la capital. El financiamiento se resolvió con un esquema mixto. “El 50% lo aporta la municipalidad” y “el otro 50% lo ponen empresarios” y aportantes regionales.
Reforma pedagógica y diseños centrados en el estudiante
En el cierre, pone el foco en la enseñanza. La universidad, dice, viene modernizando el aula. “En 2022 se aprobaron diseños curriculares centrados en el estudiante y basados en competencias”. El objetivo es romper con el estudiante “más pasivo” y con la clase magistral tradicional, para ir a un escenario donde “el estudiante empieza a participar”.
Menciona nuevas estrategias. “Clases espejo”, “clases divertidas” y un sistema donde “todas las cátedras tienen una forma de aprobación directa”. La meta es concreta. Reducir tiempos de terminalidad. “Carreras de 5 años” que se extendían “entre 9 y 11” buscan acercarse “más cerca de 5 que se pueda”.
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.
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