Miguel Olaviaga entre la economía plural y la urgencia de reconstruir una salida productiva
Qué es realmente la economía social
“A mí me parece que hay una cuestión preliminar que es conceptualizar la economía social”. Para Olaviaga, antes de discutir su presente o su futuro es necesario definir de qué se está hablando cuando se menciona este concepto.
El dirigente plantea que el término se usa muchas veces de forma parcial o restringida. “Hay algunos que consideran la economía social como el cooperativismo. Hay otros que consideran la economía social como el sindicalismo y las obras sociales. ¿Los clubes también pueden ser o no?”.
Desde su perspectiva, la definición debe ser más amplia y precisa al mismo tiempo. “La acepción de economía social, en mi criterio, incorpora toda actividad productiva, de servicio, de cualquier carácter que no tenga en la estructura institucional el objeto del lucro como ley motivo de su existencia”.
En esa concepción, el universo de la economía social incluye múltiples formas organizativas. “Acá incluyo a la cooperativa, que tiene legislación propia, la 2337. Incorpora las mutuales, que también tienen legislación propia desde el año 71”. Pero también aparecen otras organizaciones que históricamente cumplieron funciones sociales.
“También sindicatos, mutuales, sociedades filantrópicas, clubes, todas personas civiles”.
En definitiva, sostiene, se trata de un conjunto amplio de instituciones que comparten una característica fundamental. “Todo aquello que no tenga como objetivo prioritario el lucro pertenece a la economía social”.
El tercer sector dentro de una economía plural
A partir de esa definición, el mutualista propone mirar la economía argentina desde una lógica de economía plural.
Según explica, el sistema económico está compuesto por tres grandes sectores que interactúan entre sí. “En la economía de la República Argentina hay tres sectores. El Estado, la economía lucrativa y la economía social”.
El Estado tiene su propia dimensión dentro del sistema económico. “El Estado, que al asumir Milei estaba en un 45% o 46% de incidencia en el PBI de la República Argentina”. Según los datos mencionados en el debate público, esa participación habría disminuido. “Dijo Milei que de ese 45% hoy está en un 35% de incidencia en el PBI”.
Si esa incidencia se reduce, plantea, necesariamente cambia el equilibrio entre los otros actores económicos. “Si se achica uno de los sectores lo hace en relación a los otros”. Es decir que los recursos y actividades que salen del Estado pueden trasladarse hacia la economía privada lucrativa o hacia el ámbito de la economía social.
Por eso insiste en una idea central. “Nosotros reivindicamos la economía plural”. En esa visión conviven tres lógicas distintas de organización económica. “Está el Estado en la dimensión que determinan las políticas públicas, está el empresariado lucrativo en cualquiera de las formas societarias que plantea el Código de Comercio y está la economía social”.
A este último sector se lo suele denominar también de otra manera. “El famoso tercer sector, como dicen los estadounidenses”.
Solidaridad, ética y organización social
Uno de los ejes más profundos del planteo de Olaviaga aparece cuando se discute la relación entre economía social y solidaridad.
Ante la pregunta sobre si la economía social es necesariamente solidaria, responde con una reflexión más que conceptual.
Para el dirigente, el concepto suele vaciarse de contenido cuando se lo reduce a gestos individuales. “Hay muchas señoras que organizan té a la tarde y sostienen que están ejercitando solidaridad porque juntan alguna dádiva o alguna asistencia para un requerimiento”. También menciona situaciones cotidianas que se interpretan como actos solidarios. “Hay gente que llega a una esquina, ve a alguien limpiando un vidrio, deja un billete y cree que es un acto de solidaridad”.
Pero para Olaviaga la solidaridad verdadera tiene un fundamento diferente. “Si no hay una valoración ética de lo que es la solidaridad, no la vas a encontrar nunca”. “A esa solidaridad le refiero yo. A la que discute el modelo de sociedad que se quiere vivir”.
En ese sentido, sostiene que la economía social posee una dimensión solidaria estructural. “La economía social tiene la solidaridad intrínseca”. Esto ocurre porque los resultados de la actividad económica no se distribuyen como ganancia privada. “Al producir en la gestión económica resultados que no se los lleva nadie sino que son aplicados con ese criterio ético en la asamblea”.
Ética, transparencia y límites al lucro
El ex legislador provincial también subraya que la economía social sólo puede sostenerse si se basa en valores éticos concretos y en mecanismos de control interno.
Describe algunos principios organizativos que se aplican en ciertas instituciones. “Acá el que entra a trabajar, el cargo más alto de la organización no puede ganar más de tres veces del cargo inicial”.
Esa relación salarial no surge del mercado sino de una decisión ética colectiva. “Hay una regulación impuesta por valoración ética de que nadie tiene porcentajes de una actividad económica”.
La transparencia también aparece como un elemento central del funcionamiento institucional. “La valoración ética y la transparencia en el procedimiento que tenemos nosotros de nuestra propia estructura”.
Sin esos principios, advierte, el riesgo es que las organizaciones pierdan su identidad. “Si vos no tenés eso, sos una hoja en el viento”.
Incluso dentro del propio sector existen prácticas que desvirtúan su sentido original. “Hay gran simulación en muchas organizaciones que incluso tienen desviaciones porque son mutuales pero cambian cheques, producen una ganancia y hacen aquello que José Ingenieros dice, la simulación en la lucha por la vida”.
Por eso insiste en que el concepto de economía social debe sostenerse sobre valores reales y no sólo sobre etiquetas institucionales.
Economía social, pymes y co-gestión
Otro punto relevante del análisis aparece cuando Mieguel Olaviaga reflexiona sobre la relación entre la economía social y el universo de las pequeñas empresas.
Argentina cuenta con un tejido productivo fuertemente compuesto por pymes. “Argentina tiene 600.000 empresas. De las 600.000 empresas, el 95% son pymes”.
Frente a esa realidad, plantea la posibilidad de explorar nuevas formas de cooperación. “¿Por qué no imaginarnos formas de integración?”.
El dirigente recupera una idea histórica vinculada al pensamiento de Pierre-Joseph Proudhon. “promovió el trueque desde una perspectiva anarquista y planteaba la vigencia de la empresa pequeña para contrarrestar el poder de la gran empresa”.
Desde ese enfoque propone pensar esquemas de cogestión entre trabajadores y pequeños empresarios. “¿Qué diferencia puede haber en la necesidad de salud de un empresario que tiene dos empleados con la del propio empleado? Ninguna”.
No se trata de negar los conflictos entre capital y trabajo, aclara. “Los intereses tienen contradicciones a ser analizadas”. Pero sí de explorar formas de cooperación que permitan sostener las economías locales.
“Las sociedades en crisis necesitan concertar”.
Globalización, competencia y nuevos equilibrios económicos
En el tramo final de esta primera parte de la conversación, el dirigente de GESTA introduce un tema decisivo para el futuro de las economías nacionales.
Advierte que el mundo atraviesa transformaciones profundas que modifican las reglas del juego productivo. “Toda transformación política o geopolítica casi siempre vino precedida por transformaciones económicas”.
Desde su perspectiva, el sistema capitalista atraviesa una etapa de transición. “Hoy estamos en los estertores del sistema capitalista”.
Uno de los conceptos que considera clave para entender el presente es el del coste marginal cero. “El que no visualice el coste marginal cero no está entendiendo nada de lo que pasa”.
Ese fenómeno, asociado a las nuevas tecnologías y a la producción global, permite que ciertos bienes se reproduzcan con costos cada vez más bajos una vez cubierta la inversión inicial.
A esto se suma el peso creciente de las economías asiáticas. “El sudeste asiático, con China incluida, produce el 70% de los neumáticos del mundo”. Pero además consume sólo una parte de esa producción. “Utilizan el 25% y les queda el 75% para regar en todo el mundo”.
Ese excedente productivo genera un impacto directo en los mercados nacionales. “Si una goma mía me cuesta cuatro de las otras, el 99 por ciento del ciudadano va a comprar la goma que viene del exterior porque sale más barato”.
Para Olaviaga, ese fenómeno muestra que el sistema económico global está reorganizando sus equilibrios productivos. “Hay un nuevo orden en la distribución universal de las cuestiones”.
China, la competencia global y una evidencia que no se puede negar
“Hay un principio del derecho, que el que puede lo más puede lo menos. Así de cruel”. Con esa frase, Miguel Olaviaga responde a la inquietud sobre la dependencia de productos chinos y el impacto que eso puede tener sobre el tejido social argentino. Para él, antes que indignación, lo que corresponde es reconocer el escenario. “Si esta gente es capaz de producir, de tener la logística, de llegar, nosotros estamos frente a una evidencia”.
Desde esa constatación, el problema ya no es solo denunciar la competencia externa, sino pensar una respuesta propia. “Lo que tenemos que hacer nosotros, desde el punto de vista de la protección, porque este problema lo tienen todos los pueblos del mundo”.
En ese marco, señala que países cercanos “tienen todos resuelto el problema de la inflación” mientras Argentina sigue “batallando con la cuestión de la inflación”. A su juicio, eso distorsiona la discusión y obliga al sindicalismo y a las organizaciones sociales a mirar la economía desde un lugar demasiado defensivo. “Tenemos que estudiar la posibilidad del valor agregado de los productos primarios. Tenemos que hacer un diseño regional”.
Más apertura y menos reflejos automáticos
A partir de ahí, el entrevistado cuestiona cierto clima político y cultural que, según él, termina bloqueando respuestas más creativas. “Muchísimas cuestiones que están en nuestro lenguaje, muchísimas cosas que están en nuestro voluntarismo, y muchísimas cosas que están en la identidad política recalcitrante de dónde venimos cada uno de nosotros nos condiciona”. Frente a eso propone otra actitud. “Nosotros tenemos que tener más apertura. Tenemos que recrear una confianza societaria entre lo que somos gente de trabajo”.
No se trata solo de solidaridad, insiste, sino también de dignidad. “La gente de trabajo tiene que caracterizarlo no solamente la solidaridad, sino también de la dignidad”. Desde esa mirada, rechaza que la única forma de reacción frente a una crisis sea la protesta desesperada. “Nosotros no puede ser que en una congestión nos entreguemos a un empresario y que la única respuesta nuestra sea solamente prender fuego a las cubiertas para cortar una calle”.
El shopping de Villa María y una intervención que, según Olaviaga, nadie esperaba
fue uno de los pasajes más concretos de esta segunda parte aparece cuando recuerda “lo de la venta del shopping de Villa María”. Allí, dice, “la burguesía de Villa María no reaccionó”. Frente a eso, destaca el papel de su propia organización. “Salió una entidad como la nuestra, que maneja la moneda de las cuotas del afiliado, negoció directamente con una empresa multinacional como fue Casino, con Francia y con Colombia”.
El saldo, según lo cuenta, fue claro. “Se mantuvieron las 100 fuentes de trabajo que estaban comprometidas. Se reivindicó un local que para el desarrollo de Villa María es extraordinario”. Y remarca algo que para él tiene valor político y ético. “Nadie podrá decir que hubo una sola sospecha de que alguien se quedó por una tasa inmobiliaria.
No hubo inmobiliaria, no hubo inversiones de consultora, no tuvimos asesores de estos técnicos que te llevan una parte”. Incluso aclara que el financiamiento se hizo “en las condiciones de cualquier hijo de vecino”, con apoyo bancario pero “sin participación del Estado, sin participación del INAES, sin participación de un holding de banco”.
El sector lácteo y una región que produce mucho pero transforma poco
Cuando la conversación pasa al sector lácteo, Olaviaga parte de un dato de escala. “En Argentina se extraen 20 millones de litros de leche más o menos por día”. Dentro de ese volumen, ubica a la cuenca local como un actor decisivo. “Somos más de un tercio de lo que se produce en la República Argentina, en lo que estamos en la cuenca lechera”. También enumera jugadores fuertes del sector, como Saputo, Punta del Agua y Noal, y menciona incluso la reciente venta del “80% de las acciones de Saputo a un fondo peruano”.
Desde el punto de vista del productor, reconoce que hace poco se había alcanzado “un nivel de pago del litro de leche fluida de 45 centavos de dólar casi”, algo que “a nivel de los valores internacionales estaba muy bien planteado”. Pero enseguida advierte un cambio estructural. “Se está dando una gran concentración”, mientras el tambo tradicional de escala media va siendo reemplazado por procesos de automatización. “Hoy, esa mano de obra que te daba el tambo está reemplazándose, no se sabe cuánto tiempo va a llevar, por la robótica. Un robote ordeña 70 vacas”.
La pregunta que incomoda en Villa María
A partir de esa realidad, formula una pregunta central para la región. “¿Vos podés creer que, siendo más de un tercio de la producción nacional, en Villa María no se embotelle, no se ensachete, no se haga una caja de un litro de leche fluida?”. La repite desde otro ángulo. “¿Cuál es la razón para que nosotros que estamos tapados de producción láctea fluida, no embalsemos un litro?”.
A su juicio, la respuesta es una sola. “Inacción”. Y allí vuelve a conectar el tema con la economía social y popular. “Entonces esa es la economía popular y eso es la economía social, tiene que ocuparse”. No le interesa tanto la explicación técnica de por qué el negocio pasa por la manteca o por la grasa, sino la ausencia de una decisión política y productiva que permita cerrar el circuito en origen.
El modelo porcino como ejemplo de circuito completo
Para mostrar que no habla desde la abstracción, pone como ejemplo la experiencia en producción porcina de su propia entidad. “Nosotros cuando empezamos a producir cerdo, que no tenemos techo, empezamos con el semen, con la genética de este semen”. Luego enumera el resto del proceso. “Hoy estamos vendiendo semen a otras cabañas. Hoy estamos haciendo la gestación nosotros. Hoy estamos haciendo las pariciones nosotros”. También incorporan formación y vínculo con la universidad. “Hoy estamos esperando gente que venga de veterinaria de la Universidad de Villa María”.
El cierre del circuito es el punto que reivindica con más fuerza. “Una vez que sacamos esos capones de excelente calidad, los mandamos a las góndolas que vendemos nosotros. Entonces el circuito es completo”. Para él, ahí está una de las claves de la economía social bien entendida. “Empezás a transparentar los procesos de intervención múltiple que tiene una cadena comercial y vos garantizás para el dueño de la entidad, sea sindicato, sea mutual, sea lo que vos quieras, garantizás que es dueño de todo el circuito, está comiendo lo que él produce. Calidad, costo, eficiencia. Bueno, eso es la economía social”.
Villa María, una economía social con más discurso que profundidad
Consultado por el presente del sector en la ciudad, su respuesta no deja lugar a matices. “Soy muy crítico”. Lo que observa es “un modelo de solidarismo declamado”, donde se crean mutuales o cooperativas pero sin discutir seriamente “cómo lo sostengamos, ni las reservas de autosustentación que tengan”. Según su mirada, muchas veces “tiene que estar vinculado a una descripción política” y “alguien tiene que hacerse dueño del subsidio que entrega”.
En esa línea, cuestiona la teatralización de la asistencia pública. “Nunca, por ninguna razón, en mi condición de legislador, yo me saqué una foto o dije que entregaba un subsidio”. Para él, una cosa es “firmar un convenio de cooperación o de reciprocidad” y otra muy distinta “la entrega de un subsidio”. Esa escena, sostiene, “es capitalizar esa relación de deber”. Y cuando el receptor queda obligado a agradecer públicamente, “a mí me parece que eso te degrada”.
La frase más dura del tramo va en esa dirección. “Yo creo que la economía social es una cosa mucho más digna que estar recibiendo un chequecito por parte del funcionario de turno”. Y remata con una afirmación tajante sobre su propia experiencia. “Nunca, por ninguna razón, en nuestras entidades, no vas a encontrar… nunca nosotros hemos recibido absolutamente nada. Nada”.
La educación cooperativa, y la crítica a la superficialidad
En el último tramo, el refente del sector extiende su crítica a ciertas iniciativas recientes en materia de formación. Dice conocer “toda esa pirotecnia de información”, pero cuestiona la falta de articulación real. “No conozco si esto se corresponde con la Ley Superior de Educación, si esto concluye con una tecnicatura superior, si está articulado con algún circuito”.
Desde su perspectiva, pensar educación hoy exige mucha más profundidad. “Si los chiquitos que están naciendo hoy tienen una expectativa de 100 años y aparte saben que van a tener 5 actividades o profesiones durante toda su existencia, y de esas profesiones hay solamente 2 que se conocen y 3 que no se conocen, la pregunta es, ¿qué podés enseñar sobre algo que no conocés?”.
A partir de ahí, señala que el Estado debería actuar con “más profundidad y seriedad”, y pone como contraste el apoyo recibido por actores privados frente a la falta de reconocimiento hacia entidades de la economía social que “sin haber pedido nunca un mango han sacado 700 profesionales de su aula”.
Publicidad, ego y una crítica final a la política del espectáculo
La entrevista cierra con una observación más amplia sobre el tiempo presente. “Yo pienso que nosotros estamos haciendo una degeneración en materia de títulos, formas, estilos, tips, palabras y publicidad”. Allí cita a “Jeremy Riskin” y celebra una de sus intuiciones. “En poco tiempo la publicidad no existe más, porque ya no se admite más la publicidad de los actos”.
Para Mieguel, eso no es un detalle comunicacional sino un síntoma de época. “El principio de cualquier pequeño autoritario es que sale muchas veces en el diario su foto, la pasa por los filtros para que salga más o menos acomodadito y diciendo algunas cosas que presumiblemente de importancia”. En esa frase final queda condensada toda su crítica a un modelo que, a su juicio, confunde gestión con puesta en escena, economía social con marketing político y solidaridad con dependencia.
Fuente: En exclusivo para Revista Vértices.
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