Mundial 86 e identidad
La historia antes del final
Todos conocemos el final.
Argentina,
campeón del mundo.
Maradona
levantando la Copa.
El mejor jugador del Mundial.
Pero hay algo
que casi siempre olvidamos:
las historias parecen inevitables
solamente cuando ya conocemos
cómo terminan.
Todos recordamos al campeón de 1986.
Un equipo convertido
en una de las mayores hazañas
del deporte argentino.
Pero esa no fue
la historia del comienzo.
Los propios jugadores
la recordaban de otra manera:
“Éramos un desastre”.
Muy pocos creían en ellos.
Había dudas,
críticas,
desconfianza.
Y entonces entendí algo:
nosotros heredamos
una historia terminada.
Ellos estaban viviendo
una historia llena de incertidumbre.
Argentina venía
del fracaso de 1982.
Bilardo proponía una idea
que casi nadie comprendía.
El equipo no convencía.
Los jugadores admitían
que jugaban mal.
Se hablaba
de echar al entrenador.
Y la clasificación
tampoco había sido una demostración de poder.
Contra Perú,
a diez minutos del final,
Argentina se estaba quedando afuera
del Mundial.
No había clima de campeón.
Había sensación de fracaso.
Con más dudas que certezas,
ese plantel viajó rumbo a México.
Y, sin embargo,
hoy cuesta imaginar
que aquella haya sido
la misma historia.
Mientras en Argentina
predominaban las críticas,
desde afuera
la mirada era diferente.
Veían a Maradona.
Veían a un gran entrenador.
Veían un equipo
con espíritu.
La misma historia
podía contarse
de maneras completamente distintas.
Y eso me hizo pensar:
cuando recordamos una historia,
¿qué es lo que realmente recordamos?
Argentina campeón del mundo.
Un equipo consolidado.
Un director técnico brillante.
Maradona.
El Gol del Siglo.
La Mano de Dios.
Esa fue la historia
que sobrevivió.
La que me contaron.
La que escucho
cada vez que alguien habla
de aquel Mundial.
El Mundial de Maradona.
El campeón consagrado.
El jugador destinado
a cambiar la historia.
Sí.
Esa historia
que te eriza la piel.
La que entendés
porque sos argentino.
Porque sabés
que el fútbol, muchas veces,
habla de algo mucho más grande.
Pero nadie me habló del camino.
Nadie me contó
sobre aquel equipo
del que casi nadie esperaba nada.
Sobre un entrenador cuestionado.
Sobre los medios
que pedían su salida.
Sobre jugadores
que dudaban de sí mismos.
Sobre una clasificación sufrida.
Y quizás eso
sea lo más interesante:
no solo recordamos
las historias.
También elegimos
qué partes sobreviven.
Hoy miramos a ese equipo
y parece imposible
imaginar otro final.
Pero esa es, justamente,
la trampa de las grandes historias.
Nos hacen olvidar
que alguna vez fueron inciertas.
Que alguna vez
alguien dudó.
Que alguna vez
nadie sabía
si iba a existir ese momento
que hoy todos recuerdan.
Porque los campeones
no saben
que están escribiendo una historia.
Solo están intentando
atravesarla.
Y quizás eso
también nos suceda.
¿Qué historia estás contando
para que los demás entiendan
quién sos?
Escribe Lic. Mayra Reynoso
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v2.21.2


