Natalia Rossi: “Producimos alimentos, pero también oportunidades de vida”
Una cooperativa nacida de una experiencia social
La historia de La Soberana está directamente vinculada a Granja Siquem, una ONG, escuela, granja y hogar que funciona en Río Cuarto desde 1994. La institución nació para acompañar a niños y adolescentes varones en situación de vulnerabilidad, muchos de ellos excluidos del sistema educativo, sin una alimentación asegurada o sin una red familiar capaz de sostenerlos.
Natalia Rossi explica que la granja cuenta con dos modalidades: un hogar de día, donde los chicos son buscados en distintos barrios, desayunan, asisten a la escuela, almuerzan, participan de actividades productivas y luego regresan a sus hogares; y un hogar permanente, destinado a quienes no cuentan con familia ampliada. En ese marco, la institución fue construyendo una experiencia donde educación, contención y producción de alimentos forman parte de una misma respuesta comunitaria.
Del excedente productivo a una salida laboral
Con el paso del tiempo, Granja Siquem logró producir buena parte de los alimentos que consumían quienes vivían y estudiaban allí. La cría de cerdos, pollos, gallinas, el tambo y la quesería propia fueron consolidando una base de soberanía alimentaria que permitió cubrir necesidades internas y, luego, generar excedentes.
Ese crecimiento abrió una nueva pregunta: qué hacer con los jóvenes que terminaban el secundario y querían seguir vinculados al proyecto. La ONG podía contener, educar y acompañar, pero no tenía herramientas para ofrecer una salida laboral estable. Por eso, en 2017 se creó formalmente La Soberana como cooperativa de trabajo.
“La granja siguió siendo hogar y escuela, mientras que las producciones fueron cedidas a la cooperativa”, explica Rossi. De esa manera, un proyecto sin fines de lucro logró crear un brazo productivo solidario, capaz de generar trabajo sin abandonar su objetivo social.
Exalumnos, docentes y profesionales en una misma organización
La cooperativa está integrada principalmente por exalumnos de la escuela, junto a algunos docentes y profesionales que aportan acompañamiento técnico. Veterinarios, ingenieros agrónomos y personas vinculadas a la administración, la producción y las ventas forman parte de una estructura que hoy reúne a 25 cooperativistas.
Cada integrante recibe un retorno según las horas de trabajo aportadas. Para la presidenta, ese dato es central porque permite comprender que La Soberana no es solamente una unidad productiva, sino una herramienta de inclusión laboral. Allí, quienes en algún momento fueron acompañados por la granja pueden encontrar una continuidad concreta a través del trabajo.
Setenta hectáreas para producir, alimentar y sostener comunidad
La experiencia se desarrolla en un predio de 70 hectáreas, donde se producen alimentos para consumo interno y para comercialización. Actualmente se elaboran pollos de campo, cortes de cerdo, costilla, bondiola, chacinados como salamines y chorizos, huevos pastoriles y seis tipos de quesos, entre ellos Chubut, sardo, cremoso y criollo.
Además, dos familias viven en el predio y alrededor de 60 personas desayunan, almuerzan, meriendan y cenan con alimentos producidos allí. “Que dentro de un predio de 70 hectáreas se pueda generar todo eso, aparte de la salida laboral a los cooperativistas, para nosotros ya es revolucionario”, plantea Rossi.
Alimentos reales frente a un sistema desigual
Uno de los ejes identitarios de La Soberana es la producción de alimentos reales, elaborados de manera más natural y con criterios de cuidado ambiental. Rossi señala que intentan sostener prácticas agroecológicas, reducir el uso de químicos y evitar conservantes o aditivos innecesarios, especialmente en la quesería.
Sin embargo, reconoce que esa decisión implica competir dentro de un mercado agresivo y profundamente desigual. Producir de manera más saludable suele implicar costos más altos, mientras que en contextos de crisis muchas familias terminan optando por lo más barato, aunque sepan que se trata de productos más industrializados.
“El desafío es competir en este mercado y en este sistema capitalista completamente injusto”, sostiene la presidenta de la cooperativa.
Soberanía alimentaria en tiempos de inseguridad alimentaria
La discusión sobre soberanía alimentaria aparece como un tema central en una provincia atravesada por fuertes desigualdades en el acceso a la comida. Frente a ese escenario, Rossi remarca que la cooperativa ofrece alimentos reales, producidos con un control directo sobre los procesos y con una lógica distinta a la de la industria concentrada.
Uno de los productos más buscados son los pollos de campo. Según cuenta, muchas personas los eligen porque no contienen hormonas y porque buscan una alimentación más saludable. Algo similar ocurre con los huevos pastoriles, producidos por gallinas libres, en contraposición a modelos industrializados donde los animales permanecen encerrados y sometidos a estrés.
La cooperativa intenta mantener un equilibrio entre calidad y precio. “Si buscás un pollo de campo en otros lugares, puede salir el triple de lo que lo vendemos nosotros”, explica. Esa búsqueda resume una de las tensiones principales del proyecto: producir sano, sostener precios razonables y no perder el carácter solidario.
Los quesos como identidad productiva
Dentro de todas las producciones, los quesos ocupan un lugar especial. Rossi los define como “la vedette” de la cooperativa, porque lograron instalarse en Río Cuarto, Las Higueras y otras zonas donde realizan entregas.
La clave está en el circuito completo de producción. En la granja se produce el alimento que consumen las vacas; de esas vacas se obtiene la leche; y con esa leche se elaboran los quesos. “Si la leche es buena, el queso va a salir bueno”, resume.
Esa trazabilidad permite sostener una calidad reconocida por los consumidores y, al mismo tiempo, refuerza la idea de soberanía alimentaria: no se trata solamente de vender un producto, sino de controlar colectivamente el proceso desde el origen.
Mantenerse también es una conquista
Al hablar de los desafíos actuales, Rossi evita caer únicamente en una mirada negativa. Reconoce las dificultades económicas, la caída del consumo y la falta de grandes programas nacionales de apoyo, pero también subraya que seguir en pie ya representa una conquista.
“Que en estos contextos de crisis no haya quedado ningún cooperativista afuera, que la producción se haya mantenido y que las ventas se estén ampliando, es un paso importante para nosotros”, afirma.
La cooperativa también viene apostando a la capacitación interna, la incorporación de sistemas de gestión y el acompañamiento técnico-contable. Para crecer necesitan inversión, especialmente porque la demanda aumenta y la capacidad productiva empieza a quedar chica. En ese punto, Rossi señala que reciben algunas ayudas del Ministerio de Cooperativas y Mutuales de Córdoba, aunque advierte que a nivel nacional no existen actualmente programas grandes como en otras etapas.
Crecer sin dejar de ser cooperativa
El desafío principal, según la presidenta, es ampliar la producción sin abandonar los valores que dieron origen al proyecto. La Soberana busca crecer, vender más y mejorar sus capacidades, pero sin permitir que la lógica capitalista desplace la forma cooperativa de organizarse.
Rossi pone un ejemplo concreto: cuando un socio trabajador se enferma durante varios meses, la respuesta de la cooperativa no puede ser simplemente suspenderlo o dejarlo sin retorno. Aunque sostener esas situaciones sea difícil en términos económicos, la organización intenta contener y acompañar.
“Tratamos todos los días de estar firmes en nuestros valores, en nuestras convicciones y en nuestra forma de organizarnos”, señala. Allí aparece una de las definiciones más fuertes de la entrevista: para La Soberana, producir no alcanza si en el camino se pierde la solidaridad.
Articulación con otras cooperativas
La cooperativa también sostiene vínculos con otras experiencias de la economía social. Si bien Rossi reconoce que se han desarticulado algunos espacios de encuentro que antes reunían a cooperativas de distintas regiones, todavía mantienen relaciones de ayuda mutua con organizaciones de Río Cuarto y otros puntos de Córdoba.
La parte contable y legal, por ejemplo, es acompañada por la Cooperativa Gestionar, integrada por contadores que trabajan con cooperativas y ONG. Además, La Soberana comercializa productos a través de almacenes cooperativos y sostiene intercambios con cooperativas de consumo.
Ese entramado permite fortalecer circuitos solidarios donde una organización compra, recomienda, distribuye o acompaña a otra. No siempre existe una articulación formal o masiva, pero sí una práctica cotidiana de asociativismo que ayuda a sostener proyectos en contextos difíciles.
Una experiencia cooperativa para mirar de cerca
En la Semana Internacional de las Cooperativas, La Soberana aparece como una experiencia que permite pensar el cooperativismo desde una dimensión concreta: alimentos sanos, trabajo digno, inclusión social y comunidad. No se trata solamente de una forma jurídica, sino de una manera de organizar la producción, distribuir los ingresos y responder a problemas sociales.
Desde Río Cuarto, la cooperativa demuestra que la soberanía alimentaria no es una consigna abstracta. Puede construirse en un territorio, con jóvenes, familias, docentes, profesionales, productores y consumidores que deciden sostener otra forma de producir y alimentarse.
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices
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