Ni salvavidas ni actores secundarios: el cooperativismo reclamó otro lugar en la economía nacional
Más de un centenar de representantes de pequeñas y medianas empresas, cooperativas y organizaciones de trabajadores participaron en La Plata del Congreso Región Capital “Producción, Trabajo y Soberanía”, impulsado por el Movimiento Productivo 25 de Mayo.
La actividad se desarrolló el sábado 22 de agosto en el Centro Cultural y de la Memoria Islas Malvinas. Mediante diferentes comisiones, los participantes debatieron propuestas relacionadas con el mercado interno, la producción nacional, el crédito para las MiPyMEs, el acceso a la energía, el sistema científico-tecnológico, la soberanía y el papel del Estado.
Durante el plenario de cierre, Ricardo Gil presentó parte de las conclusiones surgidas del trabajo colectivo. El presidente de la filial La Plata del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos concentró su intervención en el lugar que deben ocupar las entidades solidarias dentro de un proyecto nacional de desarrollo.
"Las cooperativas somos empresas"
"Yo siempre digo que las cooperativas somos empresas", dijo Gil, presidente de la filial La Plata del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, al presentar las conclusiones del plenario de cierre.
Con esa frase apuntó contra una idea instalada: que el cooperativismo solo sirve para tapar baches, para hacerse cargo cuando una empresa cierra o un servicio se cae. Gil no negó la función social del sector, pero reclamó que dejara de ser motivo para relegarlo a los márgenes: las cooperativas, dijo, deberían participar también de las actividades que generan rentabilidad e inversión, no solo de las que nadie más quiere atender.
Cuando la autogestión se vuelve autoexplotación
Gil hizo una autocrítica poco habitual en este tipo de foros. Señaló que, para sostener a la organización, muchos socios de cooperativas de trabajo terminan cobrando menos de lo que necesitan para vivir.
"Muchas veces los compañeros asociados a las cooperativas de trabajo son autoexplotados", admitió.
Es una tensión conocida puertas adentro del sector: la autogestión sostiene fuentes de trabajo y construye vínculos más horizontales, pero sin financiamiento y políticas públicas adecuadas puede terminar encubriendo condiciones laborales precarias.
Una tercera forma de repartir la riqueza
Gil planteó que, además del reparto entre capital y trabajo y de la redistribución que hace el Estado vía impuestos y políticas públicas, existe un tercer circuito: el de las organizaciones que administran sus propios recursos.
"Cuando digo organizaciones sociales hablo de pymes familiares, economías informales, cooperativas, clubes de barrio y mutuales", explicó. Son entidades que reinvierten en sus comunidades sin intermediarios, y que —según Gil— rara vez aparecen reconocidas en las políticas públicas. Por eso pidió que municipios, provincias y Nación prioricen contratarlas y que se compense el costo social que asumen al sostener empleo y servicios.
Participar también de las decisiones
El reclamo no fue solo económico. Gil pidió más lugar para estos sectores en la elaboración de políticas, no solo como destinatarios de programas: "El Estado no es el gobierno", remarcó, distinguiendo entre el Estado —territorio y pueblo— y el gobierno, una representación transitoria elegida por la ciudadanía.
Sobre el final, mencionó también a YPF como ejemplo de empresa pública que podría financiar ciencia y priorizar compras a empresas nacionales, articulada con universidades y con el entramado de pymes y cooperativas.
"El Movimiento Productivo no es un movimiento partidario, es un movimiento de propuestas políticas y queremos que se implementen", cerró Gil.
Fuentes:
Registro audiovisual del plenario de cierre
Movimiento Productivo 25 de Mayo (programa del Congreso y "Actividad de Nodos y Articulaciones")
FM 3 Ciudades.
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