Norma Gelabert: olas de calor, adultos mayores y una Tierra que ya no puede esperar
Las olas de calor ya no son una molestia, son un riesgo sanitario
“Las olas de calor cada año van siendo más intensas”, advierte Norma Gelabert al comenzar la conversación. Para la referente del Centro de Jubilados, el problema no es solo climático, sino también informativo y sanitario. “La gente tiene mucho desconocimiento de esto”, señala, porque muchas veces las recomendaciones se reducen a indicaciones generales como no salir en horas pico, cubrirse con sombrero o hidratarse.
Pero para ella el problema es mucho más profundo. “No es solo eso”, afirma. En muchas viviendas, el calor no está afuera, sino adentro. “Hay lugares, casas, donde el calor dentro de la casa es más fuerte que afuera”, explica, y resume la situación con una imagen contundente. Muchas personas mayores quedan “atrapadas en un horno”.
Adultos mayores, enfermedades de base y medicamentos
Norma pone el foco en un punto que suele quedar fuera del debate público. Las olas de calor afectan especialmente a personas mayores con enfermedades de base. “Los adultos mayores somos los que la mayoría tenemos una enfermedad de base”, explica, y agrega que muchas veces esas enfermedades vienen acompañadas por tratamientos médicos y medicación cotidiana.
El problema, advierte, es que durante una ola de calor esos tratamientos pueden necesitar revisión. “Es muy posible que nos perjudique la medicación en una ola de calor. Y no lo sabemos”, señala. Según su mirada, en Argentina todavía falta incorporar este tema de manera seria en la formación médica y en los protocolos de atención.
Compara la situación con otros países, donde los sistemas sanitarios convocan a pacientes con diabetes u otras enfermedades para ajustar dosis y prevenir complicaciones. En cambio, acá “la medicina no lo ha tomado en cuenta” con la misma profundidad.
Síntomas que pueden terminar en muerte
La referente también enumera señales de alarma que deberían ser conocidas por toda la población. “Se empieza a poner colorado, dolor de cabeza, mareos, hasta puede llegar a un desmayo”, describe. Y advierte que si la situación no se trata a tiempo, “hasta puede llegar a morir”.
Para Norma, uno de los problemas más graves es que muchas muertes no se vinculan estadísticamente con el calor. “Acá todos mueren de un paro cardiorrespiratorio”, dice, pero inmediatamente plantea la pregunta de fondo. “¿Cuál fue la consecuencia de esa muerte? No se sabe”. En su mirada, la falta de estudios o diagnósticos específicos impide dimensionar el verdadero impacto de las olas de calor.
Políticas públicas, árboles y pavimento que calienta la ciudad
Al pensar en soluciones, la referente no se queda solo en el cuidado individual. “Plantar más árboles, sí, es una de las cosas”, afirma, aunque aclara que los árboles necesitan tiempo para crecer. También señala otro elemento urbano clave, el pavimento.
“El pavimento se calienta y a la noche no refresca”, explica. Ese calor acumulado vuelve a intensificarse al día siguiente con el sol, generando ciudades más calientes. En Villa María, menciona el caso de barrios donde la pavimentación genera opiniones divididas. “En Vista Verde hay mucha gente que está descontenta, porque es un barrio fresco, bien arbolado, y le están generando calor”.
La observación permite leer una tensión importante. No toda obra urbana mejora automáticamente la calidad de vida si no se piensa desde una perspectiva ambiental y sanitaria.
Glaciares, guerras y una Tierra interconectada
Gelabert amplía la mirada y conecta las olas de calor con procesos globales. “Estamos en un planeta Tierra”, recuerda, para explicar que las guerras, el calentamiento global y el descongelamiento de glaciares forman parte de una misma crisis.
“Estamos perdiendo lo que es el agua dulce, que es la reserva del mundo”, advierte. La pérdida de glaciares no aparece como un tema lejano, sino como parte de una cadena de consecuencias que impactan sobre la salud, la alimentación, el clima y la vida cotidiana.
Agroquímicos, alimentación y daño a la tierra
La entrevistada también vincula el Día de la Tierra con el modelo agroproductivo. “Está el campo con todos los agroquímicos”, señala, recordando que Argentina es un país agrícola y que buena parte de lo que consumimos depende de cómo se produce.
Cuestiona la siembra directa, el uso intensivo de agroquímicos y la falta de rotación adecuada. “En los lugares sojeros, si no se hace intercambio de un año maíz y otro soja, la tierra va perdiendo permeabilidad”, explica. Para Norma, no se puede separar alimentación, salud y suelo. “Todo es un conjunto que viene aparejado”.
Centros de enfriamiento y experiencias que deberían discutirse en Villa María
Norma recupera experiencias de otros lugares del país. Menciona centros de enfriamiento en Buenos Aires, Rosario, La Rioja y Córdoba, y destaca una experiencia en el colegio Blas Parera. También propone una herramienta simple pero importante para los hogares. “Es importantísimo en cada casa tener un termómetro que mida la temperatura y la humedad”.
La idea es identificar qué ambiente de la vivienda es más fresco y refugiarse allí durante las horas críticas. Para ella, Villa María todavía no tomó este tema con la seriedad necesaria. “Acá en Villa María no se está tratando esto, lamentablemente”, afirma, y agrega que lo realizado hasta ahora “es poco”.
Calor, pobreza energética y adultos mayores solos
La entrevista gana fuerza cuando la dirigente vincula ambiente y economía. En un contexto de crisis, muchas familias no solo padecen el calor, también temen el costo de aliviarlo. “Hay mucha gente que a veces no prende ni los ventiladores por temor de cuánto le va a venir la factura de luz”, señala.
La situación se agrava entre los adultos mayores. Muchos viven solos, no tienen seguimiento y además enfrentan problemas económicos graves. “La gente está pensando en comer y poder pagar la tarjeta”, advierte. Y deja una frase especialmente dura. “Una de las cosas peores que le puede pasar al ser humano es tener que comprar comida con la tarjeta”.
En ese punto, el calor deja de ser un fenómeno climático aislado y se convierte en una expresión más de desigualdad.
La memoria corta del calor y el desafío de prevenir
La dirigente jubilada advierte que la sociedad suele olvidar rápido lo que padece. “Ahora dentro del frío, el calor ya se olvidó”, dice. Hace pocas semanas, recuerda, el calor era insoportable desde la mañana hasta la noche. “Cuando el sol sale, ya empezás, porque sale con tal fuerza que ya desde la mañana es insoportable”.
El problema es que, cuando baja la temperatura, también baja la percepción del riesgo. Por eso insiste en que la prevención debe pensarse antes de la emergencia, no cuando el daño ya está ocurriendo.
Cuidar la Madre Tierra también es cuidar la vida
Hacia el cierre, Norma deja un mensaje directo para la Semana del Día de la Tierra. “Tenemos que cuidar a la Madre Tierra”, afirma. Y lo plantea como una responsabilidad urgente. “Si no se comienza haciendo algo, va a haber grandes problemas”.
Reconoce que no es fácil convencer a la gente cuando hay desconocimiento o incredulidad. Pero insiste en que la crisis ya se padece, especialmente entre quienes tienen menos recursos y menor capacidad de protección. En su mirada, hablar del Día de la Tierra no puede quedar reducido a una consigna. Debe traducirse en políticas públicas, cuidado comunitario, prevención sanitaria y una nueva forma de pensar la ciudad.
Fuente: En exclusivo para Revista Vértice.
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